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The Easybeats

julio 23, 2008

De nuevo volvemos a Australia, y ya van unas cuantas veces que este destartalado Autobús Mágico se pasea por las antípodas, tierras generadoras de excitantes y vibrantes sonidos de Rock and Roll. Esta ocasión los protagonistas son The Easybeats, y en su momento, entre 1964 y 1969, facturaron una serie de canciones y discos de una calidad abrumadora. Fueron profetas en su tierra alcanzando el éxito masivo. Con “Friday on my mind”, su mayor éxito, tocaron el cielo, pero finalmente factores como la incomprensión del público hacia unas canciones cada vez más elaboradas, problemas financieros, el desgaste de las continuas giras y el abuso de estupefacientes, hicieron mella en el grupo y en 1969 se despidieron.

Los Easybeats a pesar de criarse y comenzar su andadura musical en Australia, ninguno de sus miembros es australiano, todos proceden de familias europeas emigradas por el efecto devastador de la Segunda Guerra Mundial: el cantante Stevie Wright y el batería Snowy Fleet procedían de Inglaterra, el guitarrista rítmico George Young de Escocia, Harry Vanda y Dick Diamonde, guitarra solista y bajo respectivamente, de Holanda.

Los miembros del grupo no eran ningunos novatos, en el pasado tocaron en otras bandas, siendo la más reseñable The Mojos, uno de los grupos más importantes de Liverpool donde Snowy tocó la batería. Los Easybeats en su primera etapa a pesar de estar bastante influidos por los Beatles, brillaron por su extraordinaria capacidad para dar con la melodía perfecta, pero también por sus dosis de energía y urgencia juvenil alojadas en cada una de sus canciones, sonaban limpios pero también muy compactos. Sobre la dinámica sección rítmica, se puede escuchar la estupenda voz de Stevie, mientras las tintineantes guitarras trazan su camino a base de increíbles melodías y sentido del ritmo, algo así como un encuentro imposible entre Beatles y Shadows propulsado por la energía rock and rollera de Little Richard. Para más inri sonaban originales, no caían en la copia descarada y prácticamente todo el material que grabaron fueron composiciones propias de una calidad incuestionable.

Los Easybeats comienzan su carrera musical en Sydney hacia 1964 bajo el auspicio de Ted Albert, propietario de Albert Productions (una de las productoras discográficas independientes más legendarias de Australia) y dueño de un instinto musical único que se reflejaría en sus producciones para el grupo. En 1965 los Easybeats publican su primer single, “For my woman”, un tema orientado al garage-punk fuertemente influido por The Kinks, después llegaría “She’s so fine”, con la que ascienden al número uno de las listas de éxitos australianas, y al poco sacan su primer LP de nombre “Easy”. Sencillamente se trata de una obra maestra del sonido Liverpool influido por grupos como Hollies, Searchers o Beatles, y un clásico absoluto para todos los que creemos en la canción como fuerza liberadora, dos minutos y medio que te aíslan de los problemas y te transportan a mundos llenos de vibrantes melodías, ricos juegos de voces y excitantes guitarras. “Easy” está producido por Ted Albert y contiene 14 temas, compuestos por George Young y el cantante Stevie Wright, unas veces más pausados (“I wonder”, “Girl on my mind”), otras inciden en el Rock and Roll más directo (“Ya can’t do that”, “I’m a madman”), pero siempre convencen y emocionan con canciones perfectas en estructura y ejecución (“It’s so easy”).

En 1965 la “Easymanía” en Australia es un hecho, al grupo le sobra carisma, y conecta a la perfección con la juventud de la época gracias a su brillante repertorio, pero también a los tremendos conciertos que ofrecen a lo largo y ancho del país. Los esquemas del primer LP se repiten con el segundo, de nuevo produce Ted Albert y lleva por título “It’s 2 easy”. Sale al mercado a principios de 1966, y es otra impepinable lección de talento magistral basado en la canción. El eje compositivo Wright-Young se consolida, y el productor Ted Albert saca lo mejor de la banda con 14 fascinantes nuevos temas. De nuevo los Easybeats en ocasiones se muestran más fieros (“Women”, “Come and see her”, “Wedding ring”), sacan brillo a su lado más sensible (“in my book”), coquetean con emocionante folk-rock (“you are the light”), llegan a alcanzar el climax gracias a los juegos de voces marca de la casa (“easy as can be”), e incluso Snowy (el batería) nos transporta al Liverpool de principios de los 60 (“what about our love”). Pero ojo, la soberbia “then i’ll tell you goodbye” la firman los dos guitarristas, Harry Vanda y George Young, y es un pequeño anticipo de las grandes cosas que están por llegar.

El nivel de popularidad de los Easybeats crece, cual gigante comiéndose el mundo, y en Australia son tratados como dioses, con todas esas escenas de fans que dan auténtico pavor: histerias colectivas, desmayos, colapsos nervioso… En 1966 el ritmo de actuaciones del grupo es agotador, giran continuamente, pero a pesar de todo, entre concierto y concierto, les da tiempo a grabar su tercer disco, con el original título de “Volume 3”. Otra vez produce el “mago” Ted Albert, y de nuevo consiguen otro soberbio disco plagado de supremas canciones. Siguen componiendo Wright-Young, ¡y de que manera!, el disco lo abre “Sorry”, uno de los temas más importantes del grupo, pero también más duro: posee un incendiario riff, sonido más sucio y próximo al proto-punk, juegan con el “feedback”, pero siempre con ese sentido único de la melodía, y esas fantásticas voces tan peculiares. La evolución de los Easybeats hacia sonidos más ásperos se aprecia en otros temas como “you said that” o “not in love with you” donde utilizan efectos de distorsión como el “fuzz”, pero siempre al servicio de la canción y la melodía. El resto del material es de lo más brillante, y para variar oscila entre preciosos temas de puro Pop marca de la casa (“say you want me”, “dance of the lovers”), festivo Rock and Roll (“funny feelin’”, “my my my”), o emocionante folk-rock (“can’t you leave her”, “the last day of may”).

Llegados a este punto, mediados de ese gran año tan importante para la historia del rock and roll que es 1966, los Easybeats tocan techo en Australia. Entre 1965 y 1966 consiguieron múltiples éxitos: “For my woman”, “She’s so fine”, “wedding ring”, “I’ll make yo happy” o “Sorry” entre otros. Ante esta situación es lógico que el grupo se planteé conseguir el mismo éxito en Inglaterra y USA, y a finales de 1966 los Easybeats trasladan su residencia a Londres, en una época de plena efervescencia cultural y artística, que configuró el “Swinging London”.

El traslado de país no es el único cambio importante que sufre el grupo, hasta el momento el peso compositivo de los temas de Easybeats lo lleva George Young y Stephen Wright, pero Wright realmente es más showman y frontman que músico, y Young necesita un auténtico músico para llevar a cabo las ideas que fluyen por su cabeza. Este soporte lo consigue del guitarra solista del grupo Harry Vanda, y con el tiempo, el equipo Vanda/Young se convertirán en uno de los tandems de compositores más dotados y prolíficos de la música Pop hasta bien entrados los 80.

Una vez establecida la banda en Londres, graban unas sesiones con su productor de siempre (Ted Albert) en los míticos estudios de Abbey Road, pero la discográfica UA las rechaza y despiden a Ted Albert. Su lugar lo ocupa Shel Talmy, que en el pasado había trabajado para Who o Kinks entre otros, y juntos graban “Friday on my mind”, escrita por Vanda-Young, y uno de los mejores y más originales temas de los Easybeats. La canción es maravillosa de principio a fin, sobre un extraño riff de guitarra seudo oriental, se desarrolla un cuento de trabajo y escapismo juvenil, con la mente puesta en el fin de semana para salir de la rutina, en la mejor tradición de clásicos del Rock and Roll como “Rock around the clock” o “Summertime blues”, pero adaptada a los tiempos presentes de 1967. La interpretación de Stevie Wright y el resto de Easybeats es perfecta, mantienen la tensión y transmiten pura convicción. La respuesta del entusiasta público no se hace esperar: en 1967 triunfan en todo el mundo (número 1 en Australia, 6 en Inglaterra, 16 en USA…).

En esta época (1967) Vanda/Young componen nuevos temas más ambiciosos y elaborados, mientras giran por distintos países para captar nuevas audiencias, destacando la entusiasta respuesta de Alemania, y por supuesto, sus fieles fans australianos. Este es el período más dulce para los Easybeats, consiguen el preciado éxito mundial, y en lo creativo la pareja Vanda/Young componen mejores temas que nunca, explorando nuevas y arriesgadas fórmulas de hacer música. Algunos maravillas de esta época, aparte de la apoteósica “Friday on my mind”: “Made my bed (gonna lie in it)”, cara B de “Friday on my mind”, donde recuperan el Rock and Roll más directo con toques de Garage de los primeros tiempos. El siguiente single “Who’ll be the one” y “Saturday night” es otra joya, “who’ll be the the one” es una sabrosa pieza donde en poco más de dos minutos mezclan sicodelia, Pop en estado puro y el Rock and Roll más clásico. Pero “Saturday night” la iguala o supera, de nuevo el mejor Pop lleno de bonitas voces se equilibra con el Rock and Roll clásico y sus rítmicas guitarras, y todo esto sin sonar pretenciosos ni sobrecargados.

Su siguiente single contiene “Heaven and Hell” y “Pretty girl”, otra vez dos exquisitas y originales creaciones Pop, pero con el inconveniente de que “Heaven and Hell” sería censurada por las hipócritas autoridades británicas; según ellos contenía claras alusiones sexuales, pero la doble lectura es que las autoridades querían cortar cualquier señal de exceso y promiscuidad en el Londres de mediados de los 60, y para ello tenían que buscar cabezas de turco como en su día fueron los Rolling Stones, o hundir a las bandas mediante la acción de la implacable censura, como fue el caso de los Easybeats entre otros muchos. La censura hace mella en el grupo, y se pasan 6 meses sin publicar ningún tema, pero no significa que estén parados, todo lo contrario, echan muchas horas en el estudio de grabación experimentando con nuevos instrumentos, secuencias de acordes, arreglos, y en general todas las geniales ideas que se les vienen a la cabeza.

Parte de estas composiciones ven la luz de manera oficial en el año 1968, eso sí, sin la colaboración del imprescindible Snowy Fleet (batería) que abandonaría el grupo por cuestiones familiares, y sería sustituido por Tony Cahill (anteriormente en los australianos Purple Hearts). El nuevo LP se llama “Vigil”, y de nuevo consiguen publicar otra obra maestra, 14 nuevas canciones producto de la experimentación y evolución de los últimos meses, llenas de pianos, secciones de cuerdas y vientos, preciosos juegos de voces, guitarras, y en definitiva toda una orgía de música donde cabe de todo: Sicodelia, Soul, Rock and Roll, Pop de cámara, y en definitiva preciosas canciones que van más allá de un estilo en concreto. Es imposible resistirse a temas como “Good times” salpicado por el piano de Nicky Hopkins (el “hombre de sesión” por excelencia), con un brutal riff de guitarra, y de fondo la estelar colaboración de Steve Marriott haciendo coros con ese característico chorro de voz. “Falling off the edge of the world” en palabras del mismo Lou Reed, “es de las canciones más bellas que he escuchado nunca”. Con “Hello how are you” es imposible no caer rendido a su empalagoso magnetismo. En esta ocasión el grupo tira de alguna versión, y se marcan un “Hit the road Jack” de Percy Mayfield que ni pintado, ¡cielos que bien canta Stevie!, y el piano de Nicky Hopkins suena a gloria pura; incluso canciones más tontorronas e intrascendentes como “we all live happily together” convencen de manera sobrenatural. “I can’t stand it” es otra muestra de poderío vocal, únicamente arropada con rítmicas guitarras, piano y una fabulosa armónica. En definitiva, todas las canciones son excelentes y contribuyen a hacer de “Vigil” una gran obra de Pop de su tiempo.

Desgraciadamente el público no estaba preparado para recibir estas enormes canciones, y en su día pasaron bastante desapercibidas. Muchos acusan a la banda de dispersión estilística y no seguir en una dirección, pero visto con la perspectiva del tiempo ahí es donde reside su grandeza, los Easybeats eran unos músicos inquietos e inconformistas, incapaces de tomar un único rumbo musical, su talento les pedía de manera espontánea explorar nuevos horizontes, y consiguieron adentrarse en los recovecos más profundos de la música Pop, pero siempre con un delicioso sentido de la diversión, porque sobre todas las cosas los Easybeats fueron una “good time band” con el único propósito de llenar de felicidad a todo aquél dispuesto a escuchar sus tremendas canciones.

Finalmente el grupo se separa en 1969, más que por falta de éxito, por problemas de management, desavenencias entre los componentes y abuso de ciertas sustancias. Después de la separación del grupo, algunos de los miembros de Easybeats siguieron su camino musical en solitario, destacando la asociación de Harry Vanda y George Young como un equipo de compositores y productores de éxito, pero esa es otra historia.

Actualmente hacerse con discografía de los Easybeats es relativamente sencillo, el sello Repertoire con los años ha reeditado todos sus discos en CD con abundante material extra. Para los amantes del vinilo, en 1999 Retroactive records sacó un glorioso doble LP con todos los singles de los Easybeats editados en el Reino Unido y USA, se llama “gonna have a good time” y es una auténtica gozada. Este año, para regocijo de los fans y ruina de nuestros bolsillos, el sello Downunder ha reeditado los cuatro LP’s oficiales del grupo con un sonido sobresaliente donde se puede apreciar hasta el más mínimo detalle de esta increíble banda.

Este artículo está dedicado a Bon Scott y al resto de los muchachos de AC/DC, tan directamente ligados a los Easybeats.

Mudhoney, "The lucky ones"

julio 12, 2008
Mudhoney fueron conocidos por ser unos de los máximos representantes del movimiento Grunge allá por finales de los 80 y principios de los 90. Dicho movimiento se inició en el noroeste del pacífico, y más concretamente en Seattle, pero no fue hasta 1990, con Nirvana y su éxito mundial “Smells like teen spirit”, cuando el “Grunge” se presentó a la juventud de todo el mundo de manera masiva, y surgieron un montón de bandas similares que bebían de las fuentes del Punk y Hard Rock. Pearl Jam, Soundgarden, Alice in Chains, Screaming Trees, y por supuesto, Green River y Mudhoney fueron algunos de sus protagonistas. Bajo la premisa “Basura pura, ruido puro, mierda pura” definían su sonido y actitud, pero al final, como suele suceder en estos casos, esa “pureza” se convirtió en una mera transacción comercial.

Personalmente la mayoría de grupos de la época del “Grunge” siempre me han parecido aburridísimos, pero Mudhoney molaban, eran distintos al resto, divertidos, tenían un irónico sentido del humor, su sonido era más “garagero”, pero sobre todo los discos eran muy sólidos y estaban llenos de grandes canciones. Recuerdo la primera vez que escuché “Every good boy deserves fudge”, literamente me voló la cabeza, esas canciones estaban más en sintonía con la música de garage y high-energy con la que me nutría entonces. Más de 17 años después, el movimiento Grunge se ha convertido en humo y la mayoría de sus grupos representantes han desaparecido. En el caso de Mudhoney, en 1999 anunciaron su retirada con un flamante e imprescindible triple recopilatorio de toda su trayectoria (“March to fuzz”), pero sorprendentemente en el 2002 volvieron con “Since we’ve become translucent”, uno de sus mejores trabajos, con sus guitarras distorsionadas de siempre, pero pasadas por el “Space rock” de Hawkwind y enloquecidos saxos free jazz de fuerte ascendencia Stooge por la vía del “Funhouse”.

En el 2006 editaron “under a billion suns”, en la misma línea que “Since we’ve become translucent” consiguiendo de nuevo otro soberbio disco. Con motivo de la presentación de “under a billion suns”, el año pasado Mudhoney giraron por España, y tuve la suerte de verlos en Madrid en una sala de pequeño aforo como El Sol. Ese concierto lo colocaría entre mis 10 favoritos de siempre. Unos Mudhoney pletóricos descargaron parte de su repertorio; por un lado temas extraídos de sus recientes discos, mezclados con sus incandescentes clásicas tajadas, con un sonido demoledor, mejor si cabe que en los discos, pero sin necesidad de reventar los tímpanos del respetable. Lo más sorprendente del show fue cuando el cantante Mark Arm aparcó su guitarra para centrarse únicamente en su papel de cantante y frontman, dejando a Steve Turner solo a las 6 cuerdas. A partir de ese momento el grupo empezó a escupir nuevos temas dejando al público totalmente estupefacto: canciones breves que sabían ir directamente al grano, con una banda en estado de gracia y funcionando de maravilla. Pues bien, más o menos un año después del concierto ofrecido en el Sol, el último trabajo de Mudhoney aún está calentito y recién sacado del horno. Se llama “The lucky ones” y contiene ni más ni menos que esas tremendas canciones que tocaron en el tramo final de aquél concierto.

Todas las reseñas que he leído de “The lucky ones” están cortadas por el mismo patrón: “Disco correcto pero con el discurso de siempre”. Quizás desde mi posición de “fan” no sea objetivo, pero este nuevo trabajo me parece otro triunfo: honesto, sin pretensiones, directo, divertido y sencillo. No hay arreglos de vientos, solo voz, guitarra, bajo y batería, pero sobre todo 11 temas sobresalientes donde no miran ni adelante ni atrás, sino al “ahora”. Como dicen en “I’m now”: “The past made no sense, the future looks tense, I’m now”. Mudhoney no engañan a nadie, sus influencias se distinguen claramente en sus canciones: Stooges, Blue Cheer, Rock Sicodélico, Garage, Punk, Rhythm and Blues o Hardcore son sus señas de identidad. A estas alturas está claro que no van a sacar un trabajo vanguardista ni marcarán la última tendencia, ni falta que hace, lo más importante es que aún son capaces de hacer vibrar con excelentes temas, unas veces más rabiosos, otras más densos, pero siempre marcados por esos riffs distorsionados marca de la casa y una apabullante sección rítmica.

La primera cara de “The lucky ones”, para mi es prácticamente perfecta: “Next time” tiene un evidente parecido con “1969” de los Stooges con ese “beat” a lo Bo Diddley, la antes citada “I’m now” es de lo mejor de lote; con la estupenda “and the shimmering light” depuran algo su sonido y se mueven a terrenos de preciosista pop sicodélico. “Inside over you” es tan directa como su clásica “Touch me i’m sick” pero con texturas más pantanosas y sicodélicas, y un adictivo riff que te voltea las tripas. “The lucky ones” es otro tema de furia Stooge que supura inconformismo por vía auditiva, con distorsionadas guitarras tan dañinas como las mentiras de esos bultos sospechosos llamados “políticos”.
La cara B del disco se abre con la apocalíptica “The open mind” y sus desalentadoras reflexiones (“la mente abierta es una mente vacía, por eso mantengo la mía cerrada”). “What’s this thing?” es un sabroso blues deudor de la British Invasion de los años 60, “Running out” posee otro incisivo riff marca de la casa. “Tales of terror” es el tema más estilo “hardcore” del lote y el particular homenaje que hacen Mudhoney a la banda de punk del mismo nombre procedente de Sacramento. “We are rising” es un medio tiempo que no me acaba de llenar a pesar de tener estimables pasajes de ácidas guitarras, pero este pequeño traspiés se soluciona con “New meaning”, otro encendido tema que deja al oyente con ganas de otra nueva escucha de “The lucky ones”.

La edición en vinilo de “The lucky ones”, viene acompañada de un single de regalo con excelentes versiones de The Troggs y Pere Ubu, además de una clave para descargar el disco entero en formato digital a través de la web de Sub Pop. No hay excusa para conseguir este gran disco, ¿Quién da tanto por tan poco? ¡Larga vida a Mudhoney!.

Swamp Dogg

julio 4, 2008

Por increíble que parezca, Jerry Williams Jr., alias Swamp Dogg, es un perfecto desconocido para el gran público dentro de la música Soul. A pesar de haber trabajado con los mejores, ser un compositor, productor, intérprete y músico único, y en definitiva, un hombre nacido para la música, por alguna extraña razón no está en el lugar que le corresponde.

La primera vez que oí hablar de Swamp Dogg fue a través de Doris Duke y su increíble “I’m a looser” de 1969, para mi uno de los discos de Soul más emotivos de todos los tiempos. Doris Duke se vacía, y alcanza cotas de sentimiento que no dejan indiferente a nadie con un mínimo gusto por la música Soul y Rhythm and Blues. “I’m a looser” no hubiera sido lo mismo sin el toque mágico de Swamp Dogg, quién produce y aporta la mayoría de las composiciones del disco, con un sonido conducido por una sólida sección rítmica formada por los mejores músicos de Muscle Shoals, mezclado con unos delicados arreglos de cuerdas y emocionantes orquestaciones a cargo de su inseparable colega Richard Rome desde los días de Calla records, pero siempre manteniendo el carácter directo y sincero del mejor Soul del sur profundo de los Estados Unidos.

Los inicios de la carrera de Mr. Swamp Dogg, se remontan a finales de los 50 como fiel imitador de Little Richard, bajo el nombre de Little Jerry, y en los 60 obtuvo algún éxito moderado, como la brillante “Baby you’re my everything” de 1966. Poco a poco se fue haciendo con una reputación gracias a su incuestionable talento como cantante y compositor. Tras estar en múltiples independientes como Loma, Calla, es en esta época, mediados de los 60, cuando Swamp compagina su carrera en solitario con labores de producción y composición para otra gente. El ritmo de producciones ajenas es impresionante, tanto por la variedad de discográficas para las que trabaja como por su calidad. Entre 1967 y finales de los 70 todo lo que toca este hombre lo convierte en oro, ya no en el aspecto comercial y empresarial, hablamos de auténticas gemas. Swamp Dogg es capaz de crear un clásico tras otro.

Durante 1967 y 1968 trabaja para Musicor (y su subsidiaria Rhythm and Blues Dynamo). Destacan tremendos pelotazos para los hermanos Inez & Charlie Foxx, con el clásico “(1,2,3,4,5,6,7) Count the Days” que sube a las listas de éxitos, el ex Flamingos Tommy Hunt, Gene Pitney desquitándose de su papel de baladista habitual para interpretar un explosivo “She’s a heartbreaker” lleno de vientos que haría palidecer a los mismísimos Mitch Ryder and the Detroit Wheels, que también consigue escalar las listas de éxitos. La calidad de Swamp Dogg como solista queda demostrada con “Run run roadrunner”, un clásico inmediato que por alguna oscura razón pasa totalmente desapercibida para el público.

Fuera de Dynamo, en 1968 tiene un breve encuentro con una pequeña independiente de Nueva York de nombre Botanic records. Únicamente graba 3 resplandecientes singles con temas de Little Charles and the Sidewinders, o el mismo Jerry Williams (Swamp Dogg) aporta una estupenda “Ship wrecked” que suena a clásico inmortal. En este período comienzan las fructíferas colaboraciones, pero sin apenas repercusión mediática, con el grandísimo Gary US Bonds. Juntos componen “I’m glad you’re back” que muestra a Bonds como lo que es, un tremendo vocalista lleno de emotividad.

En 1969 Swamp Dogg firma como A&R de Cotillion (subsidiaria rhythm and blues de la poderosa Atlantic) durante un corto período de tiempo. La figura de A&R (Artists and Repertoire) es una figura clave en la maquinaria de una discográfica, ejerce de cazatalentos, localiza productores, compositores, músicos, etc… está claro que Dogg es la persona adecuada para este cargo, conoce perfectamente el negocio musical, pero en esta época Jerry Wexler (socio de Atlantic) y compañía se vuelcan más en el mercado Pop rock blanco (Eric Clapton, Led Zeppelín, Yes, Stephen Stills…) y dejan el Rhythm and Blues más de lado, a pesar que gente como Wilson Picket o Aretha Franklin tienen gran éxito comercial. Pero no importa, el paso de Dogg por Cotillion no tiene tacha, trabaja con nombres legendarios como Drifters, Patti La Belle & the Blue Belles, C & the Shells, con resultados monstruosamente buenos, pero de nuevo sin ningún tipo de repercusión.

Swamp Dogg, insensible al desánimo, continúa su andadura hacia las alturas de la mejor música Soul, y en 1969, tras la salida de Cotillion inicia su periplo musical sureño trabajando para sellos como Canyon records y Mankind, dicho período va del 69 al 72, y básicamente el centro de grabación son los estudios de Muscle Shoals, en Alabama, no es la primera ni la última vez que hablaré de estos estudios de grabación que huelen historia de la música, tan legendarios como todos los huéspedes que los han habitado en uno o en otro momento, o como los músicos de la casa que formaron la Muscle Shoals Rhythm Section. En este período Swamp Dogg colabora con Kenny Carter, el super grupo Slick ‘n’ the Family Brick compuesto por el propio Dogg, Kenny Carter y Gary US Bonds, otros intérpretes son ZZ Hill y Obe Jessie, pero sobre todo destaca las colaboraciones con la inconmensurable Doris Duke. Esta dama del Soul es una consumada cantante que en el pasado colaboró en grabaciones de “grandes” como James Brown o Aretha Franklin, también fue una habitual del teatro Apollo de Harlem haciendo coros para todo el mundo que actuara en el mítico teatro neoyorkino. Sus colaboraciones con Swamp Dogg son imprescindibles, juntos grabaron un par de discos y algún single, y para expertos musicales como Dave Godin, su disco de 1969 “I’m a loser” es su favorito de todos los tiempos, y no es de extrañar.

Una vez finalizada su aventura sureña, en 1973 Swamp Dogg se mueve a discográficas independientes como Fungus o President, entre otras. Compone y produce a enormes vocalistas como Arthur Conley, con un increíble “Complication #4” que demuestra que este hombre va mucho más allá de “Sweet Soul Music”, también recupera a Ruth Brown, reina del Soul y rhythm and blues allá por los años 40 y 50 cuando grabó para Atlantic, e incluso con Eleanor Grant hace alguna incursión en la música disco con resultados, como no podía ser de otra forma, de lo más brillantes.

… y hasta aquí llega este artículo, pero la trayectoria artística y musical de Swamp Dogg llega hasta el siglo XXI, a día de hoy este hombre sigue grabando estupendos discos y girando por USA y Europa. Con cerca de 70 tacos una persona está en disposición de sentarse y disfrutar de un buen vino o una buena lectura, pero nuestro protagonista no, Swamp Dogg siempre ha sido un culo inquieto y temo que a estas alturas del partido siga así hasta que el cuerpo aguante. Por lo visto, su último proyecto es la publicación un nuevo álbum de los Manhattans, un grupo de Rhythm and Blues vocal en activo desde los 60.

Actualmente el imprescindible sello ACE records, está reeditando parte del fondo de catálogo y las producciones de Swamp Dogg de los dispersos sellos para los que trabajó, destacando el recopilatorio CD “Blame it on the Dogg” de cuyo libreto interior me he basado para hacer este artículo.

La maravillosa “What’s so wrong with you loving me” por Kenny Carter inédita hasta el 2008

Doris Duke interpretando “Bad water” original de la única e irrepetible Jackie DeShannon

“Redneck” del propio Swamp Dogg incluída en su excelente disco de 1970 “Total destruction to your mind”



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