Archive for 31 agosto 2011

John Paul Keith, "The man that time forgot"

agosto 31, 2011

John Paul Keith no es nuevo en este blog. Hace un par de años pasó por aquí su majestuoso y pletórico debut, “Spills and Thrills”, y a día de hoy, por lo menos en mi caso, es un disco que aún no se ha “quemado” y suena tan refrescante y disfrutable como el primer día. Dos años después el bueno de John Paul vuelve a la carga con otra colección de canciones directas, sencillas, pero hechas con gran amor. Un amor por el Rock and Roll que se mantiene insobornable y enciende la mecha de una tradición que une Rhythm and Blues, Swing, Garage, Country, Soul o Pop. Su nuevo trabajo se llama “The man that time forgot”, y en poco más de treinta minutos John Paul Keith se merienda un gran pedazo de pastel de música americana con una colección de canciones propias, tan jugosas como la tradición musical que revive.

John Paul Keith tras una amplia experiencia musical a mediados de los 90 en su Knoxville natal, posteriormente cambia su residencia a Memphis, Tennesse, donde por lo visto está a punto de abandonar la música, pero afortunadamente, la efervescencia musical local favorece la empatía con gente como Jack Oblivian o Harlan T Bobo, y es cuestión de poco tiempo que nuestro protagonista coja la guitarra de nuevo y forme su propia banda. Afortunados nuestros oídos por tan acertada decisión.

“The man that time forgot” nos trae al tiempo presente gloriosas épocas pasadas de Rock and Roll, cuando realmente era una música popular, abierta, extravertida, un gran rito de diálogo natural con el público, mediante solicitud-respuesta, mucho antes de que el artista se ahogara en su propio endiosamiento. Pero sobre todo “The man that time forgot” crea un hilo de conexión basado en el ritmo, como antes lo hizo Fats Domino, Bo Diddley o Hank Williams, pero tampoco se limita a copiar los patrones originales de manera idéntica. John Paul Keith tiene su cancionero propio, y os aseguro que es una fuente inagotable de bienestar, son temazos como la copa de un pino que no están al alcance de muchos.

Si me preguntaran que disco es mejor, si “Spills and Thrills” o este último, no me mojaría, ambos son impresionantes, y como en su día hice polvo mi copia de “Spills and Thrills” ahora le toca sufrir lo suyo a “The man that time forgot”, y de momento me resulta imposible librarme de esas canciones. Adoro el tema que da título al álbum por su sencillez y ternura, “Never could say no” te espabila con unas palmas de lo más festivas, “Anyone can do it” es puro Bobby Fuller, el puente perfecto entre Buddy Holly y la British Invasion en los 60. “Afraid to look” engrasa el corazón con el nervio de la música de Garage. “Somebody ought to write a song about you” es una delicatessen Soul que te lleva de la mano por los estudios Ardent en Memphis en los 60 y 70, “Dry county” es un Rockabilly que seguro hace las delicias de los fans de Hi-Risers. “Bad luck baby” apunta al inmortal Buddy Holly pero con la perspectiva de la New Wave de un elegante Elvis Costello, y para coger carrerilla “I work at night” flirtea con el Swing más dinámico donde el órgano juguetón sustituye a la sección de metales. Pero que mejor que cerrar el disco con un sentido y melancólico Country como es “The last last call”, en fin, que cada uno de los temas por una u otra razón es recibido con una enorme sonrisa, y este disco debería ser de obligada escucha para las gentes de bien y de mal vivir.

Anuncios

The Mirrors, "She smile wild"

agosto 24, 2011

El ideólogo de los MC5, John Sinclair, conductor de la contracultura underground en los 60, poeta maldito, y freak del free Jazz, decía que la música tenía que contener un mensaje revolucionario. En el caso de MC5 y Stooges, a finales de los 60 dinamitaron el sistema musical, pero las promesas de Elektra records de convertirles en estrellas del Rock lo estropearon todo. Más adelante en la segunda mitad de los 70, los Sex Pistols escupían en la cara de la sociedad burguesa, haciéndose pasar por deshechos sociales en comunión con el mismísimo anticristo, y pronto se convirtieron en una pesadilla para padres y gentes de bien; pero por detrás eran Malcom McLaren y Vivienne Westwood los que movían los hilos del “monstruo”, dos simpatizantes del movimiento situacionista que finalmente convirtieron a Sex Pistols en una marca perfectamente acoplada a la demanda del mercado, que sucumbió al poder del dinero y del mercado.

Paralelamente The Mirrors, en algún lugar perdido de América (Cleveland, Ohio), tocaban Rock and Roll inflamable sin ningún tipo de mensaje explícito, el mensaje eran ellos mismos, tan solo unos pocos acordes y una enorme pasión por la Velvet Underground, especialmente de atentados sonoros como “White light/white heat”, pero con una actitud demoledora, entendiendo esta como un grito desgarrador hacia la recesión económica y el desempleo que vivía la ciudad de Cleveland desde finales de los 60, pero al mismo tiempo alimentaba una enorme creatividad llena de desesperanza y malas vibraciones, que dio lugar a una escena única y a un importante eslabón en la cadena evolutiva del Punk rock, antes de que este movimiento se catalogara como tal.

The Mirrors existieron desde 1972, y únicamente editaron un single grabado en 1975, pero no se editó hasta 1977, año en que el Punk pasaba por sus mejores momentos de popularidad. El single contenía “Shirley” como cara principal, pero es su cara B, “She smile wild”, la que deja huella: las guitarras suenan absolutamente saturadas, y la voz es como el último estertor de alguien al que rajan la garganta, apasionada como el último instante de vida, en una radical invocación a “Sister Ray” de la Velvet, hipnótica en su sencillez, y mortífera en su insano sentimiento, perfecto ejemplo del poder expresivo del Rock and Roll y claro mensaje de sintonía con los esquemas ruidistas más radicales.

The Mirrors fueron un grupo vinculado a otras formaciones de Cleveland más conocidas como Pagans, los fantásticos Electric Eels, y sobre todo Pere Ubu, donde su cantante David Thomas, les publicó el single en su sello discográfico. Más adelante el batería de The Mirrors, Michael Weldon, estuvo muy vinculado a la publicación de revistas y libros sobre películas de serie Z a través de los títulos de “Psychotronic”.

Escuchando a grupos como The Mirrors, Rocket from the Tombs o Electric Eels, todos ellos hermanos pobres de otras formaciones de culto más conocidas, uno relativiza lo escrito y quizás el premio de precursores del Rock and Roll más primitivo podría haber recaído sobre ellos. ¿Por qué no ha sido así? Imagino que demasiada dosis de realidad y ruido en estado puro les hace incómodos para salir en la foto, pero canciones como “She smile wild” valen más que mil palabras.

Howlin’ Wolf, segunda parte

agosto 13, 2011

Continuando con la entrada anterior, nuestro protagonista Howlin’ Wolf, tras grabar un puñado de influyentes temas en Memphis con Sam Philips, finalmente Chess Records gana la partida a RMP, y nuestro hombre se muda definitivamente a Chicago en 1953, para iniciar su fructífera carrera discográfica con Chess que durará hasta su muerte. Wolf cuenta ya con 44 años, y posee una extensa experiencia como músico, pero sobre todo sabe lo que es la vida y su dureza, que la dibuja con acordes de blues y su portentosa y áspera voz.

En 1954 Wolf comienza a grabar en los estudios Chess, pero ya no lo hace con su banda anterior. Willie Johnson, su tremebundo guitarrista desde hace años, entra y sale de forma intermitente, y el resto de músicos son reemplazados por los de Chess, pero no hay problema cuando se trata de gigantes de la talla de Otis Spann, Willie Dixon o Earl Philips. Durante ese 1954, ocurre un hecho decisivo en la carrera de Wolf, y no es otra cosa que la entrada del guitarrista Hubert Sumlin como miembro fijo, que con el tiempo se convertirá en una de las asociaciones más productivas del Blues eléctrico, y desde mi punto de vista, de la música popular en general.

Howlin’ Wolf y Hubert Sumlin, ya se conocían desde hacía años, cuando un adolescente Sumlin presencia uno de sus explosivos conciertos en Memphis de manera clandestina y queda profundamente impresionado. A pesar de la timidez de Sumlin, a Wolf le cae bien el muchacho, y además se entera de que toca la guitarra, hecho que años después, cuando queda un puesto libre, no duda en llamar para ofrecerle el trabajo. La relación entre Wolf y Sumlin no siempre fue fácil, ya que estuvo marcada por frecuentes broncas y encontronazos, pero hay gran cariño en el fondo, y sobre todo entendimiento y compenetración artística, que se fortalecería con el paso del tiempo.

El bautizo de Hubert Sumlin se produce con el single “Baby how long” y “Evil”, y el resultado es excelente, la primera posee un ritmo rápido-medio, mientras que “Evil” es más hipnótica y oscura, con Otis Spann dejándose los dedos al piano mientras Wolf acompaña con la armónica y canta con total poderío y firmeza. En estas primeras grabaciones el estilo de Sumlin aún no está perfilado, y se limita a una labor rítmica, dejando el peso solista para otro fenómeno de la talla de Jody Williams. Como se verá, Wolf siempre se rodeará de los mejores músicos debido a su extremo nivel de auto exigencia que le lleva siempre a dar lo mejor de si mismo, pero también a exigir la misma entrega por parte de sus músicos, lo cual le provocará no pocos quebraderos de cabeza ya que Wolf tendrá que luchar con los baches propios de la carretera (no exentos de alcohol, drogas y juego), fuente de problemas, conflictos e incluso peleas que le hacen ganarse fama de huraño y autoritario en nombre de la profesionalidad y el trabajo bien hecho, traducido en cada una de sus intensas actuaciones.

Volviendo a “Evil”, está canción es de gran importancia por qué marcará el inicio de la colaboración entre Wolf, Sumlin y sobre todo Willie Dixon. Willie Dixon fue un ex-boxeador de cierto renombre, que después trabajó para Chess records, al principio como músico de estudio, tocando el contrabajo para los distintos solistas que graban para el sello, y posteriormente ejerció de productor y caza talentos para la compañía, pero lo más importante, escribió un montón de temas que grabarían diversos autores alcanzando con el tiempo la denominación de estándares de la música popular. Quizás los temas más memorables que compuso Dixon fueron para Muddy Waters, y por supuesto nuestro hombre, sin olvidarse de Sonny Boy Williamson, Koko Taylor, Little Walter, Bo Diddley, y un montón de ellos más. Se puede decir que Willie Dixon es al blues de Chicago lo que Smokey Robinson es a Detroit, Steve Cropper a Memphis, o Dave Bartholomew y Allen Toussaint a Nueva Orleans. Es decir, gigantes entre los grandes, y de vital importancia en el desarrollo y evolución de la música.

En 1956 Wolf edita “Smokestack lightin'”, ya con Sumlin metido de lleno en la banda y la participación ocasional de Willie Johnson tan importante en los primeros años de Wolf. “Smokestack lightin'” posee un único e hipnótico acorde que se repite hasta el final, y evoca la vida en las áridas tierras de Mississippi, cuando lo único que se podía hacer era sentarse en el campo y ver pasar los trenes de noche. El tema está acreditado al propio Wolf, pero está inspirado en una vieja canción de Charley Patton que ambos tocaban en 1930 (“Moon going down”). Sea como fuere, “Smokestack lightin'” se ha convertido en uno de los pilares del Blues eléctrico que ha sido tocado y vampirizado hasta la saciedad, en especial por los grupos de Rhythm and Blues británicos que irrumpieron con gran éxito a mediados de los 60, pero sin alcanzar jamás la cota de intensidad y misterio del original. “Smokestack lighting'” fue un gran éxito en el mercado de la “race music”, y con el tiempo Wolf repitió la formula en otros temas de similar estructura como “Mr. Airplane man” (1959), “I asked for water” (1956) más ralentizada e hipnótica si cabe, o la pre-secuela “Moanin’ at midnight” de 1951.

En esta época se editarían otros clásicos fulminantes como “Natchez Burnin'”, “Sittin’ on the top of the world”, “Moaning for my baby” con Hubert Sumlin creciéndose cada vez más con la guitarra, o una tremenda “Howlin’ for my darling” que canaliza los aullidos de animal en celo de Wolf, sumándose un saxo tenor de lo más tórrido. Todas son composiciones de Wolf, que aunque sin saber leer ni escribir, plasma sus vivencias y sentimientos en temas propios. En cuanto al analfabetismo de Wolf, hay que decir que siempre estuvo en continuo movimiento, abierto a aprender continuamente, acudiendo a la escuela con 50 años, perfeccionando su estilo de guitarra tomando clases de otra gente, e incluso más adelante, empezó estudios relacionados con economía. Wolf en sus inicios quizás fuera una persona iletrada, pero más importante aún, sabia de que iba la vida, siempre con los pies en la tierra y dispuesto a evolucionar y aprender.

Como se ha dicho antes, “Evil” marca el inicio de una ristra de memorables temas compuestos por Willie Dixon, que a partir de 1960 hasta 1963 van a formar prácticamente la totalidad de las grabaciones de Wolf. Escuchar hoy día estas canciones hacen que el corazón se acelere, las pupilas se dilaten, y tú cabeza explote. El estilo de Hubert Sumlin a estas alturas está perfectamente consolidado, su guitarra suena afilada como un cuchillo cortante, y escuece como un látigo golpeando tus sagradas partes. En definitiva Wolf sabe como piensa Sumlin, y viceversa, hay compenetración absoluta, y esto se traduce en una forma de tocar el Blues de una manera totalmente única e innovadora, y sin tan siquiera saberlo cambiarían la forma de entender el Blues, y de la música popular en general. Con estas grabaciones ya nada sería lo mismo.

Lo mejor de todo, es que el repertorio de este período clásico se puede localizar en cualquier parte. Incluso en una gasolinera de mala muerte te puedes encontrar una selección con lo mejor de este período a precio de saldo donde no pueden faltar “Wang Dang Doodle”, “Spoonful” y “Back door man”, todas de inusitada fuerza. Es imposible no rendirse a la electrizante fuerza de “Wang Dang Doodle”, un zumbido con Wolf en trance y la banda despidiéndose del mundo como si fuera lo último por hacer. “Spoonful” realmente es la adaptación totalmente renovada de otro viejo tema de Charley Patton (“A spoonful blues”), donde pone sobre el tapete la temática de las drogas duras, y por cierto, la apabullante guitarra solista se dice que está doblada por el increíble Freddy King. “Back door man”, es la pata del taburete que falta, de nuevo tremenbunda, con ese irresistible intercambio de notas de piano y acordes de guitarra que harían ruborizarse a cualquier musicólogo, y una letra totalmente genial sobre infidelidades, polis y asesinatos en primer grado.

A este período pertenecen también “Down in the botton” y “The red rooster”, esta última de nuevo otra puesta al día de otro tema de Patton. “Down in the Bottom” posee un riff de guitarra supremo que te lanza directo a la juerga de la barra de algún bar, “The red rooster” es más pausada e hipnótica, pero también más incisiva y sexual, una joya sin adulterar que constituye una de las mejores interpretaciones de Wolf. Por cierto en estos dos temas el propio Wolf toca la guitarra Slide con aplomo y sabiduría. En cuanto a la faceta de guitarrista de Wolf, siempre ha estado ausente o en un discreto segundo plano, siendo conocida más la de armonicista, pero según decía el propio Willie Johnson, era un magnífico guitarrista que no necesitaba a nadie. Otras joyas del período Dixon son “Shake for me”, “You’ll be mine”, “I ain’t supertitious”, “Tail dragger”, “Three hundred pounds of joy”, o las no menos incendiarias “Built for comfort” o “Do the do”, está ultima menos conocida pero un favorito personal, por su título capicúa, por su indecente saxo, y por la personalidad que imprime Wolf en el tema.

A pesar de los sensacionales temas que Willie Dixon le proporciona a Wolf, este no está contento con la situación, y quiere volver a grabar sus propias composiciones. Por otro lado, la relación entre Dixon y Wolf queda lejos de la cordialidad, y a partir de 1964 Wolf desgraciadamente deja de grabar los temas de Willie Dixon. Otro hecho significativo en este 1964 es el de su boda con la que sería su segunda mujer, Lilly, que acompañará a Wolf hasta su muerte. Por si fuera poco, añadido a la estabilidad sentimental y a su mejor momento artístico, en 1964 Wolf viaja por primera vez a Inglaterra donde es recibido como un Dios. Son muchos los grupos y solistas que le rinden sus respetos (y han tocado sus canciones) : Rolling Stones, Eric Clapton, Beatles, Animals, Spencer Davis Group, y muchísimos más. Todos los halagos están muy bien, pero mientras que sus colegas del otro lado del Atlántico viven una acomodada vida de estrellas, Wolf tiene que dejarse la piel en cada concierto para ganarse la vida.

Como se dijo más arriba, la asociación entre Dixon y Wolf llega a su fin en favor de tocar sus propios temas. Si bien no son tan explosivos como los de Dixon, sigue manteniendo el nervio y la tensión. Además, como soporte a la labor única de Sumlin como guitarrista, en esta época aparece la figura de otro guitarrista clásico del Blues de Chicago, ni más ni menos que Buddy Guy. Juntos graban otro de los puntos álgidos en la carrera de Wolf, “Killing floor”, otra joya al que el calificativo de obra maestra se le queda corto, la voz suena más segura que nunca, y el muro de guitarras golpea sin piedad con ese sonido nítido y cortante, y de fondo se acoplan unos saxos que añade consistencia a semejante barbaridad.

A mediados de los 60 Wolf anda ya por los 55 años, y como es ley de vida su salud se empieza a resentir, pero nada de esto afecta a su carrera profesional, y muy pocas veces tropieza con la mediocridad, siempre da el cien por cien, incluso cuando al final de sus días, con tres ataques al corazón a cuestas, y sus riñones dañados que hacen que tenga que recibir diálisis un día sí y otro no, y saltándose las órdenes de médicos sigue actuando y grabando hasta casi el día de su muerte. En 1966 por ejemplo, graba “Commit a crime”, de nuevo absolutamente fantástica, otra vez los chispazos eléctricos de Sumlin saltan en la oscuridad, la voz de Wolf como siempre pletórica, sección de ritmo apabullante, un único acorde pero infinito universo de posibilidades. Más adelante en 1968, por una maniobra de los hermanos Chess de modernizar el sonido de Wolf, graba un álbum con pinceladas psicodélicas adaptado a la época hippie del momento. En su mayor parte son re interpretaciones de sus temas clásicos con efectos de distorsión del tipo Fuzztone o Wah-Wah’s. Como resultado el propio Wolf reniega del disco desde el primer instante, literalmente se refiere al disco como “mierda de perro”. La verdad que escuchándolo no es mal disco, pero es cierto que tanto efecto suena sobre cargado para las maneras sobrias de Wolf.

LLegamos a 1970 y en ese año Wolf sufre un accidente de automóvil que provoca que sus riñones se dañen todavía más, aún así ese mismo año vuela a Inglaterra para grabar las “London Sessions” con músicos de Rhythm and Blues británicos. Con la ayuda de Steve Winwood, Eric Clapton y algunos de los Rolling Stones, re graban algunos de sus temas clásicos, pero sin alcanzar el incendio que provocan los originales, de todos modos sigue siendo un disco de Howlin’ Wolf con la garantía de calidad y diversión que supone.

Transcurren los años y a pesar de la precaria salud de Wolf, este sigue grabando y actuando como si nada, pero en 1976 tras complicaciones renales finalmente fallece. Tan solo un mes antes había ofrecido uno de sus memorables conciertos, como si tal cosa, pero incluso los más grandes tampoco salen vivos de este agujero. Ley de vida.

Algunas interpretaciones memorables del cancionero de Wolf:

Link Wray, “Hidden charms”, el auténtico psicópata de la distorsión, pisándole los talones a Hubert Sumlin.

Q65, “Down in the bottom”, versión acelerada que acerca el Rhythm and Blues al concepto Punk de los 70.

Dion, “Spoonful”, el dios del Doo Wop neoyorkino lo estaba pasando mal con sus problemas con la heroína, y está versión habla por si sola. Larga vida a Dion DiMucci.

The Rolling Stones, “Little Red Rooster”, como siempre geniales (bueno, casi siempre), y la slide de Brian Jones echa chispas.

Little Feat, “Forty Four Blues/How many more years”, increíble homenaje de una de las bandas sureñas más conmovedoras de los 70.

The Rationals, “Smokestack lightin'”, para muchos una banda menor, para mi increíbles. Larga vida a Scott Morgan.

The Gun Club, “Cool drink of water”, está basada en “I asked for water”, y forma parte de “Fire of love”, todo un tratado sobre Blues rural, Punk, magia negra, muerte y pecado.

Eilen Jewell, “How Long”, vale no es de Wolf y la dulce voz de esta chica se aleja totalmente del estilo, pero aquí hay más groove y Howlin’ Wolf que en toda la discografía de Tom Waits.

De regalo un vídeo con Wolf actuando ante unos emocionados Rolling Stones allá por 1965 cuando eran unos jóvenes fanáticos del Blues.



A %d blogueros les gusta esto: