Archive for the ‘UK’ Category

The Hitmen, “Aim for the feet”

agosto 3, 2012

No hay nada mejor que reencontrarse con viejos discos olvidados, que llevan acumulando polvo en la estantería durante años, y que un día recuperas sin ninguna razón y de repente pasan a absorber toda la atención. Es el caso de “Aim for the feet” de The Hitmen, un disco que en su día confundí con algún otro de la banda homónima australiana, mucho más contundentes, en la línea de grupos como Radio Birdman o New Christs, que hacían un Rock and Roll de Garage con esencias High Energy.

En la confusión, de los “otros” Hitmen procedentes de Inglaterra, esperaba energía, volumen y grasienta contundencia, y en su lugar encontré Pop bajo en calorías, con una producción demasiado pulida, y para colmo de males, poseía algunos irritantes teclados y sintetizadores tan típicos de los 80. Tal fue la decepción, que después de la segunda escucha, el disco quedó condenado al rincón más oscuro de la estantería, a la espera de encontrar un enemigo a quién regalárselo, o un destino peor: la basura.

Pasaron los años, hasta que recientemente he recuperado “Aim for the feet”, y tras una primera re-escucha el problema se resuelve de forma sencilla, tan fácil como un disco lleno de buenos momentos, sin ninguna consecuencia, y repleto de canciones de estribillo fácil; para qué más, y más cuando se trata de temas endemoniadamente buenos que alimentan el alma. The Hitmen fueron un grupo más de la New Wave surgido en los 80, que tuvieron que luchar contra producciones planas, peinados imposibles y las promesas de convertirse en estrellas. Tuvieron una vida corta, e investigando por ahí, la sabiduría popular habla mejor de un segundo LP que de este.

Aún así, visto desde hoy, “Aim for the feet” quizás adolezca de las tendencias de la época en cuanto a ejecución y sonido. Pero una vez que te quitas los prejuicios de encima (¡Que bien te sientes!), y aceptas el disco tal como es, sale a flote un sólido trabajo de música Pop que golpea en las narices de los que alguna vez insinuamos que los 80 fueron nefastos para la música, y buscamos la vía fácil de la descalificación. Como rectificar es de sabios, nunca es tarde para reivindicar esta bendita colección de deliciosas canciones.

Pama Records

febrero 28, 2012

Retomando el post anterior de Kool & the Gang, el citado disco Spirit of the Boogie cerraba con Caribbean festival”, que como su título indica es una fiesta de música jamaicana llena de percusiones y ritmos calentitos. Como es sabido, de Jamaica procede el Ska, el Rocksteady y el Reggae, estilos bastante ajenos a este blog, pero que se alimentan de las raíces que más gustan por aquí. Se puede afirmar que la explosión de la música jamaicana, tal como la conocemos, se inició gracias al tremendo impacto que tuvo Fats Domino en Jamaica con temas como The Fat man y sobre todo “I’m gonna be a wheel, que en muchos aspectos anticipaba la música Reggae. Tampoco es de extrañar, dada la influencia de la cultura caribeña en la rica Nueva Orleans, y en la forma de asimilar un montón de multiculturales aspectos; no obstante Fats Domino sigue siendo más grande que la vida, y ahora más que nunca.

Paralelamente a mediados de los 60, tras un largo letargo, se despertó en Inglaterra una fiebre por el Rhythm and Blues y el Rock and Roll de profunda ascendencia negra, y pronto un grupo de chicos, en su mayoría de origen obrero, tomaron el Rhythm and Blues y Soul como banda sonora de sus vidas, aderezado con un variado surtido de coloridas anfetaminas y elegantes trajes hechos a medida. Nace el movimiento Mod como una explosión de arte Pop, pero salpimentado con la enérgica musical de los Who, Small Faces o Creation en su fase inicial, con el tiempo auténticos representantes del género.

Pasan los años, y a finales de los 60 la magia parece difuminarse, y la energía Mod da paso a la Psicodelia, y en cierto modo, a la pérdida del nervio inicial. Entonces es cuando los Mods se fijan en la música jamaicana de ritmos Ska y Rocksteady, que se incrementa por la creciente inmigración caribeña en Inglaterra. Por así decirlo, el movimiento Mod se refleja en los Rude Boys, importados desde Jamaica, que evolucionan hacia los Skinheads, con su estética a la contra Hippie, y nada que ver con la xenofobia ultraderechista con la que a veces se les relaciona. En los 70 el testigo lo recoge el movimiento Oi!, más acorde con los tiempos del Punk que reivindicaban su orgullo obrero; y por fin los 80 son años de excisión y decadencia, con el resurgir de grupos neonazis de estética muy parecida a la Skin, pero nada que ver en lo ideológico.

Volviendo a 1967, ante la creciente demanda de Rocksteady y música jamaicana en Inglaterra, unos despiertos hermanos Palmer fundan Pama records. Al principio publican singles de música Soul licenciada directamente por sellos de USA, y poco después se meten de lleno en los sonidos de Rocksteady y Bluebeat con la creación de otros sellos satélites. El catálogo de Pama se extiende hasta bien entrados los 70, y en sus referencias se aprecia la evolución que sigue la música Soul y Rhythm and Blues hasta llegar al Reggae, pero de una forma tan natural que en ocasiones cuesta diferenciar donde está el límite entre Soul, Rocksteady o Ska, demostrando que los distintos cajones de sastre de la música popular no difieren tanto entre sí.

En el año 2000 el excelente sello de Barcelona, WahWah records, publicó dos LP‘s que recopilaban algunos de los singles más reseñables de Pama durante el período 67-68. Una sobresaliente colección de canciones conducidas por la música negra salida del alma, con una fuerte vocación para el baile y la diversión. En sus surcos hay brochazos del mejor Soul parido en USA, desfilando ilustres olvidados como Bobby Petterson, Bettye LaVette (muy activa actualmente). No faltan bailongos instrumentales de órgano Hammond a cargo de The Mohawks, populares en Inglaterra por sus cuñas publicitarias, pero también capaces de producir un temazo tras otro. Pero lo que abundan en estos dos discos es el Rocksteady de origen jamaicano, con brillantes números que caldean el cuerpo, como es el caso de The Crown y su tremendo Jerking the dog, o clásicos sin discusión como la bonita Wet dream de Max Romeo, o Skinhead train del padre del Ska Laurel Aitken, por no hablar de un favorito personal como la inmensa “I’m an outcast de Roy Docker.

En definitiva, sin miedo a pillarme los dedos, las dos partes de Black is Soul (así se llaman los discos) son una garantía para cualquiera que disfrute del mejor Soul, en su acento menos melancólico y más bailable, y una inmejorable introducción en los sonidos jamaicanos, que francamente están más cerca de, por poner un ejemplo, Otis Redding o los Impressions que de Bob Marley.

“Jerking the dog”

Eddie and the Hot Rods

enero 27, 2012

Eddie and the Hot Rods supieron como pocos prender la mecha del Rock and Roll más certero, sin concesiones a complejas circunvoluciones sinfónicas, y azuzando el discurso del Soul y Rhythm and Blues norteamericano, mezclado con la energía Mod de padres adoptivos como The Who o Small Faces. Desde principios de los 70 en Inglaterra se coció a fuego lento una incorruptible escena iniciada por Brinsley Schwarz, que reivindicaba el Rock de raíces, con un espíritu comunal semejante a The Band, siempre a su aire y dando la espalda al presente musical de la época. Tan solo unos años más tarde los Dr. Feelgood ensancharon el surco, inyectando a la escena un eléctrico y sudoroso Rhythm and Blues que copó las listas de éxitos del país. Este hecho animó a un montón de chavales de todo el país a formar su propia banda, y pronto se creó en Inglaterra un circuito de Pubs que acogió a todos estos grupos de diverso pelaje, dando lugar a lo que se bautizó como Pub Rock, quizás uno de los movimientos musicales más honestos que hallan existido.

Una de las más notables bandas que surgieron estimulados por la movida iniciada por Brinsley Schwarz y Dr. Feelgood, fueron Eddie and The Hot Rods allá por 1975. Simplificando un poco el asunto, si los Brinsley sonaban más Country o Folk, o los Feelgood eran más del Rhythm and Blues, Eddie and The Hot Rods, sin obviar la influencia de sus padrinos, abrían una vía mucho más Punk que transitaba por el “garage” sixties y un musculoso Proto-Punk deudor de las hordas del “Detroit sound”. Los Hot Rods procedían de Southend, Essex (Inglaterra), y estaban formados en sus inicios por Barrie Masters (cantante), Dave Higgs (guitarrista y compositor de la mayoría de los temas), Paul Grey y Steve Nicol (bajista y batería respectivamente). Su ascenso fue rápido, y durante la primera época el grupo alcanzaron cierta notoriedad. En 1976 lanzaron un EP de cuatro canciones con versiones de ? and the Mysterians, Them, Stones y Bob Seger, grabado en directo en el mítico Marquee londinense, que incluso logró ascender a las listas de éxito, pero lo mejor estaba por llegar.

Ese mismo año de 1976, Eddie and the Hot Rods publican un fulminante primer LP, “Teenage depression”, que sintetiza a la perfección el arte escapista del Rock and Roll que implica energía, inconformismo, juventud, diversión, descontrol y volumen. Una auténtica patada en el culo al aburrimiento y a la desfachatez de un mundo adulto y cínico, bienpensante e hipócrita. “Teenage depression” es una fiesta continua regada por borrachuzos proyectiles que se alojan en la cabeza y provocan una agradable resaca de Rhythm and Blues; Suena su rendición del “Show me” de Joe Tex y uno se da cuenta de donde vienen los primeros Enemigos; casi tan buena es una ultra acelerada versión del “Shake” de Sam Cooke, a su bola pero respetuosa. “All i need is money” es un Rockabilly cazurro y cabezón, descarado y directo al hígado. “Get across to you” comienza feroz, con una entrada de batería que corta la respiración. “Horseplay” acelera el pulso con castigadores riffs a lo Bo Diddley, e incluso sus incursiones más Pop funcionan de maravilla: “Been so long” o “Why can’t it be?” son perfectas, el gancho de su estribillo logra extraer jugos con sabor a contagioso Pop clásico. El disco cierra con la extensa “On the run”, reminiscente de los MC5, llena de furiosos riffs de rabia adolescente. Pero si algún tema merece el calificativo de himno, es “Teenage depression”, pegadizo pelotazo de confusión adolescente alimentado de la energía del Rock and Roll más básico, con los amplificadores achicharrando neuronas, y el tocadiscos sudando electricidad. Mención aparte merece la impactante portada del disco, una foto real de un adolescente que sujeta una pistola apuntando directamente a su cabeza antes de apretar el gatillo.

“Teenage depression” tuvo buena acogida de público; además en 1977 el Punk estaba firmemente asentado en Inglaterra, y Eddie and the Hot Rods en cierta manera fueron profetas gracias a su energía y desenfadada actitud; Pero al mismo tiempo estaban en tierra de nadie, eran demasiado punkies para los pub-rockers, demasiado rockeros para los punkies, y tampoco se ajustaban al corsé de la emergente New Wave de Graham Parker o Elvis Costello, con un sonido más refinado. A pesar de todo los Hot Rods continúan su imparable camino.

Con la ayuda de Graeme Douglas, guitarrista de los Kursaal Flyers (otros ilustres pub-rockers), graban un segundo LP, “Life on the line”, para muchos su mejor disco. En general “Life on the line” pierde un poco de la inmediatez de “Teenage depression”, pero gana en madurez con unos temas más pulidos. En esta ocasión explotan su lado más pop, pero sin abandonar la energía del primer disco, incluso superándola gracias al aporte de las guitarras de Graeme Douglas. “Do anything you wanna do” y “Quit this town” abren el disco como un torbellino, dos perlas incuestionables de explosivo Power-Pop con categoría de himno que escalan las listas de éxito. Tampoco faltan el Rock and Roll marca de la casa (“Telephone girl”, “Ignore them”), ni profecías del negro futuro de la banda, como una tremenda “Beginning of the end”, cortante y definitiva como la soga al cuello de la portada. En definitiva, Eddie and the Hot Rods logran un disco sobresaliente, digno hijo de su época, y de nuevo con buena acogida de público y crítica.

El tiempo se escapa, y en 1979 el Punk ya es un movimiento inofensivo y perfectamente masticado por la industria, y lo peor de todo, vive en un estado terminal y cada vez más desfasado. De nuevo el sistema ha ganado, y la subversión inicial del Punk se evapora, formando parte de la historia como algo anecdótico. Este hecho afecta a los Hot Rods, a pesar de no ser estrictamente Punks, y su contrato con Island records lo finiquitan con “Thriller”, otro estimable trabajo en la línea de su anterior (“Life on the line”), pero que pasa completamente desapercibido a pesar de contener himnos de vibrante Power-Pop (“The power & glory”), estribillos con gancho (“Echoes”), y canciones simplemente maravillosas (“Circles”) a la altura de sus mejores momentos; y por supuesto tampoco faltan sus pistonudos guitarrazos de Rock and Roll clásico (“Out to lunch”, “Living dangerously”), ni toques de festivo Soul (“Breathless”). Al final las escasas ventas de “Thriller” dejaron a los Hot Rods en la puñetera calle a pesar de no bajar su nivel de calidad.

En 1980 Eddie and the Hot Rods están tocados por la mala suerte, su destino está escrito, y parecen ser transparentes para el público (cuanto daño hacen las modas). A pesar de todo les ficha EMI y graban un último disco antes de su separación definitiva. “Fish & Chips” comparado con sus trabajos anteriores es una anécdota, principalmente por un raquítico sonido sin alma, que no hace justicia al grupo. Lo más gracioso es que el disco lo produjo Al Kooper, que entre otras cosas grabó con Dylan, Hendrix, Rolling en el pasado, y produjo los memorables tres primeros LP’s de Lynyrd Skynyrd, pero en el caso de “Fish & Chips” destroza las canciones, a pesar de tener cosas tan estimables como “Wide eyed kids” o “Farther on down the road” de Taj Mahal.

A partir de aquí el resto es historia. Algunos miembros de los Hot Rods se fueron con los fantásticos The Imnates, otros con The Damned, y el resto como todo el mundo, a sobrevivir toca. Durante los 90 el grupo se juntó y separó, y en la actualidad siguen tocando con su cantante Barrie Masters como único miembro original, pero eso ya es otra historia muy alejada de sus comienzos, cuando su música era enérgica y transmitía diversión e inconformismo, y sobre todo grabaron unos cuantos LPs que gozan de una digna madurez en la actualidad.

“Horseplay”, con el pendenciero Lew Lewis a la armónica


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