The Blasters, “Hard Line”

Al igual que en el último post, permanecemos en la misma época y lugar: finales de los 70, principios 80 en Los Angeles, California. Además de los punks tratados anteriormente (con mención de honor a Angry Samoans), había otras corrientes rockeras en California, como el Pasley Underground o el emergente Nuevo Rock Americano, más centrado en las melodías y Garage de los 60 (la primera) y en el Rock de raíces adaptado a los tiempos (la segunda). A uno que tiene una imagen romántica (e ingenua) del asunto, le gusta pensar que esas tendencias no estaban enfrentadas, sino que se complementaban y convivían sin problema. En el núcleo de la “bomba de neutrones” quizás se pudiera vislumbrar un hipotético bar donde alternaran un desfile de grupos variado: Black Flag, Dream Syndicate, Los Lobos, Rain Parade o Nervers, tan alejados en las formas como próximos en las inquietudes de recuperar el rock más puro, cada uno a su manera.

Imaginemos que en nuestro bar tocara algún grupo en directo, eso no podía faltar. Un buen grupo de Rock and Roll que animara la velada y también al personal a empinar el codo hasta el amanecer. No se me ocurre mejor opción que los Blasters, otros californianos de excepción, más próximos al espíritu de banda de Bar, y también más fieles al Rock and Roll clásico. Ellos mismos se auto-definían en su tema “American music”:

“We got the Louisiana boogie and the delta blues / We got country, swing and rockabilly, too / We got jazz, country-western and Chicago blues”

Los Blasters a pesar de su estilo añejo propio de épocas pasadas, no eran un anacronismo de la escena californiana. Eran un grupo del momento que no miraba hacia atrás con nostalgia, más bien tomaron nota de la energía Punk del momento, que se reflejaba no tanto en el volumen de los amplis, como en sus canciones directas y sudorosos conciertos, pero siempre con un absoluto respeto hacia sus raíces de la música americana tradicional.  No obstante, los hermanos Alvin y el resto de los Blasters, tenían más lazos en común con colegas de generación como X o Gun Club que, por ejemplo, con los tristones cantautores.

La discografía de los Blasters es breve pero sustanciosa. Editaron cuatro discos con la formación original, se disolvieron a mediados de los 80, y en los 2000 volvieron, primero con la formación clásica y luego sin Dave Alvin, alma del grupo. Pero puestos a elegir, de entre todas sus referencias destacaría el último disco “Hard line” del 85. Quizás no tenga la espontaneidad de sus primeras obras, y la producción sea demasiado nítida a la búsqueda de algún bombazo directo a las listas de éxitos, pero las canciones funcionan de maravilla. Desde mi punto de vista, Dave despacha las mejores composiciones (aunque sin llegar a la cima de “American music”), y su hermano mayor Phil canta mejor que nunca. La verdad que “Hard line” lo tenía todo para arrasar: una producción comercial cuidada del prestigioso Jeff Eyrich, canciones pegadizas pero de gran calidad, e incluso colaboraciones de lujo como The Jordanaires (grupo vocal de Elvis), Stan Lynch (batería de los Heartbreakers de Tom Petty) o John Cougar (que les cede un maravilloso tema). Al final las expectativas se difuminaron, y “Hard line” se convirtió en carne de cañón de cubetas de discos de a 1 dólar. Quizás el problema fue que los Blasters no empeñaron su alma de Rock and Roll a los siniestros mercaderes del espectáculo, en favor de defender su integridad artística con uñas y dientes, que les llevó a una prematura separación. Pero al final el tiempo, siempre sabio, les ha dado la razón, y actualmente los Blasters están en el corazón de muchos.

A pesar de todo, vale más la dignidad que toda la pasta del mundo, y los Blasters lo saben bien. Por eso sus discos siguen sonando tan bien, y “Hard line” en concreto, es un modelo de integridad y orgullo, que no renuncia a llegar a un público más amplio (o al menos intentarlo). “Hard line” es un respetuoso tratado de música americana donde hay lugar para el Rhythm and Blues vocal (“Trouble bound”), animado Cajun de Lousiana (“Hey, girl”), Gospel desnudo y musculoso (“Samson and Delilah”),  Rock pantanoso de lo más enrollado (“Dark night”), desmadrado y sencillo Rock and Roll (“Rock and Roll will stand”), e incluso Rock de FM (“Colored lights”) que en un mundo justo sería número uno en todas las emisoras de los 40 principales del mundo… Y así hasta llegar a las 10 canciones, cifra que pone nota a un disco de los que ya no se hacen.

Esta entrada, como no podía ser de otra forma, va dedicada a Phil Alvin que esperemos se recupere pronto de su enfermedad.

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