Archive for 27 enero 2012

Eddie and the Hot Rods

enero 27, 2012

Eddie and the Hot Rods supieron como pocos prender la mecha del Rock and Roll más certero, sin concesiones a complejas circunvoluciones sinfónicas, y azuzando el discurso del Soul y Rhythm and Blues norteamericano, mezclado con la energía Mod de padres adoptivos como The Who o Small Faces. Desde principios de los 70 en Inglaterra se coció a fuego lento una incorruptible escena iniciada por Brinsley Schwarz, que reivindicaba el Rock de raíces, con un espíritu comunal semejante a The Band, siempre a su aire y dando la espalda al presente musical de la época. Tan solo unos años más tarde los Dr. Feelgood ensancharon el surco, inyectando a la escena un eléctrico y sudoroso Rhythm and Blues que copó las listas de éxitos del país. Este hecho animó a un montón de chavales de todo el país a formar su propia banda, y pronto se creó en Inglaterra un circuito de Pubs que acogió a todos estos grupos de diverso pelaje, dando lugar a lo que se bautizó como Pub Rock, quizás uno de los movimientos musicales más honestos que hallan existido.

Una de las más notables bandas que surgieron estimulados por la movida iniciada por Brinsley Schwarz y Dr. Feelgood, fueron Eddie and The Hot Rods allá por 1975. Simplificando un poco el asunto, si los Brinsley sonaban más Country o Folk, o los Feelgood eran más del Rhythm and Blues, Eddie and The Hot Rods, sin obviar la influencia de sus padrinos, abrían una vía mucho más Punk que transitaba por el “garage” sixties y un musculoso Proto-Punk deudor de las hordas del “Detroit sound”. Los Hot Rods procedían de Southend, Essex (Inglaterra), y estaban formados en sus inicios por Barrie Masters (cantante), Dave Higgs (guitarrista y compositor de la mayoría de los temas), Paul Grey y Steve Nicol (bajista y batería respectivamente). Su ascenso fue rápido, y durante la primera época el grupo alcanzaron cierta notoriedad. En 1976 lanzaron un EP de cuatro canciones con versiones de ? and the Mysterians, Them, Stones y Bob Seger, grabado en directo en el mítico Marquee londinense, que incluso logró ascender a las listas de éxito, pero lo mejor estaba por llegar.

Ese mismo año de 1976, Eddie and the Hot Rods publican un fulminante primer LP, “Teenage depression”, que sintetiza a la perfección el arte escapista del Rock and Roll que implica energía, inconformismo, juventud, diversión, descontrol y volumen. Una auténtica patada en el culo al aburrimiento y a la desfachatez de un mundo adulto y cínico, bienpensante e hipócrita. “Teenage depression” es una fiesta continua regada por borrachuzos proyectiles que se alojan en la cabeza y provocan una agradable resaca de Rhythm and Blues; Suena su rendición del “Show me” de Joe Tex y uno se da cuenta de donde vienen los primeros Enemigos; casi tan buena es una ultra acelerada versión del “Shake” de Sam Cooke, a su bola pero respetuosa. “All i need is money” es un Rockabilly cazurro y cabezón, descarado y directo al hígado. “Get across to you” comienza feroz, con una entrada de batería que corta la respiración. “Horseplay” acelera el pulso con castigadores riffs a lo Bo Diddley, e incluso sus incursiones más Pop funcionan de maravilla: “Been so long” o “Why can’t it be?” son perfectas, el gancho de su estribillo logra extraer jugos con sabor a contagioso Pop clásico. El disco cierra con la extensa “On the run”, reminiscente de los MC5, llena de furiosos riffs de rabia adolescente. Pero si algún tema merece el calificativo de himno, es “Teenage depression”, pegadizo pelotazo de confusión adolescente alimentado de la energía del Rock and Roll más básico, con los amplificadores achicharrando neuronas, y el tocadiscos sudando electricidad. Mención aparte merece la impactante portada del disco, una foto real de un adolescente que sujeta una pistola apuntando directamente a su cabeza antes de apretar el gatillo.

“Teenage depression” tuvo buena acogida de público; además en 1977 el Punk estaba firmemente asentado en Inglaterra, y Eddie and the Hot Rods en cierta manera fueron profetas gracias a su energía y desenfadada actitud; Pero al mismo tiempo estaban en tierra de nadie, eran demasiado punkies para los pub-rockers, demasiado rockeros para los punkies, y tampoco se ajustaban al corsé de la emergente New Wave de Graham Parker o Elvis Costello, con un sonido más refinado. A pesar de todo los Hot Rods continúan su imparable camino.

Con la ayuda de Graeme Douglas, guitarrista de los Kursaal Flyers (otros ilustres pub-rockers), graban un segundo LP, “Life on the line”, para muchos su mejor disco. En general “Life on the line” pierde un poco de la inmediatez de “Teenage depression”, pero gana en madurez con unos temas más pulidos. En esta ocasión explotan su lado más pop, pero sin abandonar la energía del primer disco, incluso superándola gracias al aporte de las guitarras de Graeme Douglas. “Do anything you wanna do” y “Quit this town” abren el disco como un torbellino, dos perlas incuestionables de explosivo Power-Pop con categoría de himno que escalan las listas de éxito. Tampoco faltan el Rock and Roll marca de la casa (“Telephone girl”, “Ignore them”), ni profecías del negro futuro de la banda, como una tremenda “Beginning of the end”, cortante y definitiva como la soga al cuello de la portada. En definitiva, Eddie and the Hot Rods logran un disco sobresaliente, digno hijo de su época, y de nuevo con buena acogida de público y crítica.

El tiempo se escapa, y en 1979 el Punk ya es un movimiento inofensivo y perfectamente masticado por la industria, y lo peor de todo, vive en un estado terminal y cada vez más desfasado. De nuevo el sistema ha ganado, y la subversión inicial del Punk se evapora, formando parte de la historia como algo anecdótico. Este hecho afecta a los Hot Rods, a pesar de no ser estrictamente Punks, y su contrato con Island records lo finiquitan con “Thriller”, otro estimable trabajo en la línea de su anterior (“Life on the line”), pero que pasa completamente desapercibido a pesar de contener himnos de vibrante Power-Pop (“The power & glory”), estribillos con gancho (“Echoes”), y canciones simplemente maravillosas (“Circles”) a la altura de sus mejores momentos; y por supuesto tampoco faltan sus pistonudos guitarrazos de Rock and Roll clásico (“Out to lunch”, “Living dangerously”), ni toques de festivo Soul (“Breathless”). Al final las escasas ventas de “Thriller” dejaron a los Hot Rods en la puñetera calle a pesar de no bajar su nivel de calidad.

En 1980 Eddie and the Hot Rods están tocados por la mala suerte, su destino está escrito, y parecen ser transparentes para el público (cuanto daño hacen las modas). A pesar de todo les ficha EMI y graban un último disco antes de su separación definitiva. “Fish & Chips” comparado con sus trabajos anteriores es una anécdota, principalmente por un raquítico sonido sin alma, que no hace justicia al grupo. Lo más gracioso es que el disco lo produjo Al Kooper, que entre otras cosas grabó con Dylan, Hendrix, Rolling en el pasado, y produjo los memorables tres primeros LP’s de Lynyrd Skynyrd, pero en el caso de “Fish & Chips” destroza las canciones, a pesar de tener cosas tan estimables como “Wide eyed kids” o “Farther on down the road” de Taj Mahal.

A partir de aquí el resto es historia. Algunos miembros de los Hot Rods se fueron con los fantásticos The Imnates, otros con The Damned, y el resto como todo el mundo, a sobrevivir toca. Durante los 90 el grupo se juntó y separó, y en la actualidad siguen tocando con su cantante Barrie Masters como único miembro original, pero eso ya es otra historia muy alejada de sus comienzos, cuando su música era enérgica y transmitía diversión e inconformismo, y sobre todo grabaron unos cuantos LPs que gozan de una digna madurez en la actualidad.

“Horseplay”, con el pendenciero Lew Lewis a la armónica

The Limiñanas

enero 24, 2012

The Limiñanas vienen de Perpignan (Francia), son Lionel y Marie, una entrañable pareja aficionada a las viejas películas “Noir”, la estética Mod, el Pop francés de Serge Gainsbourg o Françoise Hardy, la Velvet Underground, los Kinks, y en general casi todo lo que huela a los años 60, la época suprema de la música Pop por excelencia. Si a esta mezcla le añadimos algunos ingredientes de Garage-Punk de grupos como los Seeds y guitarras Fuzz, además de referencias más modernas como Stereolab o los recordados Lolitas, uno se puede hacer una idea a que suenan The Limiñanas, pero siempre con la bendición del gurú Billy Childish y su filosofía del “hazlo tú mismo”, apuntando a lo más alto desde la diana de lo inmediato.

The Limiñanas tienen hasta la fecha un LP de título homónimo, publicado en el estupendo sello de Chicago Trouble in Mind records. Alternan canciones en francés con alguna en inglés. Definitivamente el francés tiene una sonoridad sexy y cautivadora. Su sonido es sólido y atrevido. Saben crear texturas y ambientes que te trasladan a los 60 como si de una maravillosa máquina del tiempo se tratara, y podían ser la banda sonora ideal para alguna avanzada película de Truffaut o Godard. Cierto que no disimulan su fascinación por el pasado, pero lo hacen sin complejos y con guiños al presente, sonando deliciosamente “retros” y modernos al mismo tiempo.

En su debut, The Limiñanas despliegan una colección de canciones artesanales ricas en arreglos, donde experimentan con múltiples y exóticos instrumentos; en su colorida escala cromática cabe mandolina, teclados, armónica, sitar, e incluso Theremín. Cada canción la miman como a la niña de sus ojos, unas veces suenan como una infecciosa banda de “garage”, otras se adentran en la Psicodelia con un marcado acento Pop, e incluso interpretan algún precioso tema al más puro estilo de la Velvet, pero siempre con la melodía por delante. The Limiñanas no esconden ningún secreto, nos enseñan las cartas de su época musical favorita, los 60, pero lo hacen a su estilo, de forma concisa, directa, y sobre todo muy fresca y divertida, que es de lo que se trata. Es una gozada dejarse seducir por un disco tan cuidadoso con los detalles y evocador de un época, hecho con mimo y cariño, que bien merece el desembolso de lo que vale el plástico, en una época difícil para el negocio discográfico.

The Limiñanas aparte de excelentes artesanos de canciones, son una alucinante banda de directo. En verano del 2011 ofrecieron una gira por USA, y para dejar constancia de su solvencia en los escenarios, grabaron un mini-concierto de media hora para una emisora de New Jersey llamada FMA, donde suenan realmente bien. Aquí dejo el enlace para quién le interese. Además os podéis bajar el concierto totalmente gratis. Buen provecho.

Pincha aquí y disfruta

Don Covay, "See-saw"

enero 17, 2012

Hay gente destinada a la gloria de la fama y del reconocimiento, en cambio otros pasan desapercibidos y son transparentes para público y crítica. Don Covay es de estos últimos. A pesar de tener un glorioso pasado desde los 50, colaborando con Little Richard o Jimi Hendrix, o componer alucinantes temas para Otis Redding, Etta James, Wilson Pickett, Solomon Burke y un larguísimo etcétera; e incluso ser reverenciado por la ola británica del Rhythm and Blues de los 60, como Rolling Stones o Small Faces, nunca ha obtenido el reconocimiento que se merece.

Pero por encima de todo están sus discos donde Covay demuestra, aparte de sobresaliente compositor, ser un intérprete de lo más solvente, gracias a una cálida voz y a una inmediatez que hace de sus LP’s toda una experiencia auditiva llena de optimismo y paisajes de memorable Soul y jugoso Rhythm and Blues.

Como uno se considera un incurable enfermo de los discos y del Rock and Roll, descubrir “See-Saw” demuestra que todavía se pueden escuchar trabajos del pasado capaces de sorprender, y es que más allá del espacio y tiempo, es una gozada encontrarse con discos tan buenos y bien equilibrados, entre temas bailables y conmovedoras baladas Soul. “See-Saw” fue editado originalmente en 1966 por Atlantic records, y constituye una intachable colección de singles de la época, todas composiciones propias de Covay grabadas la mayoría en los estudios de la Stax en Memphis. Sencillamente una joya que no admite imitación.

“See-Saw” se ventila en media hora doce temas que no dan opción al aburrimiento. Qué gozada estos discos que no duran más que un suspiro, pero son capaces de expresar toneladas de alegrías y emociones. Es la magia de la música que rinde tributo al mejor Gospel pagano, Soul y Rhythm and Blues de garito. “See-Saw” es una colección de canciones al servicio del placer, diversión y la felicidad, todas ellas tan fáciles de digerir como bien ejecutadas, dejándose ver en cada surco las trazas de la Stax, bien por la guitarra de Steve Cropper, los vientos de los Memphis Horns o la irrepetible batería de Al Jackson. Es imposible que cuando suenan preciosidades como “Everything gonna be everything”, “Please do something” o “I never get enough of your love”, no toquen la fibra sensible; mientras que los surcos de “Fat man” o “The boomerang” llevan irremediablemente a la pista de baile; y como no hay pastel sin guinda, aquí tampoco faltan memorables éxitos como “See-saw”, “Sookie, sookie” o “Mercy, mercy”, esta última inmortalizada por autores de diverso pelaje.

Don Covay sigue vivo y bien, y desde luego merecería ser recuperado a la palestra musical con bríos renovados, como ya se hizo con Johnny Cash, Solomon Burke, o más recientemente con Wanda Jackson o Mavis Staples, que en la actualidad disfrutan de una merecida segunda juventud. El bueno de Covay no publica disco desde el 2000, y todavía estamos a tiempo de situar a este hombre en el lugar que merece.

“Mercy, mercy”


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