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Anvil!, The Story of Anvil

septiembre 12, 2010

Anvil es un documental del año 2008 que trata sobre una banda de Heavy Metal real surgida en los últimos 70, que al contrario que otros compañeros de generación (Anthrax, Metallica o Megadeath), nunca consiguieron el ansiado éxito multitudinario. Tuvieron su momento, pero por extrañas circunstancias el tiempo pasó, y el olvido les absorbió como un mortífero huracán.

Lips y Robbo, cantante-guitarrista y batería respectivamente, son la fuerza motriz de Anvil, y con más de 50 años mantienen la ilusión intacta. Ya no tienen 20 años, pero nada les detiene para seguir intentándolo. A pesar de que en su Canadá natal tienen su vida, sus familias y sus trabajos de mierda, todavía persisten en hacerlo ellos mismos, tocar en pequeños baretos, seguir grabando discos y moverlos por la paupérrima industria discográfica.

Cada secuencia del documental es un paso más hacia el fango, todo parece ir mal. Contactan con una vieja fan que les organiza una gira por Europa, y no puede ir peor: no les pagan, las salas no publicitan sus conciertos, y todo viene de nuevo a recordarles que los buenos tiempos han pasado. Nada de esto les desanima, y siempre con la vista puesta en el presente, deciden grabar su disco número 13 con el mejor productor del género, aunque tengan que pedir prestado a la familia e incluso hipotecar sus viviendas. Consiguen su objetivo y graban el flamante nuevo disco, pero de nuevo las discográficas les vuelve la espalda y nada quieren saber de ellos.

Anvil hace que en seguida empatices con sus protagonistas. Cada uno es como el día y la noche, uno más visceral y el otro más sereno, sus escasos enfrentamientos rápido los olvidan para volver a ser los colegas de siempre, aquellos que desde los 14 años flipaban con Black Sabbath, Motörhead, Kiss o Grand Funk. Son como niños grandes que ni tan siquiera el desgaste del tiempo acabará con sus sueños de Rock and Roll. El documental hace que el espectador se meta en la piel de sus protagonistas. Al final un promotor les consigue una actuación en Japón, donde siempre son bienvenidos, y el grupo fiel a la máxima “todo lo malo puede ocurrir”, teme tocar ante una reducida audiencia en un reciento enorme, y el espectador desea de verdad el bien del grupo, que consigan el éxito, y que sus sueños se hagan realidad. Anvil es la historia de un grupo más de Heavy Metal, pero realmente es la historia de cada uno de nosotros. Imprescindible.

Dr. Feelgood, "Going Back Home"

marzo 29, 2010

Dr. Feelgood siempre ocuparán un lugar importante dentro de este blog, por sus influencias de Rhythm and Blues tan fieles a los originales, pero también con un toque personal. Revivían el fantasma de Muddy Waters o Coasters con auténtica maestría, se marcaban sesiones de espiritismo “rock and rollero” invocando a Chuck Berry y Bo Diddley, pero siempre con esa actitud gamberra, chulesca y sin concesiones. Pero ante todo era unos currantes, que al igual que sus modelos del Blues, desde que empezaron en 1971 no pararon de tocar ni de hacer giras por todo el mundo, ya sea en grandes recintos o pequeños Pubs. Incluso después de muerto Lee Brillaux la banda siguió funcionando hasta ahora, aunque sin ningún miembro original.

Dr. Feelgood nacieron en 1971 en Convey Island (Essex, Inglaterra) y tomaron su nombre de una vieja canción de 1962 del bluesman blanco Piano Red y su grupo Dr. Feelgood and the Interns. A lo largo de su carrera han grabado varios discos, algunos de ellos imprescindibles, y aunque en 1994 un cáncer segó la vida del cantante y alma del grupo Lee Brillaux, como se ha dicho antes, siguen tocando en la actualidad. De todas las numerosas formaciones por las que han pasado los Feelgood, sin duda la mejor fue la original, la formada por Lee Brillaux (cantante y harmonicista poseído por Sony Boy Williamson), Wilko Johnson (guitarrista hecho de nervios de Bo Diddley), The Big Figure (recio batería siempre al compás) y John B Sparks (bajista con pinta de estibador). Con esta formación grabaron tres legendarios LP’s de estudio (“Down by Jetty”, “Malpractice” y “Sneakin’ Suspicion”), pero donde realmente estaba su fuerza era en los conciertos, como bien se puede apreciar en su sudoroso directo de 1975, “Stupidity”.

Hablando de directos, en el 2005 se editó un DVD de un show de la misma época que “Stupidity”, en 1975, cuando la banda estaba en su mejor momento artístico y comercial, éxito que ni ellos mismos imaginaban, pero que a base de incandescentes conciertos se ganaron a pulso, en una época en que la juventud estaba cansada de grupos “sobre producidos” y querían más de acción en forma de primitivo Rhythm and Blues.

El DVD mencionado se llama “Going Back Home”, como uno de los temas de su segundo álbum “Malpractice”, y simplemente se trata de un extracto de una de sus apabullantes actuaciones, posiblemente ni mejor ni peor que cualquiera de sus conciertos en esa época, un concierto más, un triunfo más, o quizás un rito iniciático más para algún chaval que después formaría parte del movimiento Punk. El vídeo dura apenas media hora, pero es un escalofriante testimonio de lo que debe ser un concierto de Rock and Roll, una punzada de credibilidad a cargo de unos chavales de ascendencia obrera, dispuestos a comerse el mundo y sacar todo el jugo a la vida, utilizando para ello como vehículo el Blues y su hijo ilegítimo el Rock and Roll.

Resulta impresionante ver a Lee Brillaux, con sus rápidos movimientos de brazo, firmes y seguros, empapado en sudor con su sucio traje blanco, su armónica y esa imagen de currante del Rhythm and Blues, pero con más clase que todos los “Armanis” juntos, sin hacer concesiones a nada ni a nadie, simplemente es Lee Brillaux, toca Blues y se siente orgulloso. A su derecha está Wilko Johnson, tremendo guitarrista de estilo rítmico, que viéndole en faena cualquiera diría que es sencillo lo que hace, pero detrás de esa supuesta simplicidad hay un sonido único, nervioso y anfetamínico, escupido por una maltratada guitarra Telecaster que es atacada sin piedad, casi siempre a pelo y sin púa, mientras Wilko Johnson se mueve de un lado a otro, brinca y mira al público con desorbitados ojos de loco asesino.

El repertorio está repartido entre poderosas versiones de Coasters, con un “I’m a Hog for you baby” especialmente punzante, o “I can tell” de Bo Diddley destinado a subir el ritmo cardíaco; pero el material propio, compuesto por Wilko Johnson, tampoco desmerece. Circulan clásicos inmortales como “Going back home”, “All through the city”, o su hit por excelencia “Roxette”, que empalman con el frenético Rock and Roll “Shouldn’t call the doctor” cantada a medias con The Big Figure (el batería), o esa declaración de vitales principios crápulas que es “Back in the night” con la inolvidable guitarra “Slide” que toca Lee Brillaux mientras Wilko Johnson reparte Riffs a diestro y siniestro.

Por si fuera poco, dicho DVD incluye un audio CD con el concierto completo más otras “golosinas” extras, en total 23 temas producidos para más “inri” por Vic Maile, productor y uno de los padres adoptivos del glorioso movimiento Pub-Rock. Por último, si estáis interesados en esta pequeña joya, en un gran centro comercial, de cuyo nombre no me quiero acordar, aún está disponible por el precio de un par de tercios de cerveza.

“Going back home”, una muestra del poderío de los Feelgood

The Ramones, "End of the Century"

noviembre 3, 2008

Los Ramones siempre han ocupado un lugar importante en mi corazón, e imagino que en el de cualquiera que le guste minimamente el Rock and Roll. Los Ramones me traen a la cabeza muy buenos recuerdos, desde que en tiempos del instituto un amigo me prestó su copia de “too tough to die” que escuchaba de continuo, han pasado muchos años. Después llegaron los gloriosos primeros discos del grupo: “Ramones”, “Leave Home”, “Rocket to Russia”… y en definitiva, mientras iba escuchando nuevas bandas, siempre quedaba un hueco para Ramones y su atemporal visión de la música; y después de tanto tiempo me sigo aplicando una buena dosis de Ramones cada poco tiempo. No podía ser de otra manera porque Ramones, bajo la coraza de acelerado grupo de Punk-Rock se esconde una banda de Pop Clásico, para mí a la altura de los nombres más grandes, desde Stooges hasta Seeds, desde los Stones a los Beach Boys, pasando por los grupos de chicas de la factoría Spector. Sin lugar a dudas para mí los Ramones representan la quintaesencia, de la música Punk y del Rock and Roll más inocente, una música más pasional que técnica, pero sobre todo centrada en la canción. Después de tanto tiempo temas como “Swallow my pride”, “Sheena is a punk rocker”, “I wanna be your boyfriend”, “Happy family” y decenas de golosinas más, siguen rebotando en mi cabeza.

Bien es sabido que el nuevo milenio fue nefasto para los Ramones: Joey nos dejó para siempre en el 2001, Dee Dee en el 2002 y por último Johnny en el 2004. Pero entre medias, en el 2003 se editó una película titulada “End of the century” que trata con extraordinaria lucidez y profundidad la vida y trayectoria de los Ramones. Simplemente para mí uno de los mejores documentales que se ha hecho sobre un grupo de Rock and Roll.

“End of the Century” trata desde los inicios la historia de la banda, un grupo de “outsiders” que de no haber sido por el Rock and Roll, en poco tiempo hubieran sido carne de cañón de psiquiátrico, cárcel e incluso de cementerio. A pesar de que Joey padecía un trastorno obsesivo-compulsivo, Johnny era punto menos que un delincuente juvenil, y Dee Dee sufría un trastorno bipolar y una temprana adicción a la heroína, estas conflictivas personalidades confluyeron gracias a la música: New York Dolls, Stooges, MC5, la música “Garage” y el Pop clásico de los 60 eran sus preferidos.

En el documental se puede ver los primeros tiempos de los Ramones, cuando tocaban para cuatro gatos en el ahora mítico CBGB, y pronto captaron la atención de los círculos más “in”, que los consideraban como una muestra de arte minimalista y “naif”, e incluso muchos no se podían creer que lo que veían fuera de verdad, por la imagen del grupo, su actitud, y sobre todo por ese sonido sencillo y rompedor.

“End of the century” es un retrato agridulce de una de las bandas más influyentes de la música popular desde los años 70. Por un lado, con el advenimiento del punk en Reino Unido, los Ramones, en parte, fueron la mecha que prendieron el movimiento y para muchos grupos la motivación para montar una banda. Su llegada a Inglaterra en 1977 fue espectacular: venta de todas las entradas durante varias noches seguidas, fueron tratados como estrellas, y en definitiva, el futuro para Los Ramones se veía de lo más prometedor. Este hecho contrastaba con la vuelta a América donde estaban abocados a tocar en locales de mediano aforo ante un público mucho más reducido.

Intentaron el éxito con insistencia. A parte de ser unos currantes natos del Rock and Roll a base de continuas giras, los discos que publicaron en los 70 son auténticas obras maestras de urgencia POP. Incluso Seymour Stein (presidente de Sire records) apostó muy fuerte por ellos promocionando “éxitos seguros” como “Sheena is a punk rocker”, pero desgraciadamente en 1978 el movimiento punk estaba en estado terminal y muy mal visto por las radio fórmulas y los medios de comunicación en general, hecho que afectó también a los Ramones y a su desarrollo comercial.

A partir de aquí, desde el 79, una vez conscientes de que jamás lograrían el merecido éxito y reconocimiento, los Ramones lo único que podían pretender es seguir haciéndolo lo mejor posible a base de estupendos discos y anfetamínicos conciertos. Los años 80, según cuentan en “End of the century” fueron duros. A pesar de su enorme influencia, su Punk-Pop pegadizo no estaba en sintonía con los sintetizadores y los pelos cardados en boga en aquella época, y a partir de “too tough to die” endurecieron considerablemente su sonido. Aún así, aunque unos discos son mejores que otros, para mí todos son trabajos que mantienen un gran nivel de calidad.

Como se suele decir, después de la tempestad viene la calma, y los año 90 fueron mejores. Toda esa nueva generación de grupos de estilo “Grunge” y “Punk” tomaban a Ramones como su base y punto de partida musical, y en países como Brasil (y también España) eran considerados auténticos ídolos de masas juveniles, por unos chavales que vivían en las calles sin expectativas de futuro, que no sabían si vivirían o no para contarlo al día siguiente. En ese contexto las canciones de los Ramones ejercían como válvula de escape para salir de la cruda realidad, y un espejo donde mirarse.

A pesar de generarse un nuevo interés por los Ramones, ya eran demasiados años de convivencia y fricciones, y más teniendo en cuenta que entre ellos casi ni se hablan. El primero en desertar en 1989 fue el entrañable Dee Dee, bajista y autor junto con Joey de buena parte de los himnos del grupo. Finalmente en 1995, tras la publicación del último disco “¡Adios Amigos!” los Ramones ponen fin a una gloriosa carrera plagada de momentos inolvidables, convirtiéndose en un grupo que para cualquiera que ame el Rock and Roll se antoja imprescindible, porque los Ramones como pioneros fueron la auténtica esencia de esta música.


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