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The Beasts of Bourbon

enero 25, 2010


The Beasts of Bourbon siempre me han parecido un grupo fascinante. Desde que un amigo de mi ciudad (¡bien por Julio!) me pasó un doble LP titulado “From the Belly of the Beasts”, su música me ha acompañado con frecuencia. Recuerdo perfectamente aquél momento, era 1993 y quedamos para intercambiar discos, ambos teníamos gustos comunes por la música más corrosiva y primitiva, y de repente me muestra ese disco de los Beasts of Bourbon, con su infame portada de tonos azulados en donde aparecía un tipo de cintura para abajo marcando bello púbico, que por lo menos tenía el decoro de ocultarnos sus atributos con una botella de whisky en la entrepierna. A simple vista, el disco me daba muy mal rollo, pero mi amigo insistió y a pesar de mis reservas me lo llevé. Llego a casa, lo pongo, y madre mía!!!, esos temas eran mortales de necesidad!!! Esos tíos eran capaces de cualquier cosa, de tocar cualquier estilo, desde Hard-Rock hasta conmovedoras baladas de precioso Country, eran una verdadera banda de Rock and Roll en cualquier sentido. Además su inquietante música tenía un lado chungo repleto de maldad, transpiraban peligro, desesperanza y mala leche. En definitiva, los Beasts of Bourbon, son y serán un grupo avocado a la segunda división de grupo de culto, aunque desde mi punto de vista sean de los grandes.

Desde entonces el mito de los Bourbon ha ido creciendo en mi alma a ritmo exponencial. El tiempo pasa hasta el 2005. Sin tiempo a pensarlo nos llega la noticia de que los Beasts of Bourbon se reúnen, y para más inri tocan en España en el Azkena Festival del 2005. Como uno se hace mayor, y el tema festivales da cada vez más pereza, obvia la cita. Según las “malas lenguas”, para algunos, los Beasts of Bourbon fueron de lo mejor de esa edición del festival. La expectación crece y uno mantiene las esperanzas de verlos en una sala en condiciones tocando ellos solos. Llegamos al 2006, y sorpresa, los Bourbon hacen gira española y pasan por Madrid. Las expectativas de ver a esa tremenda banda en directo, que tanto me ha marcado, son muy altas. Por fin llega el día, y el concierto que ofrecieron en la madrileña sala Copérnico fue muchísimo mejor de lo esperado. Jamás lo olvidaré, aún me impresiona recordar a esos cinco tíos en el escenario: el imponente Tex Perkins como auténtico motor del grupo, Spencer Jones es la puñetera definición del Rock and Roll, Brian Hooper luchando por mantenerse en pie, Tony Pola con esa mirada como si estuviera de vuelta de todo, y como no, Charly Owen, uno de los guitarristas más imaginativos que he escuchado jamás, que seguro conocen bien los que disfruten del imprescindible “Distemper” de los New Christs. Estas personalidades únicas ofrecieron un concierto intenso, incendiario y sin fisuras. Luego, al poco tiempo, llegó un trabajo nuevo, “Little Animals”, un disco que no defrauda y que está a la altura de sus mejores obras, incluido ese doble disco recopilatorio de rarezas que tanto me marcó. Actualmente, Los Beasts of Bourbon, se han sacudido las malas pulgas, y por lo visto se han separado de nuevo. Pero no importa, al fin y al cabo siempre se han tomado los Bourbon como una banda secundaria, y quizás dentro de un tiempo, si aún siguen vivos (ellos y nosotros) vuelvan con más ganas y fuerza que nunca.

Empezando por el principio, The Beasts of Bourbon, nacieron en Sydney (Australia) en 1983 como un proyecto paralelo, compuesto por miembros de Dum-Dums (Tex Perkins), Hoodoo Gurus (James Baker), Johnnys (Spencer Jones) y Scientists (el gran Kim Salmon y Boris Sujdovic), aunque con el tiempo la formación ha ido cambiando. Debutaron en 1984 con “The Axeman’s Jazz”, un disco grabado con 3 duros y en directo en una tarde cualquiera, pero con unos resultados apabullantes que oscila entre el Country, el Blues pantanoso y Rock and Roll regado de whisky en la tradición del “Exile on Main Street” de los Stones, con ataques epilépticos de Blues y Rock and Roll que evocan a los Cramps o Gun Club.

The Beasts of Bourbon, como se ha dicho antes, es un proyecto secundario para dar rienda suelta a los sagrados mandamientos de la mala vida, y permanecen en estado de hibernación hasta 1988, fecha en que se separan The Scientists, y de paso el resto de los Bourbon aprovechan para salir de sus cavernas y publican “Sour Mash”. Para muchos su mejor disco, con diferencias significativas respecto a su debut. Cambian el Country por el Blues, el Punk por la música industrial, pero independientemente de estilos, es un disco vibrante, de fuerte personalidad, y sobre todo repleto de grandes canciones. En “Pig” y “Hard for you” suenan provocativos, “Driver man” es un viaje al núcleo de todas la adicciones, en “Hard Working Drivin’ man” rinden homenaje al Capitán Beefheart, “Flathead” sigue los esquemas “ruidistas” de los añorados Scientists, “Watch your step” es un blues ortodoxo y amenazante, “Today i started loving you again” es una sobrecogedora balada que recuerda el estilo Country de sus inicios.

Los Bourbon son ante todo una banda de directo, y en esta época giran por todo el mundo creándose una especie de culto en países como Alemania. Este reconocimiento les envalentona y son capaces de tocar cualquier estilo que se propongan (Blues, Jazz, Doo Wop, Rock and Roll, Pop o Rumba bastarda), pero siempre con un toque lleno de enfermiza intensidad y gusto por experimentar. Finalmente esta rúbrica se plasma en “Black milk” de 1990, que ahonda más el camino trazado por “Sour Mash” pero de manera más excéntrica y radical. Desde mi punto de vista, aunque no sea de “fácil escucha”, es su mejor trabajo. “I’m so happy i could cry” es un dardo de dolor de moribundo desamor, “Hope you find your way to heaven” es el epitafio perfecto, “Cool fire” rememora su toque Country primerizo, “Bad Revisited” y “Excution Day” son himnos que no envejecen siempre presentes en su repertorio, “Blue Stranger” es un sorprendente tema de Doo Wop clásico, “El Beasto” es un oscuro experimento semi instrumental, e incluso reviven a Hound Dog Taylor con la tremenda “Let’s get Funky”, otro clásico de su repertorio en directo.

Posteriormente sacaron “The Low Road” (1991), luego se separaron y como despedida publicaron el imprescindible recopilatorio de rarezas “From the Belly of the Beasts”, citado al principio. En 1997 volvieron de nuevo con “Gone”, ya sin la formación original. Al poco se separaron de nuevo, hasta su última reunión del 2004, período en el que parieron un disco en directo (“Low Life”) y otro estupendo trabajo de estudio con canciones nuevas (“Little Animals”).

Hace escasos meses el sello discográfico Bang! records, ha reeditado los tres primeros LP’s del grupo en una jugosa caja, con el formato original de los discos, un librito con anotaciones de todos los miembros del grupo involucrados, con las letras de las canciones, un bonito póster para decorar tú habitación en tus noches oscuras, e incluso contiene algún tema extra sin desperdicio. En definitiva, se trata del sueño húmedo de cualquier fan del Rock and Roll australiano, amante de sensaciones fuertes y pupilas dilatadas.

Los Bourbon en su segunda visita a Madrid con el consiguiente mosqueo de Tex Perkins debido a algún problema “técnico”

Roky Erickson, "I think of demons"

enero 14, 2010

Roky Erickson fue, y todavía es, uno de los héroes perdidos del Rock and Roll. Su influencia ha sido decisiva en la música Psicodélica, de Garage y Punk. Desde que empezó su andadura con los Spades en 1965, hasta su favorable situación actual, han pasado muchas cosas. Días de gloria al frente de los texanos 13th Floor Elevators, una de las mejores bandas de los 60, con ese sonido de “Jug” característico lleno de mala leche como si de un Buddy Holly en ácido se tratara. A finales de los 60 las drogas duras terminaron con el sueño hippie y también llevaron a Roky Erickson a un sanatorio mental donde le diagnosticaron esquizofrenia, enfermedad que le mantuvo alejado de la actividad musical durante largas temporadas. La vida de Roky no ha sido fácil, durante bastantes años ha estado malviviendo en un diminuto apartamento en Austin con su grave enfermedad y una pensión que apenas le daba para comer. Por suerte en el 2001 su hermano, un prestigioso músico clásico de tuba, obtiene la custodia de Roky y financia sus gastos sanitarios, facilitando así su mejora física y mental, y actualmente Roky Erickson ha vuelto a retomar su carrera, ofreciendo conciertos, e incluso se dice que en los próximos meses va a publicar un álbum con nuevas canciones con colaboraciones de buenos amigos como Billy Gibbons de ZZ Top.

Roky Erickson es de esos compositores e intérpretes tocados por una mano divina, y al igual que otros casos clínicos como Syd Barrett o Skip Spence, en su locura está parte de su genialidad. Sin esas mentes alteradas no hubiera sido lo mismo. Sus canciones nos permiten acceder a expansivos e irreales universos en un viaje de ida y vuelta, que en el caso de Erickson nos lleva de la mano por toda esa contracultura de monstruos y películas de terror de serie B, con un estilo teñido de una extraña fuerza y sensibilidad a flor de piel.

Entre toda su desperdigada (y breve) discografía, uno de los momentos más inspirados de Roky fue al frente de The Aliens. Sus orígenes se remontan a 1974, cuando publican el single “Two headed dogs” producido por su colega Doug Sham, un clásico inmediato repleto de inolvidables estrofas (“two headed dog, two headed dog, i’ve been working in the Kremlin with a two headed dog”), con una guitarra fuzz que arrasa los sentidos. Posteriormente de nuevo los problemas de salud mantienen apartado a Roky durante una buena temporada, y aunque tiene un montón de canciones en el horno, no es hasta 1980 cuando Roky Erickson and the Aliens editan esos temas de manera oficial. El disco se llama “I think of demons” y es una auténtica obra maestra. Lo produce el ex-Creedence Stu Cook y el trabajo que hizo fue magnífico. Aunque el sonido es más “limpio” y se echan de menos los furiosos ataques de fuzz de alguno de sus singles, se puede apreciar hasta el más mínimo detalle el collage de guitarras que gobierna cada minuto disco.

“I think of demons” no es hard-rock, ni psicodelia, ni punk, simplemente es clásico Rock and Roll, captado por el ojo de una mente alucinada y genial, de un intérprete único capaz de emocionar con cada fraseo de su voz y nota de su guitarra. El disco contiene doce gemas desde mi punto de vista perfectas. Cada canción se eleva sobre las demás, y si una es buena, la siguiente es mucho mejor, y así hasta llegar al final. En “allmusic” le dan una raquítica puntuación de tres estrellas sobre cinco, pero es igual, solo hay que dejarse llevar por el hechizo de la música para disfrutar de estas canciones, que por otra parte son muy asequibles y directas.

En “I think of demons” recuperan “Two headed dog”, en una versión menos incisiva que el single, pero con más matices en unas guitarras que cobran vida propia. “I think of demons” posee un riff rotundo, como los sacados de los viejos discos de Creedence o de “Sweet Jane” de la Velvet, con una melodía abrasadora que cautiva al primer instante. “Creature with the atom brain” es un sólido medio tiempo, con leves pinceladas de fuzz que añaden un poco de veneno. El Rock and Roll más clásico se hace evidente en la frenética “Don’t shake me Lucifer”, que bien podría haber firmado Little Richard, o la conmovedora “I walked with a zombie”, única balada del disco, una fantástica puesta al día del Rock and Roll de los años cincuenta. “The wind and more” es fuerza bruta, auténtica dinamita donde el muro de guitarras explota en la cara, y en el medio la emocionada voz de Roky Erickson. “Night of the Vampire” como dice el título, revive al mismísimo Drácula con una credibilidad que da miedo, gracias al opresivo ambiente creado por guitarras fuzz y unas efectivas notas de órgano. “It’s a cold night for alligators” es un impresionante tema arropado con sencillos riffs mientras varias guitarras solistas intercambian flujos de electricidad, siempre al servicio de una voz que lo llena todo. El resto de canciones no bajan el listón, cada surco del disco funciona perfectamente, tan preciso como el engranaje de un reloj, tan intenso como un ataque de locura, en una danza macabra de electricidad que rinde homenaje a toda la historia del Rock and Roll junta.

“Night of the vampire” es solo una muestra de la grandeza de “I think of demons”

The Solution

enero 7, 2010

Ann Harbor (Michigan) fue una de las cunas del Proto Punk que vio nacer a los seminales Stooges, pero también a los Rationals, banda de Garage surgida en 1964 liderada por Scott Morgan, personaje básico que ayudó a modelar el “sonido Detroit”, desde su privilegiada posición de guitarrista y dotado cantante, al frente de los citados Rationals primero, y años después de la Sonic’s Rendezvous Band, tremendo super grupo que resumía un modo de entender el Rock gracias al portentoso muro de guitarras elaborado por Scott Morgan y Fred Smith, sin olvidar la musculosa sección rítmica de Gary Ramussen (bajo) y Scott Asheton (batería).

Hacia 1980 la Rendezvous Band se separa y Scott Morgan vaga por pequeñas salas. Está visto que el incendiario Rock and Roll no estaba en su mejor momento de popularidad, pero en 1993 unos chavales suecos ponen la escena rockera patas arriba. Se llaman Hellacopters y los cimientos de su música se asientan en los pilares básicos del “High Energy” (MC5, Stooges y Sonic’s Rendezvous Band). En definitiva, es un buen momento para reivindicar a un olvidado Scott Morgan, y aprovechando el tirón escandinavo así lo hace Nicke Royale de los Hellacopters y forman The Hydromatics, todo un retorno al proteico sonido de la Rendezvous Band. Hay un problema, los Hellacopters tienen una apretada agenda de conciertos y Nicke abandona The Hydromatics para centrarse en su grupo principal, pero como veremos más adelante, aquí no termina la conexión Morgan-Royale.

A Scott Morgan el Rock and Roll de alto voltaje le sienta muy bien, pero también se siente cómodo con el Soul y Blues, estilos que ha mamado desde crío, y es capaz de interpretar con convicción gracias a su poderosa voz. Por otro lado, Nicke Royale se siente tan atraído por el Punk como por el Death Metal (Entombed es otro de sus grupos), y al igual que Morgan, es un gran admirador de la música negra. Fruto de estas buenas vibraciones musicales en el 2003 nace otro proyecto conjunto de clásica inspiración Soul llamado The Solution. Los dos Otis (Redding y Clay), Johnny Taylor, Wilson Pickett, Sam Cooke, Don Covay, Ike and Tina o las producciones de Swamp Dogg son algunos de sus referentes, y esta vez Morgan y Royale guardan las guitarras afiladas, y en su lugar lucen elegantes trajes y una flamante nueva banda con todos los detalles del mejor Soul: completa sección de vientos, toques de vibráfono, órgano Hammond, piano, percusiones, grupo de chicas, y como no, Nicke Royale a la batería y Scott Morgan como guitarrista y cantante, con su voz de oro capaz de transmitir la intensidad de la mejor música Soul.

The Solution hasta el momento llevan publicados un par de LP’s: “Communicate!” (2004) y “Will not be televised” (2007). A pesar de ser un grupo paralelo creado para dar rienda suelta a su pasión por el Soul, parece como si llevaran tocando esta música toda su vida, la química es asombrosa, y aunque el estudio de grabación está en el frío Estocolmo y no en Memphis o Alabama, los discos suenan de maravilla; Nicke los produce y sin duda entiende el género y sabe lo que se trae entre manos. Por otra parte The Solution no se limitan al simple ejercicio de estilo, tienen su propio sello y aportan composiciones originales de gran nivel.

“Communicate!” del 2004 es un debut inmejorable. De principio a fin la banda vuela libre, se siente cómoda y suena natural. En total diez temas propios y tan solo un par de versiones de Curtis Mayfield y Tony Joe White (¡bien!) sin desperdicio. La inicial “Get on back” es una fiesta donde la potente batería marca la pauta, entra la voz principal y al momento la canción explota en un fuego cruzado de piano, sección de vientos y coros. “I have to quit” es otra maravilla con la guitarra trazando sencillos pero efectivos dibujos mientras la voz de Scott Morgan suena indomable y tierna a la vez. “My mojo ain’t workin’ no more” es mi favorita, uno de esos medios tiempos como los que ya no se hacen; de nuevo coros, vientos, guitarra, piano se aprecian por si solos y forman un “todo” al servicio de la canción. “Would you change your mind” no baja el nivel, y demuestra que el Soul es puro sentimiento, pero también música para bailar. “Phoenix” y sobre todo la excepcional “Soulmover” representan el lado más incendiario de la banda, genuino Rock and Soul al más puro estilo Mitch Rider and The Detroit Wheels, con mayor protagonismo de las guitarras pero sin abandonar los metales y coros característicos.

The Solution después de “Communicate!” ofrecen algunos conciertos en Suecia e Inglaterrra, pero cada miembro de la banda tiene que atender sus obligaciones. Nicke Royale al frente de Hellacopters y Scott Morgan con Hydromatics (sin Royale) y Powertrane. The Solution están en estado de hibernación, hasta que en el 2007 despiertan con un segundo trabajo, “Will not be televised”. Al igual que “Communicate!” el nuevo disco es una pequeña maravilla, la banda es prácticamente la misma, también produce Royale e incluso está grabado en el mismo estudio de grabación (en Estocolmo). Dentro de la preciosa portada de “Will not be televised” se esconden once temas, pero esta vez con más versiones y menos originales. Quizás los temas propios no sean tan convincentes como en “Communicate!”, pero tampoco decepcionan (“Happiness” es una delicia), aunque se echa un poco en falta el enérgico Rock and Soul del debut. Suena “Hijacki’ love”, y solo esta pieza justifica la compra del disco, un viejo tema de Johnny Taylor que Scott Morgan interpreta con la maestría habitual donde suena una enigmática guitarra “wah wah” que atraviesa la canción como si de una penetrante descarga eléctrica se tratara. Tremenda también es la versión que se marcan de “Heavy makes you happy” de Staple Singers, con Morgan compartiendo voz principal con Linn Segolson (corista de la banda), como si de la gran Mavis Staples se tratara.

Y hasta aquí llega la historia de The Solution, que esperemos que continúe por mucho tiempo, aunque sea de forma intermitente. Con esto de la creciente popularidad del “revival Soul”, quizás exista la esperanza de que la banda salga de gira y les podamos ver por aquí. Aunque mucho me temo que para pagar a una banda de trece músicos, tendrían que vender muchas entradas, en un local amplio y a un precio poco popular, pero quién sabe… De todos modos siempre nos quedará Scott Morgan, que por suerte suele visitarnos con relativa frecuencia.

La memorable “My mojo ain’t working no more”:


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