Archive for 29 marzo 2010

Dr. Feelgood, "Going Back Home"

marzo 29, 2010

Dr. Feelgood siempre ocuparán un lugar importante dentro de este blog, por sus influencias de Rhythm and Blues tan fieles a los originales, pero también con un toque personal. Revivían el fantasma de Muddy Waters o Coasters con auténtica maestría, se marcaban sesiones de espiritismo “rock and rollero” invocando a Chuck Berry y Bo Diddley, pero siempre con esa actitud gamberra, chulesca y sin concesiones. Pero ante todo era unos currantes, que al igual que sus modelos del Blues, desde que empezaron en 1971 no pararon de tocar ni de hacer giras por todo el mundo, ya sea en grandes recintos o pequeños Pubs. Incluso después de muerto Lee Brillaux la banda siguió funcionando hasta ahora, aunque sin ningún miembro original.

Dr. Feelgood nacieron en 1971 en Convey Island (Essex, Inglaterra) y tomaron su nombre de una vieja canción de 1962 del bluesman blanco Piano Red y su grupo Dr. Feelgood and the Interns. A lo largo de su carrera han grabado varios discos, algunos de ellos imprescindibles, y aunque en 1994 un cáncer segó la vida del cantante y alma del grupo Lee Brillaux, como se ha dicho antes, siguen tocando en la actualidad. De todas las numerosas formaciones por las que han pasado los Feelgood, sin duda la mejor fue la original, la formada por Lee Brillaux (cantante y harmonicista poseído por Sony Boy Williamson), Wilko Johnson (guitarrista hecho de nervios de Bo Diddley), The Big Figure (recio batería siempre al compás) y John B Sparks (bajista con pinta de estibador). Con esta formación grabaron tres legendarios LP’s de estudio (“Down by Jetty”, “Malpractice” y “Sneakin’ Suspicion”), pero donde realmente estaba su fuerza era en los conciertos, como bien se puede apreciar en su sudoroso directo de 1975, “Stupidity”.

Hablando de directos, en el 2005 se editó un DVD de un show de la misma época que “Stupidity”, en 1975, cuando la banda estaba en su mejor momento artístico y comercial, éxito que ni ellos mismos imaginaban, pero que a base de incandescentes conciertos se ganaron a pulso, en una época en que la juventud estaba cansada de grupos “sobre producidos” y querían más de acción en forma de primitivo Rhythm and Blues.

El DVD mencionado se llama “Going Back Home”, como uno de los temas de su segundo álbum “Malpractice”, y simplemente se trata de un extracto de una de sus apabullantes actuaciones, posiblemente ni mejor ni peor que cualquiera de sus conciertos en esa época, un concierto más, un triunfo más, o quizás un rito iniciático más para algún chaval que después formaría parte del movimiento Punk. El vídeo dura apenas media hora, pero es un escalofriante testimonio de lo que debe ser un concierto de Rock and Roll, una punzada de credibilidad a cargo de unos chavales de ascendencia obrera, dispuestos a comerse el mundo y sacar todo el jugo a la vida, utilizando para ello como vehículo el Blues y su hijo ilegítimo el Rock and Roll.

Resulta impresionante ver a Lee Brillaux, con sus rápidos movimientos de brazo, firmes y seguros, empapado en sudor con su sucio traje blanco, su armónica y esa imagen de currante del Rhythm and Blues, pero con más clase que todos los “Armanis” juntos, sin hacer concesiones a nada ni a nadie, simplemente es Lee Brillaux, toca Blues y se siente orgulloso. A su derecha está Wilko Johnson, tremendo guitarrista de estilo rítmico, que viéndole en faena cualquiera diría que es sencillo lo que hace, pero detrás de esa supuesta simplicidad hay un sonido único, nervioso y anfetamínico, escupido por una maltratada guitarra Telecaster que es atacada sin piedad, casi siempre a pelo y sin púa, mientras Wilko Johnson se mueve de un lado a otro, brinca y mira al público con desorbitados ojos de loco asesino.

El repertorio está repartido entre poderosas versiones de Coasters, con un “I’m a Hog for you baby” especialmente punzante, o “I can tell” de Bo Diddley destinado a subir el ritmo cardíaco; pero el material propio, compuesto por Wilko Johnson, tampoco desmerece. Circulan clásicos inmortales como “Going back home”, “All through the city”, o su hit por excelencia “Roxette”, que empalman con el frenético Rock and Roll “Shouldn’t call the doctor” cantada a medias con The Big Figure (el batería), o esa declaración de vitales principios crápulas que es “Back in the night” con la inolvidable guitarra “Slide” que toca Lee Brillaux mientras Wilko Johnson reparte Riffs a diestro y siniestro.

Por si fuera poco, dicho DVD incluye un audio CD con el concierto completo más otras “golosinas” extras, en total 23 temas producidos para más “inri” por Vic Maile, productor y uno de los padres adoptivos del glorioso movimiento Pub-Rock. Por último, si estáis interesados en esta pequeña joya, en un gran centro comercial, de cuyo nombre no me quiero acordar, aún está disponible por el precio de un par de tercios de cerveza.

“Going back home”, una muestra del poderío de los Feelgood

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The Plimsouls, "Live!, Beg, Borrow & Steal"

marzo 24, 2010

A estas alturas escribir sobre los Plimsouls quizás sea algo redundante, ya que por fortuna en la actualidad se han convertido por derecho propio en un grupo clásico, o al menos reconocido por cualquier aficionado a la música Pop y Rock que se precie. Greg Shaw de Bomp! Records, aún se pregunta desde la tumba lo que pasó con los Plimsouls, ya que según él, fueron el único grupo que conoció con el 100% de posibilidades de triunfar, y que tras solo dos discos desaparecieron.

The Plimsouls estuvieron en el lugar y momento adecuados, en Los Ángeles a finales de los 70, una época sacudida por la Nueva Ola y el Power-Pop, pero con una diferencia, los Plimsouls fueron inclasificables y no encajaban del todo en el patrón musical del momento, de corbatas finas y sonidos empalagosos. Ellos eran genuinos “Rock and Rollers”, le daban al Rhythm and Blues, al Rock and Roll y al Soul, pero también estaban enormemente influidos por los grupos de los 60 de la invasión británica, e incluso por la música de Garage americana. Si sumamos el portentoso talento de sus miembros, nos encontramos con un grupo perfecto, pero Peter Case (ex Nervers) en especial, cantante y guitarrista, era la cabeza visible, tremendo “front-man” y sobre todo compositor de casi todo el sobresaliente material del grupo.

En vida (reuniones posteriores aparte) los Plimsouls grabaron únicamente un par de LP’s: “The Plimsouls” (1981) y “Everywhere at once” (1983) que aún siguen latiendo con vida propia, y que tanto han influido en posteriores generaciones de grupos de Power-Pop, pero etiquetas aparte, personalmente me gusta referirme a ellos como un grupo de Rock and Roll clásico con la vena hinchada de fuertes dosis de melodía.

Los Plimsouls en sus discos exploraron su lado más “Pop”, pero en directo eran otra cosa, una auténtica sacudida propulsada por la escena Punk del momento, no obstante se codearon con contemporáneos suyos de la talla de X, Angry Samoans, Weirdos o Germs, y si en disco sonaban más o menos comedidos y más o menos enérgicos, sus directos eran puro nervio y urgencia Rock and Rollera. Una buena prueba es “Live! Beg, borrow & steal”, reciente disco editado en este 2010 por el excelente sello Alive Records.

Este “Live!, beg, borrow & steal” es un directo grabado en 1981 en el mítico Whisky a Go Go de Los Angeles, y muestra a una rotunda banda totalmente entregada y compenetrada, funcionando con la precisión de un reloj suizo, respirando el humo de los pequeños garitos, con la urgencia de quién se toma unas cervezas bien frías cuando sube la temperatura. Los Plimsouls tenían hambre de Rock and Roll y se nota en este directo.

Si en sus discos de estudio suenan razonablemente cristalinos, aquí todo es mucho más acelerado y sucio, lo cual no impide apreciar todos los detalles de manera clara, incluidas las poderosas guitarras, donde cobra todo el sentido aquello de “subir al máximo volumen”. El repertorio simplemente es de infarto, el grupo despacha un clásico tras otro, merendándose algunas tajadas de su debut y otras del futuro segundo disco, que por entonces aún no habían grabado. Temas como “Hush hush”, “Lost time”, “A million miles away”, “Now” (la pondría en la lista de mis favoritas) o “Everyday things” suenan mejor que nunca y capturan la esencia de esta música, el Rock and Roll, en su faceta más vibrante. También rinden homenaje a héroes de los 60 con versiones de Easybeats (“Sorry” y “Women”), los primeros Kinks (“Come on now”) o la oscura y garajera “Jump jive & Harmonize”. Aunque no cabe duda de que lo más importante es el contenido musical, hay que destacar también la excelente portada, con unos Plimsouls que lucen pletóricos y en su mejor momento; y además la edición en vinilo incluye un bonito póster pero con tres temas menos que en el CD, que se le va a hacer.

Miguel Angel Villanueva, "Ningún Cielo"

marzo 9, 2010

¿Quién es Miguel Angel Villanueva? En resumen es un tío grande. Lleva componiendo grandes canciones desde finales de los setenta, o principios ochenta, ya sea con los Auténticos, los Plomos o con los Brujos. Pero no es hasta el año 2004 en que edita su primer y único trabajo en solitario hasta la fecha. Se llama “Ningún Cielo” y es una debilidad personal, uno de esos discos que uno exprime hasta que el reproductor de CD’s echa humo, mientras los incansables altavoces repiten una y otra vez esas inmortales melodías ancladas sobre todo en la psicodelia británica, pero también en la Nueva Ola de mediados y finales de los 70, que tan buenos momentos proporcionaron gente como Graham Parker o Elvis Costello, e incluso hay trazas de Soul hecho en Motown, o de contundente Rhythm and Blues, pero siempre bajo el poder del Pop más exquisito con la visión particular de su autor.

Volviendo a “Ningún Cielo”, dado el escaso interés en el proyecto, el disco es financiado por el propio Miguel Angel, una prueba más de lo mal que cuidamos a nuestros autores, que a partir de un ajustado presupuesto, Villanueva da el triple salto mortal, se va a Londres a grabar el disco y para la ocasión cuenta con una banda de lujo, ni más ni menos que la sección rítmica de Bronco Bullfrog, un contundente grupo inglés de influencias sixties, que a mediados de los 90 obtuvo cierto reconocimiento en nuestro país. El disco cuenta además con delicados arreglos de violines, cellos, vientos y oboes, coordinados por otro grande en la sombra, ni más ni menos que Pete Dello, más popular en los 60 por los maravillosos Honeybus.

“Ningún Cielo”, a pesar de su gestación británica está cantado en Español. Villanueva no solo brilla por su talento compositivo, también es un exquisito letrista que no tiene necesidad de parapetarse en el inglés; tiene muchas cosas que decir gracias a un universo personal entre el cielo y la tierra, la realidad y la alucinación. En total son 14 joyas artesanales que bien valen lo que cuesta el disco, en una época donde parece que está mal visto pagar por un disco, aunque el contenido sea de lo más brillante. “Entre el cielo y el suelo” es un himno con frases legendarias (“a veces pienso que lo intenso debe sobrevivir, y que en el suelo no hay ningún cielo a donde ir”). “Los días que no volverán” es puro Beat con sabor a Motown, una canción Pop perfecta que bajo una música alegre esconde un texto demoledor que habla de la imposibilidad de recuperar el tiempo perdido; tan perfecta y dulcemente Pop es “Verdades de alquiler”, pero con vientos y cuerdas surcando la canción. “Luna metálica” sigue un patrón parecido a “Taxman” de los Beatles, y narra un surrealista amor imposible entre la luna y el sol. “Nubes” es un breve y precioso interludio donde se aprecia la maravillosa mano de Pete Dello. “Oración a San Judas” es la más rockera del lote: sólida sección rítmica, musculoso riff y efectivo solo de guitarra dan soporte a otra excelente letra que apela al cinismo para sobrevivir en estos tiempos modernos. “El 27 de nunca” es una preciosa muestra de psicodelia que evoca la nostalgia y la pérdida amplificada por teclado y efectos de “phasing” y “wah wah”. Todos los temas son pequeñas maravillas, pero mi favorito es “Miedo en la estación”, toda una explosión de música energética, con reminiscencias de Phil Spector, con una visión particular del muro de sonido a base de contundentes guitarras, palpitantes baterías, crujientes saxofones y unas voces que elevan el espíritu, un espíritu anegado por la locura y la alucinación presentes en el tema con ese instinto Pop tan característico en Villanueva.

En “Ningún Cielo” Miguel Angel Villanueva lanza saludos “elípticos” a todas las reinas equivocadas, Mike Kennedy, a los que se creen sus verdades, a Lavern Baker, a las nubes, a todo lo imposible y a Arthur Lee, a Lucio Battisti, a nuestros secretos pecados amigos, a Roy Wood y a los viajes multicolores, y también a los perdidos lectores de la letra pequeña. Además dedica el disco a quienes todavía tienen memoria, y a la sociedad antigravitatoria. Sin duda Miguel Angel es alguien con una sensibilidad especial y un talento enorme, que ante todo ama la música y cree en ella. Esperemos que pronto mueva ficha, y nos deleite con otra de sus maravillosas obras.

“Los días que no volverán” tremendo pepinazo Pop multicolor teñido de nostalgia

“Miedo en la estación” un clásico fulminante


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