Archive for 31 agosto 2009

Chuck Berry, "After School Session"

agosto 31, 2009

Chuck Berry es de los pocos mitos vivientes del Rock and Roll, y sin miedo a pillarse los dedos, se puede afirmar que ha sido de los intérpretes y guitarristas más influyentes de todos los tiempos. Que más da que algunos digan que siempre escribe la misma canción, o reproduzca el mismo solo de guitarra una y otra vez. Chuck Berry es un pionero, creador único y un gran compositor de canciones, quizás de los mejores. Prácticamente cualquiera que haya estado en una banda de Rock and Roll ha tocado sus canciones, la lista es enorme: Stones, Beatles, Hendrix, Dave Edmunds, Flamin’ Groovies, Elvis, Buddy Holly y cientos más.

A pesar de la enorme influencia, y la exitosa carrera de Berry (en los años 50 y 60 basicamente), sus discos no son fáciles de encontrar (especialmente en formato LP), y no será porque sean malos, todo lo contrario, los trabajos de Chuck Berry, por lo general, son auténticas obras maestras que no se reducen a sus canciones más conocidas de siempre, son discos excitantes, divertidos, nacidos para disfrutar y muy variados estilísticamente, pero siempre con esa impronta personal tan característica.

Por fortuna, recientemente ha surgido un sello discográfico llamado Doxy Records, centrado en reediciones de clásicos de Jazz, pero también de Rock and Roll. Hasta el momento han publicado referencias de Buddy Holly, Bill Haley, Little Richard, Eddie Cochran, Everly Brothers y por supuesto Chuck Berry. El sonido de los discos es espectacular, además se respeta el diseño de portada original, y lo más importante, están editados en glorioso vinilo con un prensaje como es debido. El disco de Berry en cuestión es “After School Session”, ni más ni menos que su primer LP publicado en Chess records en 1957. En realidad es un disco recopilatorio de temas grabados entre 1955 y 1957 con la crema y nata de músicos de Blues de Chicago: Willie Dixon, Otis Spann, Jimmy Rodgers o Johnny Johnson son algunos de los protagonistas.

La reedición no contiene extras ni añadidos, ni falta que hace, los doce temas originales son suficientes para hacerte vibrar durante poco más de media hora. La ecuación del talento de Chuck Berry se resuelve por si sola gracias a definitivas canciones de Rock and Roll clásico (“Schoolday”, “Too much monkey business” o “Brown eyed handsome man”), poderosos instrumentales de Rhythm and Blues (demoledor “Roly Poly”, escalofriante “Deep feeling” y elegante “Berry pickin’”); y el Blues, como no, el Blues siempre está presente, unas veces de manera más ortodoxa, como en “Wee wee hours” con el majestuoso piano de Johnny Johnson de acompañamiento, o en “No money down” con el clásico riff prestado de “Hoochie coochie man”. También hay afortunadas baladas Pop (“Together we will always be” y “Drifting heart”), e incluso el bueno de Chuck se lo pasa en grande jugueteando con el Calypso latino de “Havana moon”, por no hablar de “Down bound train”, con esa tensión contenida que atraviesa la columna vertebral como una descarga eléctrica del alto voltaje. Simplemente la reedición del año.

“Down bound train”, una joya oculta recuperada por los Nomads a mediados de los 80.


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Big Bill Broonzy, "The Blues"

agosto 23, 2009

Big Bill Broonzy fue un cantante, compositor, intérprete y guitarrista de Blues Rural nacido en Mississippi, y aunque quizás no sea tan conocido como otros contemporáneos suyos, sin duda es uno de los grandes, a la altura de Robert Johnson, Charlie Patton, Son House o Blind Lemmon Jefferson. Influyó decisivamente en el Blues de Chicago, donde se trasladó en los años 20, e incluso alguien tan representativo como Muddy Waters le dedicó un disco en 1960. Desde los años 20 hasta su muerte (en 1958) grabó centenares de canciones de diversos estilos: Blues, Espirituales, Jazz, canciones de trabajo, Ragtime… Su faceta de músico la compaginó con trabajos de lo más variado: minero, temporero en los diques del Mississippi, en las vías del tren o en los campos de trabajo del Sur de USA… En los años 50, con el “boom” de la música Folk, las nuevas generaciones de músicos le reivindicaron, e incluso fuera de USA, en Europa, le rindieron gran admiración en aquella época, lo que le llevó a grabar en París, entre 1951 y 1952, las canciones que formarían parte de The Blues, aparecido originalmente en 1965 en el sello de Nueva York, Scepter Records.

The Blues es una colección de canciones estremecedoras, cada una es un tesoro cargado de sentimiento. Hablan de amor, desamparo, soledad, trabajo duro, y reflejan a la perfección el día a día de una persona de color, un ser humano maltratado por una sociedad segregada, cuyo mayor delito es el color de su piel y su única arma una guitarra que no entiende de colores ni de clases sociales, y es capaz de emocionar arrojando sinceros acordes con sabor a carretera y libertad. The Blues es todo un regalo para los oídos; íntimo, triste y divertido, dependiendo del tono de la canción que suene. Con Louise, Kind hearted blues, Baby please don’t go (versioneada hasta la saciedad) y Letter to my baby Big Bill canta al amor. En “Do right blues se pregunta como alguien puede ser maltratado. También hay hueco para los espirituales en las tradicionales Down by the Riverside o la preciosa When did you leave heaven. John Henry es otro conocido tema tradicional de trabajo dedicado a los negros del siglo XIX, más conocidos por trabajar más rápido y mejor que cualquier máquina. The Moppinblues es otra canción de trabajo que con su incisivo riff se anticipa sin miramientos al Rock and Roll que entonces estaba aún por llegar.

Big Bill Broonzy trabajó y tocó hasta el final de sus días, cuando en 1958 un cáncer de garganta se lo llevó directo a la tumba. Su trabajo no fue en balde, no obstante, aunque no ha sido tan valorado como otros de sus compañeros, para clásicos como Pete Seeger, Muddy Waters, Memphis Slim, Ronnie Wood o Ray Davies ha sido una inspiración decisiva en sus inicios.

“Baby please don’t go”, la grandeza hecha canción


The Blow Pops

agosto 8, 2009

Después de un tiempecito parados, vamos a hacer un ejercicio de nostalgia, para variar. Retrocedamos hasta finales de los 80, principios de los 90, hasta Milwaukee, Wisconsin, ciudad que aparte de ser conocida por las motocicletas Harley Davidson, también vio nacer a The Blow Pops, hoy unos perfectos desconocidos, pero en su día facturaron excelente música Pop deudora del mejor y más sentido Beat británico de los 60, pero también de las grandes bandas de Power-Pop de los 70. Si grupos como Who, Hollies, Bealtes o Raspberries te dicen algo, alucinarás con The Blow Pops.

En su día únicamente publicaron dos discos, ¡pero menudos discos!, auténticas joyas repletas de melodías arrebatadoras, guitarras de 12 cuerdas, asombrosos juegos de voces, y en definitiva, aludiendo al título de una de sus canciones, discos inundados de canciones nacidas para girar a 45 revoluciones por minuto, singles perfectos que van más allá del mero ejercicio de estilo, canciones que no queman ni el tiempo, ni las reiteradas escuchas, ni tan siquiera las cambiantes modas.

Ambos discos se publicaron en su día en la discográfica independiente de Pittsburg Get Hip records. Primero fue “Charmed i’m sure” de 1992 y luego “American beauties” de 1994, y por último llegó la nada, la oscuridad, y de buenas a primeras la banda se deshizo, sus discos quedaron descatalogados y olvidados, y el mundo de la música siguió girando en su propia mediocridad, sin unos Blow Pops a los que se les debe un mínimo de reconocimiento y respeto, o por lo menos una digna reedición de sus dos únicos álbumes.

Si alguien me preguntara que disco de los dos prefiero, le respondería que ni idea, sería una respuesta harto complicada, ¿A quién quieres más, a mamá o a papá?, difícil elección, no? “Charmed i’m sure” bucea un poco más en la sicodelia, y contiene maravillas como “Wake up Mary”, “Stiff Prisilla”, “Tuesday morning” o ese tema de 10 minutos que lanza 4 canciones a bocajarro al estilo de esa inolvidable ópera rock de The Who llamada “A quick one”.
Su segundo disco, “American Beauties” tampoco es ninguna broma, quizás sea mejor que “Charmed”; difícil elección cuando es tan sencillo emocionarse con obras maestras como “Cleveland”, la maravillosa “Storybook”, y absolutamente todo el contenido del disco, que oscila continuamente entre la maestría vocal de Beach Boys y el pop más enérgico que funciona tan bien como un generador de buenas vibraciones que te abre en canal de pies a cabeza.

En el excelente blog “Power pop criminals” también se acordaron de Blow Pops, y les dedicaron unas entradas. En esta podéis descargar unas actuaciones radiofónicas y rarezas de la banda. Desde mi punto de vista el volumen 1 de dicha recopilación es memorable; contiene canciones de los dos LP’s más alguna versión que otra. De verdad que merece la pena.


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