Archive for 22 septiembre 2010

Revolution

septiembre 22, 2010

En 1989 Mudhoney hizo una versión de “Revolution”, original del grupo inglés Spacemen 3, con los amplis llenos de “amor”, definiendo “amor” como un inquietante muro de guitarras salpicado de Fuzz en directa sintonía con los infiernos sónicos de un “Sister Ray” minimalista, donde un único acorde se sostiene hasta el infinito, creando una dulce atmósfera de maldad tan insana como el psicotrópico más potente.

Mientras que el “Revolution” original de Spacemen 3, es oscuro, distante y frío, salpicado además de alguna connotación política, la versión de Mudhoney, con una letra “ligeramente” modificada, mantiene el desencanto del original, pero a diferencia de Spacemen 3, hay un sentido del humor un tanto mórbido y corrosivo, aunque lejano, sentido del humor al fin y al cabo. Dejemos que aúlle Marc Arm:

Estoy harto
Estoy tan enfermo
Cada vez que pierdo mi conexión
Estoy cansado
Tan cansado
De levantarme por la mañana
Por esa larga caminata
Hasta la clínica de metadona
Tiene que haber un camino más fácil

Ahora espera un segundo

Hay fuego
Se aproxima un cambio
En mi cuchara ennegrecida
Te sugiero
Tienes cinco segundos
Sólo cinco segundos
Para ponerte un supositorio de morfina
Todo hasta dentro
Hermanos y hermanas
¿Sabéis de lo que estoy hablando?
Estoy hablando de una
Puta Revolución

Parece ser que al líder de Spacemen 3 (Sonic Boom), está nueva revisión le sentó como un tiro, y estuvo una temporada larga enfadado con los muchachos de Mudhoney, hasta que el poder conciliador de cervezas y tequilas hicieron el resto en una noche de juerga, y a partir de ahí tan amigos. La historia tiene su gracia, aunque tampoco me explico el enfado, puesto que la esencia del original se mantiene en la re adaptación de Mudhoney. Además, el sonido es muy respetuoso. Juzgad vosotros.

Veamos el peligroso tema original de Spacemen 3

Ahora le toca el turno a la bárbara adaptación de Mudhoney

The Muscle Shoals Sound

septiembre 16, 2010

La música Soul, de nuevo hoy en boga, es un universo inagotable de emociones. Siempre hay un grupo, intérprete o canción capaz de tocar la fibra sensible. Con elementos tomados del Gospel, Blues, Country o del primer Rock and Roll, se dice que el Soul tuvo su origen en el Sur de Estados Unidos; delimitaciones geográficas aparte, si es cierto que casi todos los grandes del género proceden del allí: Ray Charles, James Brown, Otis Redding, Sam Cooke, Aretha Franklin o James Carr son solo unos pocos de la inmensa lista.

Durante la época dorada del Soul, desde principios de los 60 hasta mediados de los 70, sus grupos e intérpretes grabaron en estudios legendarios, con sus míticos productores y músicos de sesión. No hay más que escuchar los temas de Stax con Booker T and the MG’s, o Hi-Records con su no menos legendaria “banda de la casa”. Pero si hay unos estudios que brillaron, y definieron la música Soul, estos fueron unos pequeños locales situados en el estado de Alabama. Los únicos e irrepetibles FAME Studios.

En 1959 en la pequeña localidad de Florence, Alabama, Rick Hall y Billy Sherrill deciden dedicarse profesionalmente a la música, originalmente como intérpretes de música Country. Rick y Billy graban unas demos que llegan a oídos de Tom Stafford, el cual les propone abrir un estudio de grabación, aprovechando un minúsculo local que queda libre junto a la droguería propiedad del padre de Tom. Así nacen los FAME Studios (Florence Alabama Music Enterprises), pero al poco tiempo Rick Hall es expulsado, al parecer debido a su difícil carácter. Como consolación le dejan conservar el nombre de la compañía.

Rick Hall se establece en Muscle Shoals, Alabama y reabre los nuevos FAME Studios en un antiguo almacén de tabaco. Tom Stafford, antiguo socio de Rick Hall, le ofrece grabar un tema de un desconocido Arthur Alexander. “You better move on” es el título; Hall ve un éxito en potencia, y sin pensarlo dos veces reúne a un grupo local llamado The Mark V, luego The Pallbearers, y la grabación se hace realidad. The Pallbearers, desde ahora el grupo de la casa de FAME, está liderado por un fanático del Blues de nombre Dan Penn, imprescindible para el devenir de los estudios, ya sea como músico o compositor.

Rick Hall distribuye el tema “You better move on” por discográficas y emisoras de radio, pero nadie parece estar interesado, hasta que en 1961 Dot Records lo publica. Resultado, la canción es un éxito enorme, e incluso pocos años después unos jóvenes Rolling Stones harían una gran versión. Aprovechando la inyección de capital que supone el éxito de Arthur Alexander, Hall traslada los FAME Studios a Avalon Avenue, un local en mejores condiciones.

En 1962 Jimmy Hughes, presenta un maravilloso blues (“Steal away”), que de nuevo graba con The Pallbearers bajo la producción de Hall, y al igual que con Arthur Alexander, nadie está interesado en editarlo. Antes de que la historia se repita, Hall crea su propio sello discográfico, FAME Records, y lo publica. Con el disco recién sacado del horno, y unos contactos, es más fácil encontrar distribuidor, y Vee Jay Records (imprescindible sello de Rhythm and Blues) hace el resto, y logra que “Steal away” tenga un merecido éxito.

El futuro de FAME es prometedor, dos éxitos de dos no está mal, pero lo mejor está por llegar. Entra en escena Quin Ivy, disjockey y colaborador de Rick Hall. Ivy le propone a Hall la apertura de un nuevo estudio en Muscle Shoals, Norala Sound Studios, cuyo objetivo es atender la demanda no satisfecha por FAME. El primer cliente de Norala es Percy Sledge, que trae bajo el brazo una clásico fulminante, ni más ni menos que la universalmente conocida “When a man loves a woman”, que edita Atlantic Records y llega a lo más alto de las listas en 1966, y más importante aún, sería el principio de la fructífera colaboración con Atlantic.

En esta época, algunos de los artistas de Soul de Atlantic graban en los estudios de Stax en Memphis, pero tras la puñalada trapera de Atlantic a Stax, por la cual, tras un dudoso contrato de distribución, Stax pierde todos los derechos sobre sus propios artistas, hace que lógicamente Stax corte de raíz su relación con Jerry Wexler y Atlantic. Por suerte para Atlantic, la herida no es tan profunda, puesto que encuentran en los estudios de Muscle Shoals un sustituto tan bueno como Stax. Entre los músicos de Atlantic que pasan por FAME y Norala están Wilson Pickett (“Mustang Sally”), la genial Aretha Franklin (“I never loved a man (the way i love you)”) con una única pero inolvidable sesión de grabación. Graban también, el protegido de Otis Redding, Arthur Conley (“Sweet soul music”), Clarence Carter (“Slip away”) o R. B. Greaves (“Take a letter Maria”), por citar unos pocos.

Mientras que el éxito de FAME crece, al mismo tiempo su columna vertebral se viene abajo. Es decir, Rick Hall está haciendo una fortuna, pero no así sus músicos. Como consecuencia, los “swampers” abandonan el barco y se establecen por su cuenta. Rick Hall, fiel a la máxima “nadie es imprescindible”, reúne a otros músicos que con el tiempo constituirán, sino la mejor sección rítmica de Muscle Shoals, si la más clásica. Jimmy Johnson, Barry Beckett, David Hood y Roger Hawkins, es el nombre del santísimo cuarteto.

Esta nueva formación acompaña a algunos de los artistas de arriba, más otros de la Chess, cuyo capo Leonard Chess, atraído por el gran éxito de Atlantic, manda a Alabama a la inconmensurable Etta James (“Tell mama”) o Laura Lee (“Up tight, good man”), con excelentes resultados artísticos y comerciales.

A finales de los 60 la segunda reencarnación de Muscle Shoals, al igual que la primera, decide establecerse por su cuenta, y no muy lejos de los FAME Studios, crean los Muscle Shoals Sound Studios. Al principio se les hace duro salir adelante sin Rick Hall, ya que tenía los contactos y el toque mágico para generar éxitos, pero con la antes mencionada “Take a letter Maria” de R. B. Greaves consiguen el éxito que necesitaban, salen hacia adelante y a partir de ahí les viene todo rodado. Encuentran en Atlantic su principal fuente de ingresos, tanto es así que a principios de los 70, cuando Atlantic se traslada de Nueva York a Miami, propone a los chicos de Muscle Shoals mudarse con ellos, pero como buenos sureños, no están dispuestos a dejar atrás su querida Alabama, y dicen “no” a la oferta de Jerry Wexler y Atlantic Records.

Los primeros 70 suponen para Stax un período de salvaje expansión, gracias a la política de marketing de Al Bell, por entonces copropietario de la compañía. Dicha política trae consigo divisiones internas en el seno de Stax, y en lugar de grabar a sus grupos y solistas en sus propios estudios, les mandan grabar fuera, y en concreto los estudios de Muscle Shoals se convierten en favoritos. El legado de Stax Records en esas cuatro pareces es impresionante, Mel & Tim (“Starting all over again”) y sobre todo The Staple Singers, han convertido sus grabaciones en auténticos clásicos del género, en una época donde el Soul daba sus últimos coletazos y la música disco ganaba cada vez más terreno.

Finiquitada la era dorada del Soul, los estudios de Muscle Shoals habían adquirido gran reputación, y trabajo nunca les faltó. Rolling Stones, Bob Dylan, Lynyrd Skynyrd o Tony Joe White, son tan solo unos ejemplos de su buen hacer, pero es otra historia, ni mejor ni peor, pero distinta a los pasados días de gloria de la música Soul.

Otis Redding, “You left the water running”. Sin comentarios. El más grande.

Clarence Carter, “Making love (at the dark end of the street)”. ¿Una de las cimas de la música Soul?

Anvil!, The Story of Anvil

septiembre 12, 2010

Anvil es un documental del año 2008 que trata sobre una banda de Heavy Metal real surgida en los últimos 70, que al contrario que otros compañeros de generación (Anthrax, Metallica o Megadeath), nunca consiguieron el ansiado éxito multitudinario. Tuvieron su momento, pero por extrañas circunstancias el tiempo pasó, y el olvido les absorbió como un mortífero huracán.

Lips y Robbo, cantante-guitarrista y batería respectivamente, son la fuerza motriz de Anvil, y con más de 50 años mantienen la ilusión intacta. Ya no tienen 20 años, pero nada les detiene para seguir intentándolo. A pesar de que en su Canadá natal tienen su vida, sus familias y sus trabajos de mierda, todavía persisten en hacerlo ellos mismos, tocar en pequeños baretos, seguir grabando discos y moverlos por la paupérrima industria discográfica.

Cada secuencia del documental es un paso más hacia el fango, todo parece ir mal. Contactan con una vieja fan que les organiza una gira por Europa, y no puede ir peor: no les pagan, las salas no publicitan sus conciertos, y todo viene de nuevo a recordarles que los buenos tiempos han pasado. Nada de esto les desanima, y siempre con la vista puesta en el presente, deciden grabar su disco número 13 con el mejor productor del género, aunque tengan que pedir prestado a la familia e incluso hipotecar sus viviendas. Consiguen su objetivo y graban el flamante nuevo disco, pero de nuevo las discográficas les vuelve la espalda y nada quieren saber de ellos.

Anvil hace que en seguida empatices con sus protagonistas. Cada uno es como el día y la noche, uno más visceral y el otro más sereno, sus escasos enfrentamientos rápido los olvidan para volver a ser los colegas de siempre, aquellos que desde los 14 años flipaban con Black Sabbath, Motörhead, Kiss o Grand Funk. Son como niños grandes que ni tan siquiera el desgaste del tiempo acabará con sus sueños de Rock and Roll. El documental hace que el espectador se meta en la piel de sus protagonistas. Al final un promotor les consigue una actuación en Japón, donde siempre son bienvenidos, y el grupo fiel a la máxima “todo lo malo puede ocurrir”, teme tocar ante una reducida audiencia en un reciento enorme, y el espectador desea de verdad el bien del grupo, que consigan el éxito, y que sus sueños se hagan realidad. Anvil es la historia de un grupo más de Heavy Metal, pero realmente es la historia de cada uno de nosotros. Imprescindible.


A %d blogueros les gusta esto: