Archive for 25 febrero 2011

Guadalupe Plata

febrero 25, 2011

Echando la vista atrás en este blog, casi todos los ilustres protagonistas, o bien están muertos o son viejas glorias a punto de cumplir su “último telediario”. He de decir en su defensa, que ni el tiempo ni los cambios erosionarán su esencia, una milagrosa razón para creer en una música inmortal gracias a su grandioso legado pasado, pero también a un presente preservado por un número de buenas bandas que aportan su pequeño grano de arena en la escala evolutiva de esta música.

Gudalupe Plata son un claro ejemplo de clasicismo bien entendido. Tocan primigenio Blues rural, aquel que tocaban Charlie Patton y Skip James en los lejanos años 20, o más adelante Elmore James y Hound Dog Taylor deslizando psicóticos acordes por su guitarra Slide, sin olvidarse de los demoniacos exorcismos del más insano Garage-Blues de los Gories y Billy Childish, en un Boogie eterno que escupe esputos de John Lee Hooker, sin olvidarse de la invasión británica de grupos como Yardbirds.

Esto no es el sur profundo de USA, ni estamos en el Delta del Mississippi. Guadalupe Plata vienen de Andalucía, más concretamente de Úbeda, Jaén, tierra de olivos orientada hacia el valle del Guadalquivir, y adoptan el Blues como su lenguaje de expresión natural. No hay nada forzado en ello, el Blues fluye por su sangre con la misma naturalidad con que tocan sus instrumentos. La cosa es simple, tan solo una batería, una guitarra de semicaja, y un palo clavado a un barreño que hace las funciones de bajo. Parece simple pero no lo es, detrás de esa aparente sencillez hay muchos ensayos y sobre todo amor hacia una música que mucha gente creía muerta. Nada más lejos de la realidad, Guadalupe Plata llenan las salas de conciertos allá donde van, y gustan a un grupo de gente cada vez más amplio. Algo está cambiando y eso está bien.

Guadalupe Plata tienen un par de discos: un mini LP de 10 pulgadas, y un reciente LP que todavía no ha sido materializado en soporte físico, aunque se puede descargar en su web (al igual que el 10”). Las canciones siguen la iconografía de lo absurdo, grotesco e incluso apocalíptico, como tomarte la última copa en un tanatorio, buscar refugio en un prostíbulo de mala muerte, o convivir con la comunidad “Freak” de un bar de estación, todo inundado por un oscuro y malsano sentido del humor, en la más pura tradición de la Catrina, símbolo mexicano que representa la muerte de manera satírica con sus dosis de superstición y misticismo. Casualmente el inventor de la Catrina fue José Guadalupe Posada.

El citado primer 10” pulgadas se compone de seis tremendas canciones, toda una declaración de principios demoniacos, “seis” según la biblia es el número más imperfecto, el número del Diablo. Por eso, no podía ser de otra forma que el disco empiece por “I’d Rather be a Devil”, retorcida elegía inundada por un eco sobrenatural, primigenio y arcaico, pero también insano y eléctrico. “Satan la tenía guardada y la fundió en plata”, reza la estupenda contraportada del disco, mientras una mujer nos muestra las seis canciones escritas en lápida. Unos cantos tribales introducen el siguiente tema, “En este cementerio”, sólido latigazo que no oculta el peso de Elmore James, con frases cargadas de directo doble significado (“Nena nena nena nena sácame a bailar, que tengo los huesos tiesos, ya no lo puedo aguantar”). “Baby me vuelves loco” arranca con un grito desesperado, es un lascivo Boogie conducido por un mugriento Saxo en choque frontal con la distorsionada guitarra de Perico. “500 mujeres encima de un coco, 500 perros, 500 monos” así abre la hipnótica “500 Mujeres”, una barbaridad llena de surrealistas referencias, poderosa y pantanosa, saturada con desfiguradas y precisas muecas de guitarra Slide. “Jesus está llorando” regurgita toda la fuerza de los Yardbirds, con el ideólogo de la guitarra eléctrica Jeff Beck al frente, en un acerado lamento cargado de bilis. El disco termina con la alucinada “Oh my wai”, chatarrero invocación a un Billy Childish trasladado al pasado entre cantos Espirituales y campos de algodón.

“Tú familia no te olvida”, así dice el texto de la portada, críptico epitafio para un grupo que crece en cada concierto y en cada escucha, que esperemos nos sigan proporcionando buenos momentos por muchos años. De momento si aún no los habéis escuchado, aquí en su web, podéis descargaros gratis sus fascinantes canciones. Buen provecho.

Grandioso video

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The Dream Syndicate, "The Days of Wine and Roses"

febrero 18, 2011

De acuerdo con la perspectiva del tiempo, los años 80 no fueron tan malos, ni tampoco los 90, incluso el nuevo milenio nos sigue trayendo grandes grupos, nuevos talentos que alimentan esta música con buenas canciones, ajenos a una industria cada vez más globalizada y pre-fabricada. En este contexto, parte de la escena musical de los años 80 estaba dominada por asépticos sintetizadores, y canciones huecas de usar y tirar destinadas a un público masivo. Paralelamente en Los Angeles, California, varios grupos independientes crearon el “Paisley Underground”, etiqueta que englobaba a un montón de bandas que reivindicaban los años 60 como eje central, con sus diversos estilos, desde Country y Garage, hasta Pop y Psicodelia, en respuesta al atronador ruido que montaban las bandas de Punk y Hardcore de la zona de Los Angeles.

The Dream Syndicate estuvieron en el núcleo del meollo de ese “Paisley Underground”, pero etiquetas aparte, desde el principio siguieron su camino, desmarcándose de la senda del resto para elaborar un sonido único que el tiempo ha mantenido fresco. Su trayectoria fue excelente, incluso al final de su carrera en 1989, publicaron un directo esencial (“Live at Raji’s”), apabullante legado que cierra el círculo del mejor Rock and Roll de los 80. No obstante, desde mi punto de vista es su primer LP el que conserva toda relevancia y magia de los días pasados. “Los Días de Vino y Rosas” están aquí para quedarse.

Los inicios de Dream Syndicate son intensos y rápidos como pocos. Nacen en 1981 y toman su nombre de un viejo disco de Tony Conrad, influyente figura de estilo Avant Garde, algo así como un movimiento de vanguardia, y tras solo un mes graban su primer EP con cuatro desbocadas canciones. Las claves de su música están claras, Lou Reed y The Velvet Underground caminan a su libre albedrío. Portentosas referencias para una de las mejores conjunciones astrales materializada en banda de Rock and Roll. Steve Wynn, Karl Precoda, Kendra Smith y Dennis Duck, son unidad, son empatía, pero ante todo son pasión a mil años luz de casi todo lo que se cocía en la época.

Aparte de la evidente influencia de la Velvet Underground, las relaciones con esta banda no terminan ahí; al igual que Lou Reed y los suyos, son grandes admiradores del Dylan más eléctrico, pero también conectan con contemporáneos suyos como Television, Pere Ubu o The Fall, todos ellos también con vanguardistas lazos “velvetianos”. Pero Dream Syndicate eran mucho más grandes que unos meros imitadores de la Velvet, en su primera época eran impredecibles, tan pronto tocaban de manera vanguardista e improvisada, como se transfiguraban en una sólida banda de Rock and Roll con las mejores maneras de Creedence Clearwater Revival.

En 1982 graban su primer LP, “The Days of Wine and Roses”, un disco de inagotables matices que te atrapa y roba los sentidos, una experiencia sónica áspera como la lija, pero también con pasajes llenos de belleza, como si de una dualidad cielo-infierno se tratara, en el fondo no tan alejados entre sí. Toda una lección de lo que pueden hacer cuatro músicos con tan solo dos guitarras, bajo y batería. Guitarras que alargan el minutaje de la canción, pero no para dar salida a un virtuosismo (que no lo hay), sino para crear una atmósfera que empieza y acaba en la propia canción, unas guitarras que se entrelazan con maestría, secuencias de ritmos e inquietante Feedback a cargo de un Karl Precoda sensacional, y todo, claro está, con una actitud muy Punk repleta de frescura y espontaneidad, causa de la buena salud atemporal de este trabajo.

¿Y que hay de las canciones? No hay una sola mediocre, no hay momento malo, ni sobra ni falta nada. “Tell me when it’s over” es una gran canción Pop con potente estribillo, poderosos juegos de guitarras y una cáustica letra. “Definitely clean” es un Rockabilly asesino, frenética, brillante, no exenta de melodía, y una guitarra acústica propia de un Hank Williams en anfetamina. “That’s what you always say” comienza con el bajo poniendo orden, hasta que el muro de guitarras pasado por Fuzz rompe la tranquilidad, en llamamiento a la tierra de los sucios garajes. “Then she remembers” suena frenética, rítmica, salvaje, con un Steve Wynn fuera de si, mientras Precoda prende fuego con su notas disonantes. “Halloween” suaviza los ánimos, pero sin dejar de aplicar las hirientes guitarras en el sufrido oyente, una de sus mejores canciones que a buen seguro ha creado escuela en muchas bandas “Indies” de los 90, y como no, los solos de Precoda un homenaje continuo a la Velvet.

La otra cara del disco comienza con “When you smile”, dolorosa perla, pausada, que repta hacia las entrañas, con chirriantes malabares de acoples y distorsión, e imponente riff que electrifica hasta el último pelo de la piel. “Until lately” pone sobre el tapete las influencias Blues de la banda, empieza pausada, pero paulatinamente el ritmo crece hasta desembocar en los desquiciados gritos de Steve Wynn. “Too little, too late” es el único remanso de paz; Kendra Smith se transforma en Nico por unos minutos, llevándonos de la mano por la Factory de Warhol, mientras suena una hermosa guitarra “Slide”. El cataclismo final llega con “The days of wine and roses”, un grito desesperado y temerario, conducida por monolítica batería, un “Freak Out” improvisado en clave de salvaje Psychobilly, con una inquietante distorsión que pone a Dream Syndicate en la liga de Gun Club (por algo les produce el disco Chris D).

Tras grabar “The Days of Wine and Roses”, Dream Syndicate se embarcaron en una dura gira de invierno. Varios meses conviviendo en una furgoneta en circunstancias adversas, con bajísimas temperaturas, no contribuyeron a una armonía de convivencia entre los miembros del grupo. Primero abandona Kendra Smith y tiempo después Karl Precoda salta del barco, con lo que la indisoluble unidad se ve quebrantada y nada vuelve a ser los mismo. Continúan sacando buenos discos, pero en mi opinión, ni de lejos tan buenos como este “The Days of Wine and Roses”.

La bella “Halloween” y su frase inmortal: “no creas las cosas que ves en la TV”

Dave Bartholomew

febrero 11, 2011

Dave Bartholomew, nacido en la noche buena de 1920, no solo es un músico, arreglista y compositor de Rhythm and Blues, también representa parte importante de la cultura de una ciudad, Nueva Orleans, abierta y cosmopolita donde la música nunca para de sonar durante toda la noche, alzándose sobre el huracán y la pobreza los viejos sonidos de Blues, Jazz, Zydeco, y como no, las Brass Bands desfilando por la ciudad al ritmo de los vientos y tambores, que tan pronto guían una juerga continua como acompañan a una marcha fúnebre. John Kennedy Toole retrató magistralmente la ciudad en su desternillante novela “La Conjura de los Necios”, y más recientemente la estupenda serie de TV “Treme” hizo un buen trabajo con su particular reconstrucción de la Nueva Oreleans post-Katrina, donde todo sea dicho de paso, nos muestra a nuestro protagonista Dave Bartholomew a la altura de los dioses, respetado e intocable como merece.

Con Dave Bartholomew se puede aplicar ese refrán, “de casta le viene al galgo”, ya que procede de familia de músicos. Su padre tocaba la tuba en bandas locales de Swing y se lo lleva a los conciertos a muy temprana edad. En los años 30 una tal Peter Davis le enseña a tocar la trompeta, puede que este nombre resulte desconocido, pero si añadimos que fue el tutor del legendario Louis Armstrong, la cosa empieza a perfilarse como prometedora. Con solo 18 años Bartholomew se gana el respeto de la escena local, es contratado por la prestigiosa banda de Fats Pinchon con la que viaja por el río Mississippi, e incluso lidera su propia banda. Esto sucede entre los años 1938-41. Más adelante, con motivo de la Segunda Gran Guerra es llamado a filas, pero siguiendo su inteligencia y talento natural aprovecha la estancia en el ejército para aprender a escribir y arreglar música formalmente.

De vuelta a Nueva Orleans forma su propia banda, su prestigio local sigue en aumento, y es capaz de reunir a los mejores músicos de la ciudad, dando lugar a su legendario apodo “The Pit Man”, una auténtica mina de ora capaz de tocar cualquier cosa que se le pida, gracias de nuevo a su talento y a su eterno trabajo en equipo con sus excepcionales músicos. Earl Palmer, Frank Fields, Alvin “Red” Tyler, Lee Allen, Ernest Mc Lean, y un jovenzuelo Fats Domino, eran algunos de sus socios, versátiles como pocos, con el “culo pelado” de tocar en toda clase de garitos, constituían una sólida e irrepetible unidad, tal es así que sin ellos probablemente Bartholomew no lo hubiera conseguido.

En 1949 nuestro protagonista ficha para una pequeña discográfica (“De Luxe”) y graba como solista “Country Boy”, poniendo sobre la mesa sus influencias de gente como Louis Jordan, auténtico padre del Rhythm and Blues. Pero el momento decisivo en la carrera de Barholomew fue su encuentro con Lew Chudd, capo de Imperial Records, en un concierto en Houston. Tras el encuentro, Chudd no se lo piensa y contrata a Bartholomew al instante en calidad de A&R (cazatalentos) y productor del sello. El resto es historia, desde 1950 a 1963 fructifica una de las asociaciones más memorables de la música popular, grabando a algunos de los músicos más legendarios de la zona en los no menos legendarios estudios de grabación J&M de Cosimo Matassa, cuatro reducidas paredes por donde han pasado desde Ray Charles hasta Little Richard, pasando por Dr. John, Allen Toussaint o Etta James.

Las primeras sesiones de Dave Bartholomew para Imperial, en calidad de productor, músico y compositor, comienzan en 1950 con “3×7=21” interpretada por Jewel King, ascendiendo a un digno puesto 4 en las listas de Rhythm and Blues. Ese mismo año Fats Domino, que ya había tocado el piano en la banda de Bartholomew anteriormente, comienza su inspirada carrera en solitario, plagada de éxitos; en total más de 100 grabaciones juntos que comienzan por un fulminante “The Fat Man”, irresistible tiempo rápido listo para el baile, y de paso abre el camino para el revolucionario Rock and Roll hecho por blanquitos a mediados de los 50. También en ese 1950, Archival, mítico pianista de Nueva Orleans de gran influencia, grabó el clásico “Stack-A-Lee” convertida en standard con el tiempo, versionada hasta la saciedad (hasta los Clash hacían una entrañable referencia en “Wrong ‘Em Boyo” de su aclamado “London Calling”), y mutando en “Stagger Lee” de Lloyd Price, masivo número 1 en 1958.

En 1952 surgen las primeras desavenencias entre el capo de Imperial (Lew Chudd) y Bartholomew, y este último abandona Imperial para trabajar con otros sellos como Specialty (hogar de Little Richard y Sam Cooke en sus inicios) o Aladdin. Resultado: la mina de oro es imparable y Bartholomew sigue cosechando grandes éxitos, especialmente “Lawdy Miss Clawdy” de Lloyd Price, un bonito y relajado Blues más adelante re-interpretado por el mismo Elvis. Ante esta situación, Chudd le pide que vuelva, pero esta vez Bartholomew pone sus condiciones, alternando su trabajo en Imperial con otros sellos, proporcionándole libertad, independencia y nuevas ristras de éxitos (“I’m gone” de Shirley & Lee en 1953).

Dave Bartholomew es un avispado hombre de negocios, sustentados estos en su talento, honestidad e incuestionable sello de calidad, pero no duda en dar oportunidades a músicos de ortodoxo Blues, género que lleva en sus raíces y genes. “Big Joe” Turner, T-Bone Walker o Pee Wee Crayton son algunos de los más importantes, de nuevo de gran influencia en las caras pálidas del Rock and Roll.

Muchos sitúan el año “cero” del Rock and Roll en 1955, y Chuck Berry, Elvis, Bill Haley o Little Richard fueron algunos de sus ilustres protagonistas, y como no podía ser de otra forma, el bueno de Bartholomew formó parte del poderoso huracán musical que se llevaría por delante a la bien pensante mentalidad norte americana. “Ain’t it a shame” de Fats Domino consigue adentrarse en el mercado Pop más allá de las segregaciones raciales y prejuicios de la época, y los adolescentes de todo el país bautizan el sonido de Bartholomew y compañía como “The Big Beat”, pero el bueno de Dave no hace caso de etiquetas y él solo cree en el “Sonido Universal”.

Los años transcurren, el trabajo continua y los éxitos perduran. La lista de músicos y solistas sigue siendo espectacular, por las manos de Dave Bartholomew, en su etapa Imperial, pasan The Spiders, Roy Brown, Earl King o Chris Kenner, orgullo de Nueva Orleans gracias a incombustibles temas como “Land of 1000 dances” o “I like it like that”. Mención aparte merece el grandísimo Smiley Lewis, respetado músico de Rhythm and Blues no reconocido los suficiente, que grabó gemas como “I hear you knocking” o “One night”, está última sobre una orgía que Elvis consiguió suavizarla hasta llevarla a lo más alto de las listas de éxitos.

En 1963 termina la alianza entre Dave Bartholomew y Lew Chudd. Hay demasiados cambios: Bartholomew cesa su carrera de productor, Fats Domino ficha para ABC-Paramount y Chudd vende Imperial a Liberty records. Actualmente nuestro héroe con sus 91 años de edad goza de un merecido retiro, y aunque en 1990 entró en esa mentira llamada “Rock and Roll Hall of Fame”, me da la impresión que la labor de este hombre no ha sido suficientemente reconocida, aunque poco importa, antes que Stax o Motown uniera blancos y negros al ritmo de la música, Fats Domino y los demás contribuyeron a que el Rhythm and Blues lo bailaran todos los colores, y claro, Dave Bartholomew siempre estuvo ahí.

Morrocotudo talento de Rhythm and Blues!


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