Archive for 18 febrero 2010

The Lafayettes, "Life’s too short"

febrero 18, 2010

En 1962 un joven Bob Dylan debutaba a lo grande convirtiéndose sin pretenderlo en portavoz generacional. Unos pocos años atrás tomó la decisión de dar a su música un tono más “adulto”, que sus letras tuvieran otro significado más allá de “chico busca a chica”, o de “pasar un buen rato”, y no es que rechazara a los clásicos del Rock and Roll, todo lo contrario, Bob Dylan admiraba a Little Richard o Chuck Berry, simplemente quiso dar un paso más allá, a partir de la música de raíces construyó su propio universo y disco a disco fue evolucionando, y con los años cambió el curso de la música popular.

Antes de Dylan y de que el Rock and Roll se hiciera mayor, en Estados Unidos entre 1954 y 1963, más o menos hasta la invasión británica, la escena comercial estaba dominada por canciones de autores de un solo éxito, que con la misma rapidez que ascendían a las listas desaparecían. Rhythm and Blues, Doo Wop, baladas, imitadores de Elvis, cantantes melódicos, instrumentales e incluso proto Garage eran algunos de los estilos dominantes de la época. Eran canciones editadas en su mayoría por pequeños sellos independientes destinadas al consumo juvenil, para bailar en las fiestas, para divertirse, y en definitiva evadirse de los problemas diarios. A pesar de la falta de pretensión artística, muchos de estos temas escuchados en la actualidad siguen conservando toda su energía e inocencia. Quizás el secreto esté en su inagotable sencillez y ausencia de artificio.

Hace unos años, desde 1991 para ser exactos, el sello británico Ace Records publicó diez CD’s recopilatorios titulados “The Golden Age of American Rock and Roll”, que hacen un barrido del período americano 1954-1963, dominado por los “artistas de un solo éxito” de una manera admirable, recuperando algún tema muy conocido, pero sobre todo rescatando un montón de canciones perdidas en el tiempo, algunas de las cuales podrían calificarse como auténticas joyas atemporales de la música Pop en toda su extensión. A pesar de todo, el común denominador de esta tremenda colección de discos compactos es que en su día todas la canciones incluidas alcanzaron algún puesto en las listas de éxitos americanas y/o británicas. Sin duda eran buenos tiempos para la música, en una época donde las palabras “calidad” y “ventas” no estaban reñidas.

“Life’s too short” de The Lafayettes quizás sea una de mis canciones favoritas de este período. Es un tema de 1962 que en su día alcanzó un digno puesto 87 en las listas de éxitos americanas. Del grupo poco se sabe, tan solo sacaron dos singles y al poco desaparecieron, quizás debido al asesinato de su bajista en 1963. En 1988 la divertida película “Hairspray” del irreverente John Waters, recuperó el tema para su banda sonora dándolo a conocer al público de una forma más amplia. La historia de The Lafayettes es la de un grupo inconcluso, que aunque no tuvieron tiempo de desarrollarse artísticamente, este “Life’s too short” les elevó a los altares del pop más exquisito. Todas la piezas encajan perfectamente: producción, arreglos, voces, instrumentación (la percusión roza la perfección) y sobre todo una interpretación sobrecogedora y apasionada, que convierte una letra de lo más tópica en pura poesía de Rock and Roll. “Life’s too short” tampoco encaja en un estilo concreto, tiene mucho de Pop y de Doo Wop, pero también un potente y delicado sabor a Soul.

Volviendo a Bob Dylan y a su forma de entender la música, aunque sus canciones no encajan en el patrón Pop de 2 minutos, no hay nada que echarle en cara, al fin y al cabo con sus excelentes últimos trabajos ha vuelto a la desnudez de las raíces del Rock and Roll, ejerce como especial DJ invitado en un programa radiofónico en el que pincha muchas de estas antiguas canciones, y sobre todo en una ocasión dijo de Smokey Robinson, compositor e intérprete conocido por sus éxitos en Motown, que era “El poeta vivo más grande de Estados Unidos”.

“Life’s too short” no de deja indiferente:

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The Count Bishops, "Speedball"

febrero 8, 2010

El Pub Rock para mi es uno de los movimientos musicales más excitantes y sinceros que han existido, no había nada fingido en ello, independientemente de poses y modas, los grupos que formaron parte de ese movimiento en sus inicios, no tenían ninguna pretensión más allá de tocar y pasar un buen rato. Fueron ellos, antes que los Punks, los que devolvieron la inocencia al Rock and Roll en una época de acartonadas estrellas y rock de estadio.

Ellos fueron la respuesta a una escena tremendamente aburrida dominada por los grupos de rock progresivo y sinfónico tan populares en la época. Corrían principios de los 70 en Inglaterra, y en muy poco tiempo surgieron un montón de bandas entusiasmadas por el catálogo de grupos y solistas de color de sellos como Chess, Stax, Motown o Excello, pero también compatriotas suyos de los 60 fueron una fuerte fuente de inspiración. Resumiendo, en la primera mitad de los 70 no era nada raro encontrarse en los numerosos Pubs del país, pequeños grupos tocando música inspirada en Muddy Waters, Chuck Berry, Slim Harpo o Bo Diddley, pero también en los Who, Pretty Things, Kinks o Rolling Stones, con la única idea de divertirse, beber gratis y quizás impresionar a alguna chica.

Nombres imprescindibles como Nick Lowe, Elvis Costello, Graham Parker o el mal logrado Joe Strummer se curtieron en los Pubs de Inglaterra, sin olvidar a los esenciales Dr. Feelgood, toda una institución y debilidad personal, que convulsionaron las listas de éxitos del país a base de latigazos de Rhythm and Blues llenos de chulería y elegancia, o Eddie and the Hot Rods, hoy no muy populares pero con una discografía que habla por sí sola, que enlaza el High-Energy con certeros trallazos de Power-Pop, que mientras influyeron a los Punks el público se olvidó de ellos. Pero si hay un grupo que merezca mención especial, estos son The Count Bishops, surgidos en Londres en 1974, que al igual que Dr. Feelgood tocaban Rhythm and Blues, pero su visión era mucho más cafre, con un espíritu más próximo al Garage-Punk americano de los 60.

Los Count Bishops fueron la primera referencia de la discográfica londinense Chiswick Records, imprescindible para entender el movimiento Pub-Rock, que entre 1975 y 1982 editó obras de Damned, Dr. Feelgood, los 101’ers de Joe Strummer, Radiators o Motorhead entre otros. Chiswick Records cerró sus puertas en 1982, pero su fundador Ted Carroll continuó en el negocio discográfico con Ace Records, sello dedicado a rescatar desconocidas joyas del pasado que hoy día, a pesar de la decadente industria discográfica generalista, se mantiene en un fabuloso estado de salud.

Volviendo a los Count Bishops, “Speedball” es como se llama su primer trabajo. Se trata de un E.P. de cuatro canciones que gira a 45 revoluciones por minuto, a un ritmo endiablado y con una fuerza visionaria, que sin tan siquiera imaginarlo abrirían la brecha al movimiento Punk. En el año 1975, fecha de edición del E.P., Ted Carroll describía así al grupo:

“The Bishops son exactamente el tipo de banda que estábamos buscando cuando empezamos con este sello (Chiswick Records). Tienen la energía en estado bruto y la emoción perdida en la música de hoy. Sigo fascinado cuando pienso en la sesión de cinco horas en Pathway cuando la banda grabó trece fantásticas canciones, cuatro de las cuales están incluidas aquí. Después de escuchar este E.P. estoy seguro que estarás de acuerdo conmigo que mientras haya bandas como los COUNT BISHOPS cerca, el futuro del Rock and Roll estará seguro”.

Con estas sinceras palabras, así presentaba Carroll a los Bishops, y no es para menos. El artilugio muestra en la portada a un grupo de cinco macarras en sus motos, con cara de pocos amigos, y debajo el título “Speedball”, que no se refiere precisamente a cierto explosivo combinado opiáceo, es mucho más que eso, se trata de un mortífero cóctel de Rhythm and Blues, cuatro temas ajenos tocados a ritmo frenético, repletos de un espíritu juvenil que transmite inconformismo y mucha mala leche, pero también son una patada directa a la entrepierna gracias a ese par de guitarras que apestan a Rhythm and Blues con toda la energía del Punk, y un tremendo y pendenciero cantante (Mike Spenser), que se merienda un tema tras otro poniendo toda la carne en el asador en nombre del Rock and Roll más directo. Da igual que solo haya versiones, sencillamente las hacen suyas como si sonaran por primera vez. Se meriendan “Route 66”, un recorrido por la famosa Ruta Norteamericana en tan solo dos minutos y medio. Prenden fuego al clásico “I ain’t got you” de Clarence Carter, más próxima. a los Yardbirds de Eric Clapton que a Jimmy Reed. En la otra cara inyectan a “Beautiful Delilah” de Chuck Berry velocidad y tensión sexual en una tremenda adaptación que no deja indiferente, y para terminar, la aplastante lectura de “Teenage Letter” te golpea de lleno con un clásico e insistente riff, que sugiere evasión y descontrol, más cercana a los Sorrows que a Big Joe Turner, pero en esencia con el mismo incendiario común denominador.

Veinte años después de la edición de “Speedball”, en 1995 Ace Records, como no podía ser de otra forma, editó una edición ampliada que contenía el E.P. al completo más once temas extras grabados en esa misma sesión de 1975, o por lo menos en esa época. Siguen con las versiones, escogidas con enorme buen gusto e interpretadas con el mismo nervio, pero a pesar de todo, los cuatro temas seleccionados para el E.P. original se llevan la palma.

En cuanto a la trayectoria de los Bishops, al poco tiempo la formación original se deshizo, el cantante Mike Spenser fue expulsado del grupo, y continuaron grabando algunos discos, de los cuales “Count Bishops” de 1977 es realmente bueno, pero en esa época el Punk venía pegando muy fuerte, y por increíble que parezca, aunque los Bishops y demás grupos de Pub-Rock avivaron la llama del Punk, fueron injustamente olvidados y no tardaron en desaparecer o, en el mejor de los casos, adaptarse a los gustos de la época. Parece un triste final para este excitante movimiento, pero a pesar de los cambios de modas, el Rock and Roll con sabor a cerveza y olor a tugurio siempre perdurará mientras aún haya salas dispuestas a apoyar a los grupos y organizar conciertos.

Este artículo está dedicado al mal logrado Zeon De Fleur.

La poderosa “Teenage letter” incluida en el E.P.

Una muestra de su poderío en directo, ya sin el cantante original

Roy Loney, "Fast and Loose"

febrero 1, 2010

Roy Loney, nacido en 1946, al contrario que otros de su generación, sigue “Rock and Rolleando” con la misma calenturienta intensidad de sus inicios. En sus más recientes grabaciones continúa haciendo gala de la misma frescura que a finales de los 60, cuando formó parte de los imprescindibles Flamin’ Groovies, o posteriormente a finales de los 70, cuando inició su brillante etapa en solitario. El bueno de Roy tiene ya 64 años, pero nada ha cambiado, sigue haciendo lo que mejor sabe hacer, Rock and Roll de la vieja escuela, aquél que enseñaban maestros como Elvis, Robert Johnson, los Kinks, Chuck Berry, Buddy Holly, Don Gibson, MC5, Beatles o the Who.

Roy Loney fundó los Flamin’ Groovies en el San Francisco de 1965 (junto con Cyril Jordan), una de las bandas más infravaloradas que han existido, pero también más queridas por un nutrido grupo de fans. Los Flamin’ Groovies eran pasión, emoción, nervio, pero sobre todo diversión, faceta que el Rock and Roll jamás debería perder; al fin y al cabo esto es solo música y estamos aquí para pasar un buen rato y olvidarnos de los problemas, al menos durante los 40 minutos que pueda durar un LP de los Groovies. “Sneakers”, su primer mini lp autofinanciado, daba muestras de su grandeza, pero a partir de “Supersnazz” (1969) los Groovies se mostraron como una “rara avis” que revivían el Rock and Roll clásico, ajenos a la “contracultura” y las eternas “Jams”. En 1970 los Groovies se dieron una vuelta por Detroit y volvieron a San Francisco con las espaldas bien cargadas de Rock and Roll inflamable que entonces practicaban MC5 y Stooges. Influidos por estos sonidos, parieron dos “criaturas” básicas; solo con citar “Flamingo” y “Teenage head” se me ponen los pelos como escarpias. Por cierto, estos dos álbumes han sido reeditados recientemente por Norton records, sello insensible al desaliento que lleva predicando la palabra de Esquerita y Hasil Adkins desde hace casi 25 años.

En 1972 Roy Loney abandonó a los Groovies en su mejor momento, pero no hay problema, por suerte el incombustible Cyril Jordan (el otro Groovie mayor) continuó con el grupo al que dio un giro más Pop con resultados tan brillantes como la etapa Loney, pero eso ya es otra historia que algún día contaremos.

Los años pasan hasta 1978. Loney desempeña otros trabajos, pero como el maligno bicho del Rock and Roll le pica donde más le duele, decide retomar su carrera en solitario. Desde el imprescindible primer LP, “Out after dark”, acompañado por los Phantom Movers, con viejos miembros de los Groovies, pasando por su etapa con los Longshots, un super grupo de Seattle con gente de Young Fresh Fellows, hasta llegar a su reciente idilio con los donostierras Sr. No, con los que ha grabado un gran disco el año pasado, la carrera de Roy Loney no ha hecho más que seguir creciendo, sencillamente es soberbia, y salvo algún raro desliz, jamás ha dado un paso en falso. Hay una verdad universal, Roy Loney ha nacido para “Rock and Rollear” hasta el final, con unas ideas tan claras como insobornables.

Entre todo el tesoro que es la discografía de Roy, es difícil quedarse con un disco favorito, casi todos son sólidas obras que componen un trascendental “todo”, y separar uno del resto sería inconcebible. Teniendo esto presente y puestos a “mojarse” y reivindicar algún disco suyo, en mi caso sería “Fast and Loose” de 1983. Esta obra lleva años descatalogada y bien merecería una reedición en condiciones. En los trece temas que contiene el disco, la banda se desliza ágil y repta hasta la conciencia del oyente, y como quién no quiere la cosa estas canciones te inundan el alma de una extraña alegría y sensación de optimismo. “Fast and Loose” es dinámico Rock and Roll en el sentido más amplio del término; toca numerosos estilos de ascendencia clásica: veloz Rock and Roll con saltarines pianos, un precioso medio tiempo Country con aroma a Pop, se le escapa algún riff a lo Bo Diddley mezclando influencias latinas, tampoco se olvida del Rhythm and Blues de Nueva Orleans con sección de vientos incluida, e incluso en otro tema, se aproxima peligrosamente a Devo, pero en lugar de sintetizadores hay crujientes guitarras. En general el disco está más cercano al cálido Pub donde sirven cerveza fresca, que a los garajes con sus desbocadas guitarras. Por otra parte a Roy Loney siempre le ha encantado hacer versiones de temas ajenos en sus discos, y “Fast and Loose” no es ninguna excepción. Se merienda “Driving Wheel” de T-Bone Burnett, hace una nueva re lectura del “Teenage Head” de los Groovies, que aunque no es tan brillante como el original, resulta efectiva y convincente, y para despedirse que mejor que tocar un viejo tema del maestro, del único e irrepetible Chuck Berry, sin el cual nada de esto tendría sentido, ni Roy Loney, ni los Flamin’ Groovies, ni los Stones ni nada de nada.

Quién nunca haya visto en directo a Roy Loney, la próxima semana tiene una oportunidad única, ya que nos visita acompañado de los incendiarios Sr. No, y por si fuera poco, también se traen a los vibrantes Hi-Risers desde Rochester, o lo que es igual, una de las grandes bandas actuales de guitarras que tan pronto te tocan un tema de Rockabilly, Power-Pop, Surf o cualquier estilo que se les ponga por delante. En definitiva, estos conciertos son una cita ineludible que nadie se debería perder.

– Martes 9 de Febrero. Santiago. Sala Nasa. Aniversario A Reixa Bar.
– Miércoles 10 de Febrero. Madrid. Sala El Sol.
– Jueves 11 de Febrero. Donosti. Gazteszena.
– Viernes 12 de Febrero. Durango. Plateruena.
– Sábado 13 de Febrero. Barcelona. Sala [2] de Apolo. Fiesta Ruta 66.

Un par de muestras de “Fast and Loose” para entrar en calor: “Slippin out the back” y “The mop flops”


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