Paul Revere and The Raiders, primera parte

La historia de Paul Revere es la historia de un sueño americano, el de un joven que en los años 50 hizo fortuna, y con solo 21 años ya era propietario de dos peluquerías y un restaurante. Pero el círculo aún no estaba cerrado, su auténtica pasión era la música y Paul Revere era ambicioso y apuntaba alto: soñaba con ser tan grande como su ídolo Jerry Lee Lewis. Tocaba el piano noche y día, montó su propia banda, y pronto llamó la atención de Mark Lindsay y Smitty, dos carismáticos adolescentes nacidos para ser estrellas, con más actitud que aptitudes, pero que irían brillando con personalidad y forjando la leyenda de Paul Revere and The Raiders.

Para comprender los orígenes de Paul Revere and The Raiders es necesario hablar de The Wailers (nada que ver con Bob Marley), grupo instrumental de finales de los 50 muy popular en estados como Washington y Oregón, con un estilo muy centrado en el Rhythm and Blues más primitivo y genuinamente negro, cuyas “contaminadas” canciones dejarían mancha imborrable en estilos como el Garage o Punk, y serían inspiración fundamental de grupos como The Sonics, y por supuesto Paul Revere and The Raiders.

A principios de los 60 nuestros protagonistas ruedan por los garitos de Portland, se hacen con cierta reputación, y pronto les surge una oportunidad de grabar. El primer disco de Paul Revere and The Raiders es una colección de instrumentales pasados por la filtro de The Wailers, aunque sin llegar a su nivel de intensidad, pero con estimables temas como  “Like long hair” o “Like charleston”, muy orientados al baile y a la diversión, con unos vibrantes diálogos entre piano y saxo, pero un disco poco relevante en comparación con lo que vendría después.

Aprovechando el talento vocal de Mark Lindsay, el grupo da un giro de estilo en favor de unos temas cantados de Frat-Rock, destinados a animar bailes de escuelas y universidades a base de sencillas y festivas canciones de Rock and Roll. Durante principios y mediados de los 60 surgieron montones de estos grupos, pero Paul Revere and The Raiders tenían algo especial que les diferenciaba. Incluso las versiones de las típicas canciones de éxito las interpretaban de manera muy personal, como se puede apreciar en “Here they come!” del 64, con una desmadrada cara en directo, y otra de conmovedores medios tiempos. Además se encuentra una de las mejores interpretaciones de “Louie, louie”, anterior a la de The Kingsmen, y en la línea de sus queridos The Wailers.

“Here they come!” es el primer disco que Paul Revere and the Raiders graban para Columbia y marcará el inicio de su etapa con Terry Melcher. Éste, aparte de ser hijo de la actriz Doris Day y una influyente figura dentro de la escena musical californiana, es un reputado productor que domina las técnicas de grabación, y además colaborará activamente en el desarrollo estilístico del grupo, así como en la composición de algunas de sus mejores canciones. En 1965 graban “Just like us”, esta vez muy influido por los grupos británicos de Rhythm and Blues, que a su vez abrirían la puerta a los miles de maravillosos grupos del Garage americano, armados de pedales Fuzz e instrumentos Vox. Entre un montón de (excelentes) versiones ajenas, en “Just like us” destaca la canción que da título al álbum y “Steppin’ out”, ambas piedras preciosas de Garage clásico que no han perdido vigencia.

Es a mediados de los 60 cuando Paul Revere and the Raiders alcanzan gran popularidad nacional gracias a su aparición en el programa de televisión “Where the action is”. El grupo gana en fama y dinero, pero a largo plazo, ni los ridículos trajes coloniales, ni los playbacks, ni las histriónicas actuaciones les harían ningún bien, y desde mi punto de vista han restado importancia a la grandeza del grupo. Aún así la música no engaña y es fiel testimonio.

1966 es el año de Bob Dylan, Beach Boys o The Byrds, pero también el de “Midnight ride”, para mi uno de los grandes discos de los 60. En menos de media hora se ventilan una colección de canciones insuperables, pasadas por las poluciones nocturnas del Garage, con leves motas de Psicodelia políticamente correcta, y en consonancia con la enorme influencia de los Beatles que ponen en el mapa de todo el mundo la melodía perfecta. “Midnight ride” al contrario que sus trabajos anteriores, está compuesto en su mayoría por originales (excepto su tremenda versión de “I’m not your stepping stone”). Resumiendo, si no conoces “Kicks”, “Get it on” o “Ballad of a useless man”, y tienes un mínimo de sensibilidad Rockera, ¿A que esperas para conseguir esta maravilla?.

No menos maravilloso es “The Spirit of ’67” también de 1966, y la máquina no parece detenerse. Si “Midnight ride” es su “Rubber Soul” particular, este “Spirit of ’67” es una especie de “Revolver”, con algo más de Psicodelia, e incluso brochazos de música árabe, pero con sus proyectiles de Garage característicos, y la voz solista de Mark Lindsay que convierte un tema Pop en una explosión de música Soul. “Spirit of ’67” es más atrevido, e incluso experimental, y quizás carezca de la solidez de “Midnight ride”, pero en sus surcos hay grandes momentos de Pop atemporal.

“Revolution!” de 1967, para no perder las buenas costumbres, es otro cenit creativo, y pone de manifiesto más que ningún otro disco de Paul Revere and the Raiders el genio de Terry Melcher, consiguiendo un sonido elaborado y fresco a la vez, y demuestra que grabar un buen disco no es tarea fácil, ni está al alcance de cualquiera, y que reivindicar al productor como uno más del grupo no es descabellado, y más cuando es co-autor de joyas como “Him or me”, “Mo’reen” o “Tighter”… Y es que cuando suena el inicio de “Him or me” a todo trapo, si no sientes un vuelco al corazón es que algo va mal. Pocas veces se ha trasladado tan bien a la industria del espectáculo la música Pop, con canciones tan enérgicas, bonitas y al mismo tiempo aptas para todos lo púbicos.

Hasta aquí llega la colaboración entre Terry Melcher y Paul Revere and the Raiders, cerrando una etapa gloriosa e iniciando otra quizás no tan brillante, pero igualmente llena de grandes momentos en ocasiones infravalorada, pero digna de reivindicación que dejamos abierta para otra próxima entrada.

“Him or me”

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