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The Victims, "Television Addict"

marzo 25, 2011

The Victims fueron una efímera banda de Perth, Australia, que operaron entre 1977 y 1979, en pleno huracán del movimiento Punk y por extensión del Rock and Roll australiano, formado por numerosas bandas con una forma de entender la música tan peculiar como acertada, siempre con ese lenguaje sónico que les sitúa en la frontera del Detroit Rock y el Punk de Nueva York, sin olvidarse de las melodías de los añorados 60 en su vertiente más cruda y garajera.

The Victims nacieron de las cenizas de un grupo llamado The Geeks, donde tocaban James Baker y Rudof V. Mención aparte merece James Baker, batería poseído por los demonios del Punk y Garage, que formó parte en la génesis de grupos como The Scientists, The Hoodoo Gurus o The Beasts of Bourbon, todos de gran calado en este blog. El tercer miembro en discordia es Dave Faulkner, quizás no muy conocido por el nombre, pero si hablamos de los antes citados Hoodoo Gurus quizás suene algo más. Por cierto, da gusto ver que los Gurus gozan de buena salud, aún capaces de publicar excelentes discos y ofrecer intensos conciertos.

En su momento The Victims grabaron unicamente tres singles hijos de su tiempo, con sabor a Sex Pistols, Modern Lovers, Ramones o Heartbreakers. Con apenas 20 años, sus limitaciones técnicas las suplían con entusiasmo, agallas y energía, pero sobre todo con excelentes temas que aún siguen sonando en las catacumbas del Underground australiano. “Television Addict” es su tema más conocido gracias a versiones que han hecho grupos como Hellacopters o los japoneses Teengenerate, pero sobre todo en el año 2002 fue incluido en el recopilatorio “Do the Pop!”, mayúsculo doble CD que recoge lo mejor del período australiano 76 – 87.

“Television Addict” no se anda con florituras, va directo al grano, desde el primer segundo suenan las guitarras fuertes, insistentes y cercanas, como una potente descarga que penetra en el organismo pero te hace sentir bien, con esa voz descarada y expresiva, vocalizando cada frase sin pelos en la lengua, como si mañana se acabase el mundo.

“Leí las noticia el otro día
Sobre un niño que tiró
Salió y disparó a alguien
Al igual que en la serie Kojak

El sonido es perfecto, amateur, como una herida en carne viva, de intensa y adictiva fuerza bruta, que esta vez no habla de amor, ni de cambiar el mundo, habla del día a día, con toda esa violencia que se cuela en los hogares a través de los rayos catódicos de la televisión, que nos promete evasión y diversión a raudales, pero lo único que ofrece son estúpidos debates y “talk shows” con vocación para sacar las entrañas de todo el que se ponga a tiro y generar agresividad.

“Los abogados dijeron que el chico estaba enfermo
Culparon a la calificación de su delito
Dijeron que mucho sexo y demasiada violencia
La caja tonta echó a perder su mente tonta

Suenan los insistentes coros: “Adicto a la televisión, adicto a la televisión, adicto a la televisión …”, la canción transcurre inmutable, nerviosa y cortante como una cuchilla; forjada del mejor material del que está hecho el auténtico Rock and Roll: palpitante batería, urgente y venenoso “riff” de guitarra y una excelente letra tan vigente en 1978 (fecha de edición del tema) como en el presente 2011.

“Tú y yo pasamos nuestro tiempo
En frente de esta ventana al mundo
El hecho de estar viendo a Dinah Shore
No significa que necesite una operación de cirugía
No significa que mi mente se haya invertido
No significa nada

Aunque en el fondo la culpa de nuestras miserias no es de la tele, ni de los bancos, ni de los gobiernos, sino de nosotros mismos, habitantes de un mundo cada vez más enfermo que va demasiado deprisa, en una carrera humana donde todo vale, cada uno quiere llegar el primero para conseguir éxito, dinero y posición, sin importar pisar al débil, y en el medio la televisión, sedante de manipulación colectiva para calmar el vacío interior.

The Victims se separaron en 1979 para abrir la puerta a proyectos más importantes por parte de sus integrantes, pero este “Television Addict” quedará para la posteridad.

Poptopia

marzo 17, 2011

Desde que The Who a mediados de los 60 acuñaran el término “Power-Pop” de forma inocente para describir su manera de entender la música, hasta llegar a la actualidad, el género ha evolucionado hasta ser asimilado como un estilo con carácter propio, un arma de doble filo que corre el riesgo de quedar atrapado en una rígido corsé anodino y estéril. Nos encanta poner etiquetas a todo, embotellar la música en su recipiente correcto, clasificar cada disco en el apartado adecuado. Estilos y subestilos son solo palabras que se lleva el viento, el incombustible Rock and Roll va mucho más allá, vuela libre y cada uno de sus eslabones encadena su propia historia de melodía, y arroja chispazos incandescentes llenos de urgencia juvenil que moldean la canción.

Los Beatles cuando empezaron fueron continuadores de la tradición iniciada por Buddy Holly, irrepetible chico bueno del Rock and Roll, algún año después surgirían los Who, mucho más agresivos y “negroides”, pero también con un instinto innato para dar con emocionantes melodías. Pronto la lista de memorables grupos en los 60 sería inabarcable: Byrds, Easybeats, Hollies, Zombies, y por qué no, también nuestros maravillosos Brincos, son una pequeña muestra. La magia se acabaría pronto. A finales de los 60, los singles de tres minutos pasarían a quedar como nostálgicos objetos de colección, y ocuparían su lugar los LPs de grupos que tocaban con gran pericia sus canciones de 10 minutos, y se hacían llamar sinfónicos, mucho más serios, inaccesibles y distantes que sus mayores.

El incipiente Power-Pop de principios de los 70, al igual que el Glam y el Proto-Punk, surgió como una alternativa al Rock sinfónico de Yes, Genesis o King Crimson, pero a diferencia de las hordas Glam, los nuevos grupos de Pop no lucían tan emperifollados ni provocadoramente suburbiales, su estética era elegante y sobre todo reivindicaban a los grandes grupos de Pop de los 60 antes citados, pero no de un modo revisionista, el influjo de grupos como los Who claramente estaba presente, pero sus canciones tenían personalidad propia, como un hermoso monstruo de Frankestein hecho de las ricas piezas de la música popular: Country, Folk, Blues, Soul o Rock and Roll.

En 1997 Rhino Records editó un CD que recopilaba lo más notable de la escena Power-Pop desde 1972 a 1979, es decir el periodo glorioso del género, y una excusa para dignificar los excesivos años 70 gracias a las presentes canciones inmunes al paso del tiempo. Como diría Bob Dylan “jóvenes para siempre”. El CD citado se llama “Poptopia! (Power Pop classics of the ’70s)”, y con el tiempo sacarían otros dos volúmenes (de los 80 y 90 respectivamente), pero sin duda este primero es la madre del cordero, prácticamente de adquisición obligatoria si quieres disfrutar de enérgicas melodías pluscuamperfectas. Aquí se puede decir eso de “son todos los que están” aunque no “estén todos los que son”, lógicamente una hora da para poco y tiene sus limitaciones.

The Raspberries fueron de los precursores del género con Eric Carmen a la cabeza, procedían de la rasposa Cleveland y entre 1972 y 1974 sacaron cuatro seminales LPs. “Go all the way” es uno de sus grandes temas, enérgica, sensible, inocente y directa. Todd Rundgren es el genio en la sombra, ideólogo y gurú de la canción Pop, mago del estudio de grabación, sus LPs desde los tiempos de The Nazz siguen siendo tesoros a descubrir (suena “Couldn’t I just tell you”). La trayectoria del recientemente fallecido Alex Chilton es extraña como pocas, en los 60 con los Box Tops empezó haciendo Pop-Soul, su enorme chorro de voz se lo podía permitir, y más adelante a principios de los 70 forma Big Star, “ABC” de la música Pop, en su día incomprendidos, pero hoy justamente reconocidos. “September gurls” es tan bella como nostálgica, y grupos actuales como los grandísimos Teenage Fanclub les deben mucho.

Badfinger fue un grupo británico apadrinado por el mismísimo Beatle Paul McCartney, su historia fue muy complicada. Tenían todo el talento, grandes discos, pero problemas personales y managers sin escrúpulos les condujeron a un callejón sin salida. De mis favoritos, les conocí gracias a un grupo madrileño llamado Vancouvers que hacían versiones de sus temas, e incluso el mejor disco de Young Fresh Fellows (“Electric Bird Diggest”) se lo dedicaban a ellos. El grupo maldito más bello (suena “Just a chance”). Pese a todo, en la vida hay grandes placeres, y uno de ellos se llama Flamin’ Groovies, auténtica pasión para el que escribe, prototipo de banda ideal. Sus dos periodos clásicos son maravillosos, hasta 1972 con Roy Loney son una debilidad personal, pero su siguiente etapa Pop es toda una delicia, lástima que la admiración a sus iconos (Beatles, Byrds, Chuck Berry…) redundara en demasiadas versiones y menos originales, cuando muchas veces los temas propios superaban a los ajenos. Suena “Shake some action”, y cuando muera quiero que suene en mi funeral o donde sea.

Pezband se movieron por Chicago hacia 1977, en la época dorada del imperdible, publicaron “Baby it’s cold outside”, auténtica maravilla que no debería faltar en cualquier cassette de “Rock and Roll romántico” que se precie, aquél que grabas a un amigo o a una chica para decirle lo que no puedes con palabras. Escuchando esta canción de nuevo sigo sin comprender por qué la música comercial no va en esa dirección. The Rubinoos en 1978 crearon un hit en potencia, de esos para bailar hasta el amanecer con las cervezas en alto al ritmo de “I wanna be your boyfriend”, un magistral guiño a los Ramones y al “Get off my cloud” de los Rolling.

Desde mi punto de vista, sin Nick Lowe la música Pop quedaría huérfana, y no incluir un tema suyo sería punto menos que delito. “Cruel to be kind” por mucho que suene uno nunca se cansa. Una maravilla grabada junto a los imprescindibles Rockpile (otros favoritos) que llegaron a grabar un LP tan bonito como imprescindible (“Seconds of Pleasure”), pero por lo visto cuando no trabajaban en proyectos de sus miembros en solitario (Dave Edmunds y el propio Nick Lowe) las fricciones salían a relucir y la cosa no terminó del todo bien. Nick Lowe en la actualidad sigue tocando y publicando discos maravillosos, igual o mejores que los clásicos de los 70. Sencillamente el más grande.

Paul Collins puede estar orgulloso, en 1979 junto con su banda The Beat, publicó uno de los discos más excitantes de la época, canciones que llevaban marcada la melodía a fuego en sus surcos, sin una sola mala y todas claras candidatas a singles. “Rock and Roll girl” fue la más popular, pero se podría elegir cualquiera al azar y dar en la diana. En un mundo justo Paul estaría viviendo en el acomodado olimpo del Rock and Roll, pero en su lugar sigue grabando y ofreciendo sudorosos conciertos como solo él sabe hacerlo.

Por último, me gustaría recordar a los The Crépitos, un grupo de León que durante los 90 predicó en el desierto. Entre tanta música indie-pop eran prácticamente los únicos, un auténtico soplo de aire fresco, que tan pronto tocaban temas de Flamin’ Groovies o Tom Pety, como reivindicaban a los Sex Pistols o Deep Purple, pero sobre todo componían canciones tan bonitas como “3 o’clock”.


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