Archive for 29 julio 2011

Howlin’ Wolf, primera parte

julio 29, 2011

Howlin’ Wolf y Muddy Waters tienen en común varios puntos: ambos nacieron en Mississippi, tocaban, sentían y respiraban música Blues, y por supuesto fueron decisivos en el tránsito del Blues rural al urbano (con un acento más eléctrico) a finales de los años 40; pero sobre todo poseían una gran dignidad en una época difícil para los negros, que por motivos raciales casi todo lo tenían en su contra, pero no se plegaron ante nada ni nadie, fueron afortunados por hacer de la música su profesión, y aunque más adelante (hacia los 60) muchos grupos blancos se hicieron millonarios a su costa, Muddy, Wolf y tantos otros siguieron tocando hasta el final de sus días, en clubes y garitos, lejos de conseguir la acomodada posición de sus discípulos. Lástima que se les haya reconocido cómo es debido después de fallecer y no mucho antes.

En cuanto a su música, Muddy Waters sonaba elegante, desprendía clase en cada nota y estrofa que cantaba, y era, por así decirlo, más comedido y moderado en sus formas. En cambio Howlin’ Wolf era como una olla a presión a punto de explotar, su estilo era sudoroso, sexual y violento, tan imponente como sus casi dos metros de estatura y 130 kilos de peso, pero por encima destacaba su aplastante voz gutural, áspera como una lija, llena de misterio y emoción al mismo tiempo. Pero empecemos desde el principio, Howlin’ Wolf nació como Chester Arthur Burnette en 1910 en West Point, Mississippi. Desde muy joven le llaman Howlin’ Wolf por el viejo cuento de Caperucita Roja y el lobo que le contaba su abuelo. Sin tiempo para ir a la escuela, el joven Wolf trabaja las áridas plantaciones a muy temprana edad, pero al poco tiempo se niega a hacerlo y provoca las iras de su madre, de estricta moral religiosa, y le echa de casa. Sin un lugar a donde ir, Wolf se traslada a casa de su tío, pero la cosa no mejora, es maltratado continuamente hasta que un día abandona el nuevo hogar; camina más de 70 millas hasta llegar a casa de su padre donde al fin encuentra cierta tranquilidad. La figura paterna tendrá gran importancia en el joven Wolf, entre otras cosas, cuando cumple 18 años le regala su primera guitarra.

Hacia 1930 ocurriría un hecho decisivo en la vida de Wolf, un día escucha el sonido seco de una guitarra, le gusta como suena y pregunta a su autor si le puede enseñar algunos trucos. El hombre en cuestión es Charley Patton, ni más ni menos que uno de los grandes nombres del Blues del período de entre-guerras. Patton, criado en la plantación de Dockery, con sangre Cherokee en sus venas, fue uno de los Bluesman más prolíficos y decisivos de la época. Entre 1929 y 1934 grabó gran variedad de temas, que han ido marcando a una generación tras otra, incluido Howlin’ Wolf, del que siempre ha dicho ser su autor predilecto, del que hereda, o mejor dicho, aprende, su forma de cantar, así como el sentido del espectáculo, basado en un dinamismo poco frecuente en el Blues. Patton muere en 1934 a los 42 de un ataque al corazón, dejando únicamente una única y enigmática fotografía, pero sobre todo una impresionante ristra de temas, tan crudos como intensos, que a pesar de su desnudez no disminuye el impacto.

Wolf practica con la guitarra día y noche a la vez que se recorre con su maestro Charley Patton los Juke Joints de estados como Mississippi, Arkansas o Tennessee. Los Juke Joints eran antros de dudosa reputación donde los negros se reunían para jugar y divertirse, y el alcohol destilado ilegalmente corría a litros con todos los problemas que conlleva: peleas, navajas, pistolas y en ocasiones homicidios. En este ambiente Wolf dio sus primeros pasos en el mundo del Blues a la vez que alternaba el trabajo de campo. Otro encuentro decisivo fue con su cuñado Rice Miller, más conocido como Sonny Boy Williamson II, casado con su hermanastra. Sonny Boy fue un consumado e influyente armonicista, que enseñó a Wolf algunos trucos que le valieron para modelar su estilo a la armónica, y años después serían compañeros de sello en Chess records. También le influyeron mucho otros autores como Tommy Johnson, Blind Lemmon Jefferson, Lonnie Johnson, Son House, e incluso Jimmie Rodgers en su forma de cantar los “Yodels”, que constituyen una modulación de la voz típica en la música Country y Bluegrass.

Hacia 1941 Wolf es enviado a Seattle para cumplir con sus obligaciones militares, pero finalmente en 1943, por suerte, le dan la carta de libertad a causa de su incapacidad para adaptarse a la vida castrense, aunque sus frecuentes crisis nerviosas también ayudan en su prematura licenciatura. Vuelve a casa y sigue alternando el trabajo en el campo con la música, actuando en los Juke Joints y Fish Fries. En 1948 forma su propia banda, y juntos se trasladan a West Memphis, Arkansas. El grupo poco a poco se gana una reputación en la ciudad por la pirotecnia y electricidad que lanzan en sus actuaciones; no obstante Howlin’ Wolf se ha graduado en la escuela de Charley Patton y ha cogido tablas suficientes para impresionar a cualquiera que presencie sus actuaciones, y por si fuera poco, tiene un asombroso guitarrista que consigue sacar chispas de su guitarra, es ni más ni menos que Willie Johnson, pilar fundamental en la trayectoria de Wolf durante muchos años.

La fama de Wolf crece como la espuma, y es contratado en un programa de radio (KWEM) para interpretar sus temas, donde también coincide con su amigo BB King. Por otra parte, Ike Turner (establecido en St. Louis con su banda The Kings of Rhythm), que trabaja como cazatalentos para el sello de Los Angeles, RPM (propiedad de los hermanos Bihari), llega a West Memphis y presencia una actuación de Howlin’ Wolf y su banda. Automáticamente son fichados por RPM para grabar un single, y lo hacen ni más ni menos que con Sam Philips, futuro propietario de la Sun Records, que definió el sonido de Rock and Roll clásico de los 50 gracias a sus seminales grabaciones con Elvis, Jerry Lee Lewis, Carl Perkins y muchos otros. Wolf y compañía viajan a Memphis donde Sam Philips tiene su modesto estudio de grabación, el Memphis Recording Service. Como resultado, entre 1951 y 1953, Wolf y su banda graban un puñado de temas que a la larga es de lo más incendiario que ha publicado Wolf en su amplia carrera, en parte gracias a la intensidad de Willie Johnson, que sin imaginárselo, aunque de forma muy indirecta, con su sonido de guitarra distorsionado y sus acordes sacados del Swing, ya estaba adelantando los cimientos de la música Garage y Punk que vendría muchos años después.

Paralelamente, Sam Philips en esta época, antes de fundar su propio sello Sun Records, además de trabajar con los hermanos Bihari, también lo hace con los hermanos Chess de Chicago, que tenían un sello discográfico llamado Aristocrat, al que rebautizan Chess Records. Esto hace que Sam Philips ofrezca las grabaciones de Wolf a las dos discográficas, tanto a RPM como a Chess, esto desemboca en litigios judiciales entre los dos sellos por los derechos de autor de Wolf. Finalmente, tras duras negociaciones, Wolf es cedido a la Chess en 1953, hecho que pone fin a la primera etapa de nuestro hombre, que es la desarrollada en Memphis junto a Sam Philips y Ike Turner, y según el propio Philips hablando de Wolf, es el autor más excitante con el que trabajaría, y para su desgracia ve como abandona Memphis para trasladarse al Down South de Chicago, donde los hermanos Chess tienen su propio estudio de grabación en el legendario número 2020 de la Avenida South Michigan. Algunos temas de este periodo son: “Ridin’ in the moonlight”, “How many more years”, “Crying at the daybreak”, “Howlin’ Wolf Boogie” o “Mr. Highway man” por poner unos ejemplos. Todos ellos son escalofriantes ejercicios de Blues minimalista, algunos con apenas un par de notas que se repiten como un extraño mantra que libera el espíritu a base de electricidad, con una banda difícil de superar; se dice que en esa época, únicamente la banda de Muddy Waters (la clásica formación con Little Walter, Jimmy Rogers y Otis Spann) era la única que podía hacerle frente. Sea como fuere destaca por encima de todo la gutural y ronca voz de Howlin’ Wolf, que hace de cada interpretación, una pieza única, directa e inflamable, como un pequeño incendio, siempre con la tensión de una cuerda apunto de romperse, o la vena del cuello apunto de reventar. Aún así, como se verá en la siguiente parte, lo mejor estaría aún por llegar.

“Howlin’ Wolf Boogie” de 1951, siempre adelantado a su tiempo

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Rockpile & Billy Bremner

julio 19, 2011


Antes de presentar al bueno de Billy Bremner y Rockpile, conviene echar un vistazo al siguiente vídeo puesto a máximo volumen. Cuerpo y espíritu lo agradecerán.

Si no has sentido un estremecimiento, un retortijón de Rock and Roll en las tripas o un vuelco al corazón, quizás deberías hacértelo mirar, nada mejor para arreglarlo que una buena dosis de discos de Chuck Berry, Everly Brothers o Buddy Holly, pero empujados por la energía del mejor Pub-Rock, y a ser posible con una buena compañía y cerveza en abundancia.

A todo esto, el grupo del vídeo es Rockpile, grupo inglés al que todos los superlativos se quedan cortos, lo tenían todo: energía, actitud rockera, grandes canciones y tocaban como nadie sus instrumentos. Grabaron un único LP (sin contar los discos de Dave Edmunds y Nick Lowe donde colaboraron), ¡pero vaya LP!, todo un desinhibido tratado de como sentir y tocar Rock and Roll, pero con la sensibilidad Pop de los mejores maestros de los años 50 y el Mersey Beat de los 60. “Seconds of Pleasure” (así se llama su único trabajo) lo puedes regalar en bodas, bautizos y funerales, que siempre triunfarás. ¿Quién se puede resistir a temazos como “Heart”, “A knife and fork” o “When i write a book”? Descubrir este disco, sencillamente, es como volver a nacer.

Rockpile hicieron feliz a su público entre 1976 y 1981, hasta que determinados factores pusieron punto final a su memorable existencia. Se dice que cuando el grupo actuaba o grababa como banda de acompañamiento para otros, todo iba como la seda, en cambio, cuando grabaron sus canciones, empezaron a salir a la superficie tensiones y rencillas que desembocaron en la posterior separación del grupo.

Rockpile lo formaron Dave Edmunds, tremendo guitarrista, excelente cantante y autor de algunos discos imborrables. Nick Lowe, bajista y mejor cantante, dueño de una discografía intachable, empezando por Brinsley Schwarz hasta llegar a la exquisita madurez actual, con discos incluso mejores que sus clásicos de los 70. Terry Williams, siempre en el segundo plano de la batería, fue el encargado de inyectar todo el nervio que el grupo necesitaba. Tiempo después los Dire Straits le secuestraron. Por último, aunque no menos importante, está Billy Bremner, guitarrista, cantante y versátil músico que ha trabajado para un montón de gente: Pretenders, Carlene Carter, Phil Everly, y muchos más. Cuando su ocupada agenda se lo permite, graba algunos discos a su nombre. El último hasta la fecha es “No ifs, buts, maybes” del 2007. Aunque no es un disco perfecto, posee por lo menos media docena de temas ampliamente disfrutables, entre los cuales, a mi parecer, hay dos que son auténticas maravillas: “Where we still call home” y sobre todo “I can’t name them all”.

La citada “I can’t name them all” conecta inmediatamente con los irresistibles Rockpile, una canción que te atrapa gracias a su bonito riff inicial, posee un dinámico ritmo que te rodea sin escapatoria, para luego abrazarte y convencerte con ese demoledor estribillo y coros inolvidables, economizando los solos de la guitarra en favor del desarrollo completo de la canción. Casi cuatro minutos de pop clásico cortado por el patrón de delicioso Rock and Roll, que recupera como nadie el espíritu de Rockpile en su mejor época, aún sabiendo que todas sus épocas fueron buenas.

“You’re like a good book you can’t put down
you’re like a five star movie in quadraphonic sound
like a classic car or a Harley D, like a number one record or a symphony
you’re like a bouquet of roses smellin’ so fine
you’re like a young princess lookin’ so devine
image Cinderella, the belle of the ball
you’re like so many good things – I can’t name them all”

Mavis Staples

julio 12, 2011

Mavis Staples para mí es de las pocas leyendas que quedan en pie. Inició su carrera a principios de los 50 con Staple Singers, grupo familiar de padre y hermanas, con Mavis como voz solista. Inicialmente se limitaron a la música Gospel, pero desde principios de los 60 su encuentro con Martin Luther King fue decisivo, no solo en lo musical, los Staple Singers estuvieron comprometidos totalmente con el Movimiento por los Derechos Civiles, que trató de derribar las barreras segregacionistas empezando por las infames leyes de “Jim Crow”, objetivo que consiguieron pero a un precio demasiado alto. “Represión” y “estupidez humana” destrozaron la vida de muchos hermanos y hermanas cuyo único delito fue haber nacido con otro color de piel. Por desgracia parece que aún no hemos aprendido la lección.

En la segunda mitad de los 60 dicho Movimiento por los Derechos Civiles estaba en pleno auge, y propicia que la estancia de los Staples Singers en Stax records esté plagada de grandes discos que les catapulta directamente al estrellato y éxito masivo. Posteriormente, tras la banca rota de la Stax a mediados de los 70, debido a la megalomanía de un ambicioso Al Bell, los Staples van de discográfica en discográfica, pero ya no es lo mismo. Atrás quedan los días de gloria del pasado y el grupo se separa finalmente a mediados de los 80.

Mavis, la pequeña de los Staples, continúa publicando discos en solitario, pero los años ochenta no son la mejor época para estilos como Soul, Blues o Gospel. A pesar de todo, Prince, por entonces una gran estrella, echa una mano a Mavis produciendo y editando en su discográfica un par de discos que pasan con más pena que gloria. En 1996 Mavis publica un disco de gospel y espirituales tributo a Mahalia Jackson, pero no es hasta el 2004 cuando comienza el resurgir de la artista, primero con “Have a little faith” (Alligator records), pero sobre todo “We’ll never turn back” del 2007 la trae de nuevo a la actualidad musical. Es un soberbio disco conceptual sobre los Derechos Civiles, en una época convulsa donde se pisotean los derechos de un país entero como Irak, en una guerra ilegal contra el terrorismo. “We’ll never turn back” lo produce Ry Cooder, y es una deliciosa colección de temas tradicionales en su mayoría, donde la voz de Mavis desprende emoción en cada instante, y no es que Mavis Staples reproduzca un estilo concreto de música de raíces, sencillamente habla a la perfección el lenguaje del Blues, Soul y Gospel con desbordante credibilidad.

En el 2008, aprovechando el tirón de gracia de Mavis, traducido en premios, reconocimientos, buenas críticas y un montón de actuaciones, sale a la luz un disco en directo de título “Live: hope at the Hideout”. Lo que aquí se cuece nada tiene que ver con medianías ni con versiones descafeinadas de su cancionero, como muchas veces sucede en este tipo de discos. En “Hope at the Hideout” Mavis Staples juega en casa, en su Chicago natal, y triunfa por todo lo alto. Se nota que el público la quiere y la respeta, y eso hace que la cosa funcione desde el primer minuto, como un acto litúrgico lleno de alegría y belleza tocado con el dinamismo del mejor Rhythm and Blues, y propulsado por una banda en estado puro que comprende su música de manera excepcional. Tan solo un bajo, guitarra, batería, y coros ocasionales; una banda impresionante que respeta los silencios en los momentos más emocionales, y pisa fuerte cuando hay que rockear más duro, convirtiéndose en una infalible máquina de primitivo Rock and Roll. Mavis Staples disfruta cantando, y es capaz de transmitir esa sensación al oyente, parece no ser consciente de estar grabando un disco en directo, cuenta historias en un ambiente íntimo y relajado, se olvida de micrófonos para cantar a pelo, bromea, y en definitiva es capaz de crear una atmósfera llena de magia. Tal es así, que cuando termina el disco uno afirma aquello de “ojalá hubiera estado allí”.

Afortunadamente dentro de muy poco la tendremos por España, y para mí es uno de los conciertos más esperados. No siempre se tiene la suerte de ver a una leyenda viva de la música popular, y encima si el recinto es de mediano aforo, lejos de la frialdad de pabellones, la cosa promete mucho más, y más cuando esta mujer de 72 años está en uno de sus mejores momentos artísticos.

El calendario de las fechas españolas lo podéis encontrar Aquí


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